Introducción
En 2019 la Universidad de Puerto Rico (UPR) y el National Park Service (NPS, Estados Unidos), en colaboración con la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía “Manuel del Castillo Negrete” (ENCRyM), unieron esfuerzos para elaborar una propuesta de conservación para el Faro de El Morro en el Castillo de San Felipe, en Viejo San Juan, Puerto Rico. Ésta se desarrolló a lo largo de dos semanas, como parte de las prácticas profesionales de la Maestría en Restauración y Conservación de Bienes Culturales Inmuebles de la ENCRyM. Los propósitos de esa actividad se centraron en elaborar un informe que caracterizara, diagnosticara y prospectara el inmueble para integrarlo a la documentación del Castillo.
El Faro es una pieza característica del paisaje costero, que refiere al uso y evolución del sistema de fortificaciones históricas en el Caribe. Destaca como elemento visual disruptor, lo que despierta la curiosidad de los y las visitantes. La importancia de este trabajo no se limitó sólo a documentar su origen e historicidad, sino también a evaluar su estabilidad estructural, garantizando la seguridad de los rangers1 y de quienes recorren el área, dados los fenómenos climáticos y sísmicos a los que está expuesto.
El proyecto se apegó a una metodología integral de conservación y restauración de bienes patrimoniales, basada en documentos normativos de organismos internacionales, como el Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (ICOMOS), la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) y el Centro Internacional de Estudios para la Conservación y la Restauración de los Bienes Culturales (ICCROM).2 El plan de trabajo abordó aspectos de gestión, teoría, ciencia, tecnología, investigación documental y de antecedentes históricos y socioculturales del inmueble. Además de que se incluyó un análisis detallado de las características morfológicas y tipológicas del Faro, así como el sistema constructivo en sus etapas históricas, los tipos de materiales utilizados, los daños observados y las intervenciones previas.3
Tomando en consideración tanto estas últimas como las diferentes etapas constructivas, con la información documental se diferenciaron los deterioros innatos al inmueble, propios de sus fábricas, de aquellos resultantes de su emplazamiento en un entorno costero, altamente sísmico, y de su uso y mantenimiento. El informe final concluyó con recomendaciones de conservación así como con acciones de restauración y mantenimiento a corto, mediano y largo plazos. Adicionalmente, se sugirió hacer estudios adicionales,4 para mejor comprensión de los agentes de deterioro y para caracterizar más minuciosamente los materiales originales. A continuación, se presenta el proceso de trabajo que conllevó el diagnóstico para realizar la intervención de dicha estructura.
Conversaciones con el faro y su entorno
Su caracterización y diagnóstico
El Morro de San Juan es una fortificación histórica al norte de Puerto Rico, que forma parte del sistema de defensa de la bahía de Viejo San Juan, junto con el Fuerte de San Cristóbal y sus murallas, cuya erección inició en 1766. Este sitio fue inscrito en 1983 en la Lista del Patrimonio Mundial (LPM) de la UNESCO como parte de la Fortaleza de San Juan, Sitio Histórico Nacional en Puerto Rico. Dicha mención fue fundamentada según el criterio VI,5 por su arquitectura militar novohispana en América y su papel en la defensa de San Juan entre los siglos XVI y XX (Centro del Patrimonio Mundial, 2024). Actualmente sólo se conservan los elementos más cercanos a la costa, incluidos la muralla norte, los dos fuertes, la casa y la puerta del gobernador (Figura 1). Además, en el baluarte noreste del Fuerte se ubica, en un morro al este de la bahía, un faro.
Caracterización
Antecedentes históricos
La historia del Faro de El Morro de San Juan se caracteriza por varias etapas constructivas e intervenciones. En 1846 se construyó, según los Archivos Centrales de los registros de recursos del sitio patrimonial resguardados por el National Park Service (NPS), y se lo considera el primero en Puerto Rico. Creado con antelación a la implementación del plan de alumbrado marítimo propuesto en 1869, que buscaba instalar 15 faros alrededor de la isla para proteger los puertos y rutas comerciales estratégicas entre Europa y América, su huella aún se aprecia en el baluarte suroeste del Fuerte. El segundo (Figura 2), de 1876, también tenía planta octogonal y una base de mampostería de ladrillo recocido, con una torre metálica de 174 pies de altura (National Park Service, 1978-88).

(Fotografía: Feliciano Alonso, 1985; fuente: https://www.geoisla.com/2017/03/antiguo-faro-del-castillo-san-felipe-del-morro-circa-1898/)
Figura 2 Fotografía del Faro en 1895.
Como lo narran los registros de gastos del NPS (1999, pp. 98-165), en 1900, once años después del cambio de control de Puerto Rico de España a los Estados Unidos, se le añadió un segundo nivel. Originalmente, no se previó que tuviera una vivienda para el farero, ya que se esperaba que éste residiera en la ciudad de San Juan y se trasladara al Faro, según fuera necesario. En el inmueble, dañado durante la invasión estadunidense en la guerra hispanoamericana, se planteó inicialmente la reconstrucción o reparación de la torre metálica. Sin embargo, debido a problemas administrativos y a la pérdida de elementos por rescatar, se optó por construir una tercera torre luminosa. La cuarta y última etapa corresponde a 1908, cuando el segundo nivel se reedificó, debido a su mala calidad y deterioro temprano.
En el último cuarto del siglo XX surgió una preocupación por el estado de conservación de este bien patrimonial. A pesar de haber sido reportado como un inmueble conservado y con mantenimiento constante, se observa que las intervenciones se realizaron en respuesta a deterioros puntuales, en lugar de seguir una estrategia de conservación preventiva. En 1991 se retomó una propuesta de restauración que marcó la última intervención significativa en el Faro, aunque se destacan desafíos en la gestión del patrimonio histórico y su conservación a lo largo de su historia (National Park Service, 1991, pp. 1-10).
Contexto geográfico y medio ambiente
El contexto geofísico de Puerto Rico se originó con la colisión de dos placas tectónicas, la de Norteamérica y el Caribe; eso dio lugar a la formación tanto de las Antillas como de la Fosa de Puerto Rico, el punto más profundo del Atlántico. Con el Viejo San Juan -donde la geología comprende rellenos artificiales, depósitos de playa, con suelos cerca de acuíferos y aluviones-, la topografía es diversa (Figura 3), en una zona costera plana a nivel del mar, pero el Castillo de San Felipe de El Morro se alza en un mogote estratégico, que fue utilizado para la construcción de un fuerte de vigilancia y la ubicación del Faro (Quiñones y Torres, 2005, p. 4).

(Fuente: Mapa interactivo disponible en https://es-es.topographic-map.com/map-vw2551/San-Juan/?center=18.46494%2C-66.10527&zoom=15)
Figura 3 Mapa de la diversidad topográfica de Viejo San Juan en Puerto Rico.
En lo que toca al clima, Puerto Rico es cálido y húmedo debido a su ubicación en el Caribe, con una temperatura máxima que fluctúa entre los 26 y los 32 °C, con una humedad relativa mayor a 70% todo el año. Las temperaturas varían moderadamente a lo largo del año, con los meses más cálidos (agosto y septiembre) a 32 °C, y el más frío (enero) a 26 °C. La humedad relativa es generalmente alta, con un pico en octubre (76.9%). San Juan experimenta una alta exposición solar, con un promedio de 13.2 horas de luz diurna en junio. Las precipitaciones son más altas en agosto, y más bajas, en marzo. Los vientos predominantes provienen de los alisios del noreste y sureste, con una temporada ventosa entre junio y agosto, y la región es vulnerable a huracanes entre junio y noviembre (Quiñones y Torres, 2005). En cuanto a la flora y la fauna, la zona costera alberga plantas asociadas a manglares, y la microflora puede estar presente debido a las condiciones climáticas.
Análisis y descripción formal
Tipología y morfología
El Faro de El Morro de San Juan ejemplifica la evolución de la tecnología de faros durante los siglos XVIII y XIX. En el siglo XVIII, esos sistemas luminosos dependían de mecanismos simples, como pesas, resortes, lentes y lámparas con sistemas de eclipses (Figura 4).

Figura 4 Dibujo proyectado en el siglo XIX para el diseño del Faro español que sería construido en la Isla Manguín, Filipinas. En el croquis se observa el uso del sistema de eclipses con cristales Fresnel.
En el siglo XIX España estableció una Comisión de Faros para modernizar esos sistemas, la cual incorporó materiales constructivos utilizados en otros países. En ese proceso, el bien experimentó un cambio significativo en su estructura; pasando de un fuste originalmente troncocónico de mampostería, a un fuste y torreón cilíndricos de metal, elaborado por Estados Unidos para sostener la luminaria. A lo largo de su historia se utilizaron diversos combustibles para su funcionamiento, desde hidrógeno carburado hasta lámparas incandescentes, gas xenón, mercurio o halógeno, con su electrificación en 1915. La armadura interna de la linterna está hecha de hierro, mientras que todas las partes exteriores y los marcos son de bronce y la cúpula, de placas de cobre. El recubrimiento, por su parte, es de vidrio y las torres luminosas de las primeras tres clases tienen un pararrayos con puntas de platino.
En términos de morfología, el Faro de El Morro del Viejo San Juan presenta elementos ornamentales que reflejan la influencia del neoclasicismo y la reminiscencia del neomudéjar. La simetría en la fachada del segundo cuerpo, incluidas ventanas y persianas, junto al uso de cornisas que enmarcan el inmueble y sus vanos, establecen un lenguaje arquitectónico distintivo de estos estilos. Pueden observarse también guardamalletas, acentos en las ventanas con arcos de medio punto o rebajados en la decoración con cornisas, que se repiten en las fachadas interiores. La utilización de merlones con perfil rectangular en el remate del inmueble simboliza su función de protección. Las garitas de concreto añadidas posteriormente ponen énfasis en el carácter militar del bien edificado. La planta baja muestra influencias de la etapa española inicial, por el espesor de sus muros y la calidad del ladrillo, mientras que la linterna, construida con hierro colado y cristal, se relaciona con la revolución industrial (Figura 5).
Sistemas y materiales constructivos: muros, entrepisos, cubiertas, metales, carpinterías e instalaciones
A lo largo de su historia, el Faro de El Morro en el Castillo de San Felipe presenta una estructura con gran variedad de materiales y técnicas constructivas, según las fuentes consultadas en archivos centrales, entre ellas, un reporte de información general de las linternas del faro y una memoria de restauración del inmueble del año 1978. El basamento, asentado sobre bóvedas de crucería en la batería superior del castillo, tiene un volumen de 79 m³, y los pisos en la planta baja están conformados por firmes de cemento hidráulico con losas de canarias. Al interior, la escalera, que conecta la planta baja con el primer nivel, corresponde a una adición de la cuarta etapa, elaborada con concreto armado y acabado de cemento hidráulico, los muros del inmueble se encuentran aparentemente recubiertos de pintura vinílica gris. Sin embargo, la observación in situ, respaldada por la información documental del NPS, muestra que en las etapas del inmueble existen variaciones de los materiales constructivos. La planta baja de base octogonal, correspondiente a la más antigua, se compone de mampostería a base de ladrillos de barro rojo recocidos, de manufactura española, cuyas dimensiones son mayores y se encuentran asentados en mortero de cal y arena. Por otro lado, el primer nivel, de base cuadrangular, correspondiente a la cuarta etapa, utilizó ladrillos industrializados americanos asentados con mortero de cemento y arena. Las instalaciones incluyen sistemas hidráulicos con tuberías de plomo, sistemas eléctricos con tubos conduit galvanizados, y la iluminación LED es alimentada por un panel solar instalado en la azotea del inmueble.
Análisis morfológico de funcionalidad y contexto
En el análisis formal se destaca la integridad y autenticidad de la forma del Faro, que refleja la transición histórica de Puerto Rico bajo dominio español a Estado Asociado. Algunos elementos originales, como los cristales de la linterna y el mecanismo de iluminación, han sido reemplazados por versiones más modernas. El estado de conservación actual permite que ésta siga en funcionamiento, puesto que no está en riesgo de colapso. Sin embargo, los deterioros estructurales y en acabados han provocado que se clausuren las visitas al interior, por seguridad.
El inmueble ha perdido elementos del sistema original; no obstante, gran parte de la infraestructura eléctrica original aún se conserva in situ. Se considera importante que éste siga cumpliendo su función como parte del sistema de señalamiento marino, ya que da continuidad al valor histórico del edificio y del fuerte. Por el contrario, el análisis contextual acentúa la ubicación del bien patrimonial sobre una fortaleza del siglo XVI, lo que dificulta una evaluación adecuada de su cimentación, debido al constante flujo de visitantes. Los deterioros físicos del edificio son consistentes con la calidad de los materiales, lo cual es evidente en los diferentes grados de deterioro en cada una de las etapas. Un ejemplo de esto, que ya hemos mencionado, es el ladrillo de barro rojo recocido español fabricado en el siglo XIX, que tiene dimensiones aproximadas de 28 x 21 x 7 cm6 y de composición densa, mientras que el ladrillo de barro rojo de fábrica estadunidense tiende a ser más ligero, poroso, menos denso y de dimensiones pequeñas (2 x 4 x 8”). Al comparar ambos ladrillos, hoy expuestos dada la falta de aplanados,7 el ladrillo estadunidense presenta una mayor erosión y eflorescencias que el español.8
Asimismo, el ambiente marino, que puede ser muy agresivo, aumenta la erosión por fricción de las mamposterías así como la corrosión en elementos metálicos y la aparición de eflorescencias en pisos y muros, dado el entorno húmedo y salino. Adicionalmente, la precipitación constante y las temperaturas extremas influyen ampliamente en el deterioro del edificio y la integridad estructural de sus materiales.
Diagnóstico
Metodología
En este proyecto se utilizaron las siguientes metodologías: el método OVO (Organized Visual Observation) de Pedelì (2014), la pauta indicada en The Conservation Plan de Kerr (1985), la normativa de la Carta de Burra de ICOMOS (1999), la de Identificación de sistema de valores y atributos de Ciro Caraballo (2011) y la matriz propuesta por el arquitecto Rubén Rocha (2018) para analizar los componentes arquitectónicos y estructurales del inmueble, y el método de De Angelis (1982) y Carbonara (1990) para el levantamiento tanto arquitectónico como de deterioros. La metodología integral se resume de la siguiente manera:
1) reconocimiento del sitio, aproximación al objeto de estudio y su contexto, levantamiento fotográfico y de croquis;
2) trabajo de archivo, generación de banco de actores y entrevistas;
3) levantamiento arquitectónico;
4) levantamiento de deterioros;9
5) análisis de información;
6) determinación de valores y atributos, sistema de valores;
7) discusión teórica con base a la propuesta de proyecto de intervención y
8) reflexiones.
Análisis de deterioros
En el Faro destacan los deterioros relacionados principalmente con la falta de mantenimiento, observables en los acabados del inmueble, tanto en interiores como en exteriores. Éstos han sido ocasionados por filtraciones de agua en la cubierta y problemas estructurales, debidos a la geometría del edificio, que ha derivado en grietas y fisuras de los elementos en cantiléver. A lo anterior se suman factores del medioambiente costero, que promueven la corrosión en elementos metálicos, la aparición de eflorescencias en muros y también en éstos, el desgaste de los elementos de mampostería. Además, mediante la observación in situ se identificó que los materiales usados en diferentes etapas reaccionan de manera diferente a su entorno, determinando que (Figuras 6 y 7):

(Elaboración: Sarahí Soriano y Rodrigo Sáinz, 2019).
Figura 6 Faro de El Morro San Felipe, esquema (elevación Este) del levantamiento de deterioros
Figura 7 Tabla de caracterización de deterioros del Faro de El Morro..
Fotografía | Descripción | Localización |
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Exfoliación de elementos de hierro por humedad | Elementos metálicos correspondientes a la linterna en la azotea, principalmente en aquellos integrados durante la intervención de 1991. De igual manera se observa en luminarias al interior y en la escalera que conecta con la linterna |
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Manchas y escurrimientos en muros y pisos de los elementos de óxido de hierro | En muros del desplante de la linterna y el segundo nivel, donde se apoyan los elementos metálicos estructurales del entrepiso. Especialmente en el desnivel entre el cuarto principal del segundo nivel y el pasillo |
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Suciedad y basura acumulda por la falta de ocupación del Faro, su uso como bodega y falta de mantenimiento | En todos los espacios interiores del faro, aparte de basura, se observa gran cantidad polvo, también óxido en pisos por las filtraciones y pedazos de aplanado y hierro que caen de las cubiertas |
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Pérdida de pintura y material deleznable por la acumulación de humedad y formación de sales. La pintura impermeable, al tener un punto de acceso a la mampostería, como efecto, se abomba | En muros interiores y exteriores sin una altura específica, presentes en los tres niveles |
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Grietas y fisuras en muros por asentamientos del edificio, problemas de geometría, material inadecuado y el aumento de los elementos estructurales metálicos | En la parte inferior y superior de vanos así como en los elementos volados con las de mayor dimensión, correspondiendo al volado de la escalera |
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Grietas y fisuras en cornisas causadas por el asentamiento del edificio y geometría deficiente | Primordialmente, en el centro de vanos y en los elementos volados del segundo nivel con las de mayor tamaño (las de la escalera) |
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Pérdida de pintura en muros por la humedad y acumulación de sales, que ha causado el proceso de cristalización de éstas, además de la humedad y erosión constantes de la acción del viento | En todas las fachadas del edificio, la más afectada es la suroeste, correspondiendo con el deterioro del primer faro |
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Pérdida de material en mamposterías a causa de la cristalización de sales y la erosión del viento sobre los muros construidos durante el siglo XX | Exclusivamente en secciones correspondientes a la etapa de principios del siglo XX (planta alta y parte inferior de la escalera y pasillo de acceso) |
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Eflorescencia de sales en muros interiores y exteriores por la humedad y salinidad ambiental así como la colindancia de una estructura semicircular de concreto (Figura 6) | Principalmnte, en la parte baja de muros en interiores y exteriores. En la planta baja son más evidentes y de gran tamaño en exteriores, mientras que en la planta alta se observan más en interiores y de menor tamaño |
(Elaboración: Sarahí Soriano y Rodrigo Sáinz, 2019)
Cimentación
El Faro está construido en el nivel superior de batería del sureste del Castillo de San Felipe de El Morro. Al ser una adición posterior a la construcción del fuerte, se encuentra cimentado sobre lo que era una de las cámaras de almacenamiento (hoy, sala de exhibición), cuya cubierta es una bóveda de crucería de mampostería. Al interior de ese espacio se aprecian grietas que, si bien parecen producidas por el asentamiento natural del inmueble y los movimientos sísmicos característicos de la región, no parecen ser la causa de los deterioros del bien patrimonial. También se observó la presencia de humedad ascendente en muros y techos; de ahí que se planteara efectuar un estudio de radar no invasivo, para poder evaluar los daños causados por esa humedad sin afectar la fortificación y, a la postre, determinar si los cimientos tienen grietas o fisuras.10
Planta baja
La parte baja es la más antigua del inmueble, y, en comparación con otras áreas, muestra menos deterioros: no presenta grietas, deformaciones ni erosión en los elementos de mampostería; los muros de ladrillo están en buen estado, aunque se ven eflorescencias y abombamientos debido a la pintura acrílica utilizada. Los informes de gastos para el Fuerte y el Faro (National Park Service, 1991, pp. 160-165 ) mencionan que durante la intervención de 1907 el acceso era la parte más deteriorada, y se destaca la diferencia en el grosor de los muros entre las construcciones de 1876 y 1907. Igualmente, en el material documental se mencionan problemas en las viguetas y bovedillas del pasillo de acceso, que persisten actualmente.
Escaleras
Aunque su desplante inicia en la primera etapa del inmueble, la escalera actual corresponde a la intervención realizada ya durante la ocupación de los Estados Unidos. Luego, los deterioros en los muros de ladrillo son consistentes con los del resto de la segunda etapa, donde destaca una fisura que afecta la estructura. Dichos deterioros resultan previsibles por haberse edificado con los mismos materiales y generan grietas y fisuras, erosión en paños exteriores y eflorescencias. Al tratarse de una escalera monolítica de concreto armado, ésta se observa en buen estado con las secciones, constantes en los elementos, sin desplomes ni agrietamientos por expansión de los refuerzos metálicos visibles. Es necesario monitorear el elemento, pero por ahora no se considera prioritario realizar pruebas de resistencia en núcleos o revisar la acidificación del concreto, ante el riesgo de ocasionar una filtración de humedad que afecte el elemento.
Primer nivel
Se observa corrosión activa en los elementos metálicos11 debido a las filtraciones de agua pluvial y agua salina. Ésta está afectando las viguetas del sistema constructivo de la cubierta, así como la circulación vertical. Con esta filtración se acumula agua al interior cuando llueve, lo cual promueve en los muros la aparición de eflorescencias, abombamientos y microflora. Por las diferencias en los sistemas constructivos, estos deterioros se concentran a esta etapa y no están afectando el nivel inferior (planta baja).
Azotea
En la azotea, existen elementos de 1845, aunque presentan corrosión.12 Se destaca la existencia de agrietamientos de elementos metálicos, y la filtración de agua y humedad al interior del edificio.
Acabados
El exterior del Faro está pintado con látex acrílico gris y el interior con pintura acrílica blanca,13 como lo mencionan los informes de mantenimiento de 1991, prácticas que continúan hasta este día (NPS, 1991). Como resultado de esas intervenciones, aunadas al mal estado de la cubierta, el entorno costero y la filtración de humedad, tanto por las brisas marinas como por las precipitaciones, se observan eflorescencias de sales, abombamientos en la pintura y manchas de humedad en el interior y exterior del edificio. La falta de una capa adecuada para proteger la mampostería es un problema constante que afecta su conservación. La impermeabilidad de la pintura de látex acrílico ocasiona que la humedad se acumule, haciendo que el material base (mampostería) se vuelva deleznable, sobre todo en la segunda etapa constructiva.
Resultados
Actualmente el Faro está bajo la jurisdicción federal de los Estados Unidos, administrado por el National Park Service. Esa agencia es responsable de establecer políticas públicas, proporcionar asistencia técnica y financiera para las áreas afiliadas. Aunque en el pasado la coordinación entre las autoridades locales y el NPS ha sido desafiante, existe potencial para mejorar el estado actual del inmueble mediante esfuerzos conjuntos. La Guardia Costera tiene acceso al Faro para mantener la lámpara en funcionamiento, y al estar en la Lista del Patrimonio Mundial, el sitio debe cumplir con las directrices de la Convención del Patrimonio Mundial (UNESCO, 2023) y sus prácticas ejecutivas.
Sistema de valores del Faro
Los valores identificados en el inmueble se basan en el análisis de información recuperada del archivo y en el análisis del contexto social en el que se encuentra inmerso. Como documento histórico, el Faro (bien patrimonial) da testimonio de la evolución del fuerte, de su historia marítima y del desarrollo de la isla. Mediante el análisis historiográfico, se identificaron las diversas modificaciones que el fuerte ha tenido hasta ser el inmueble que es actualmente, así como de los diferentes conflictos que se vivieron en éste. Su figura e imagen ha estado presente en el Castillo de El Morro del Viejo San Felipe desde antes del proyecto de iluminación propuesto para la isla por la Corona española a finales del siglo XIX. Desde 1846 la fortaleza ha contado con un sistema de señalización lumínica, pero el que está actualmente corresponde a una construcción de 1908, que aprovecha elementos del que fue construido en 1876. Además, el inmueble se enmarca en la historia del Caribe, al ser el primer Faro en la isla y el antecesor del sistema de iluminación costera (NPS, 1992).
En sus diferentes etapas se aprecia la evolución de los sistemas de iluminación en el Caribe, con las luminosas torres construidas en la isla similares entre sí y correspondientes al sistema constructivo y estilo que actualmente se observa (Mari, 2009-2013). Mediante el análisis historiográfico conocemos que el diseño que antecedió al inmueble antes de la ejecución de este proyecto era diferente, ya que el sistema constructivo fue retomado, a partir de una estructura metálica que ya se encontraba en el fuerte desde su primera versión.
Si el Faro no es intervenido, su estructura portante en muros y cerramiento se verá aún más comprometida en la zona de la fachada oeste, de modo que ambos podrían colapsar. De igual manera, si no se restituyen la mampostería, el junteo erosionado y el mortero de recubrimiento en la fachada sur, más adelante estos elementos pueden llegar a presentar daños estructurales. Si bien los deterioros mayores se encuentran en elementos construidos en el siglo XX, pueden ocasionar daños colaterales a futuro. Es decir, si colapsa la azotea, también lo hará la linterna del siglo XIX y se vería comprometida la historicidad de los siglos XIX y XX. Más allá de su papel como atributo del valor único excepcional (VUE), su conservación es importante por ser un elemento protagónico en el paisaje urbano histórico de Viejo San Juan. Además de que es el elemento más alto de la fortificación, y su color contrasta con el resto de los materiales del fuerte. Por su distinguida presencia es que se le considera parte de la identidad local y del imaginario colectivo de los residentes y visitantes de San Juan, generando historias y curiosidad por el inmueble. Asimismo, al estar actualmente en uso como guía luminosa, permite que el sistema de fortificaciones permanezca vivo en la vida diaria de los actores sociales aledaños.
Los valores que se identificaron mediante el trabajo de campo y la investigación de gabinete revelan que al ser el primero y principal Faro en Puerto Rico, es un testimonio de la evolución del sistema de defensa hacia el siglo XX, mostrando la continuidad histórica y militar del sitio. Lo mencionado es uno de los elementos por el cual el Sistema de Fortificaciones de Puerto Rico fue inscrito en la lista de Patrimonio Mundial por la UNESCO, en 1983
Finalmente, éste aporta a los servicios culturales del sitio un elemento característico e identificable, así como una imagen a través de la cual se puede promocionar el Viejo San Juan. Por último, y con base en lo mencionado, creemos que la conservación de este inmueble representa una parte esencial en la salvaguardia de la identidad marítima del Viejo San Juan, como el punto original de desarrollo para la isla y su historia.
Sustento teórico para la intervención integral
El Faro del Fuerte de San Felipe de El Morro en Puerto Rico, aunque relativamente joven, presenta elementos de diferentes épocas que reflejan la historia política y cultural de la isla (Figura 8). Su evolución se ajusta al concepto de primera y segunda historia según el contexto de la Teoría de la restauración de Brandi (1995[1963], p. 17), donde cada fase de desarrollo tiene su propia importancia. La propuesta de intervención se basó en la idea de que el inmueble debe preservar su propósito original, como elemento de señalamiento costero,14 y su estabilidad; y que se permita el acceso a éste para enriquecer su valor histórico. Se argumenta que modificar su ubicación actual sería contrario a la conservación de sus valores. La Carta de Venecia (ICOMOS, 1964, p. 2) destaca la importancia de que un monumento esté vinculado a su historia y ubicación, y sólo se puede considerar su traslado en circunstancias excepcionales. La intervención busca recuperar la estabilidad del edificio sin alterar su apariencia estética o su contexto histórico y cultural. Se enfoca en conservar la esencia del monumento, evitando cambios innecesarios.

(Fotografía: Sarahí Soriano y Rodrigo Sáinz, 2019)
Figura 8 Fotografía del Faro de El Morro de San Felipe.
La propuesta se basa en el respeto de la autenticidad de las distintas historicidades del bien y se justifica al considerar la conservación de la etapa española; así como de las intervenciones del siglo XX. Si bien, se propone la estabilización de los muros de carga como intervención principal y el mantenimiento de la cubierta, la conservación preventiva es crucial para garantizar la preservación de su autenticidad y riqueza histórica.
Dada la diversidad de etapas con las que cuenta el inmueble y su ubicación al interior de un bien histórico con sus propios valores, cuya historia se ve complementada por el Faro es importante cuidar tanto el contexto en el que se desplanta como sus elementos. El diálogo entre las diferentes etapas es uno de los factores cruciales en la significación tanto del componente como del conjunto en general, incluyendo la relación que existe entre las etapas y los elementos originales. De esta manera, cada una de las partes da testimonio de la época a la que pertenece y se reconoce; y al mismo tiempo muestran la evolución del bien, la historia política de la isla y el desarrollo de las tecnologías para la vigilancia costera.
Conclusiones
El Faro en el Castillo de San Felipe El Morro, actualmente propiedad del NPS y bajo jurisdicción federal de los Estados Unidos, está regulado por políticas públicas establecidas por esa agencia federal, misma que depende del Departamento del Interior de Estados Unidos. Sin embargo, la coordinación entre las autoridades locales y el NPS no siempre ha sido óptima. Dicha relación podría mejorar con esfuerzo y cambios de actitud de ambas partes. Además, la Guardia Costera conserva el derecho de acceso al Faro para operar la lámpara en cualquier momento. Dado que el sitio está inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial, se rige por la Convención sobre la protección del patrimonio mundial, cultural y natural (1972) y sus directrices prácticas. Como Patrimonio Mundial, el sitio, al dar testimonio de la gestión del inmueble, requiere la colaboración del NPS, de conservadores-restauradores y de académicos para el mantenimiento y la conservación preventiva y activa. Se sugiere una gestión cultural integral que lo incluya en el programa de interpretación del Castillo de San Felipe, considerando su importancia histórica. Aunque el objeto principal de la evaluación del Faro se ha logrado, este informe fue elaborado antes de los terremotos de 2020, por lo que se debe actualizar para reflejar posibles daños recientes o cambios en su estado debido a esos eventos sísmicos.
Poder ejecutar prácticas profesionales entre instituciones académicas de dos países en Latinoamérica y el Caribe es fundamental para la profesionalización actual de los conservadores y restauradores de bienes culturales inmuebles. Estas colaboraciones contribuyen significativamente a los estudios y trabajos de restauración y conservación, al proporcionar una perspectiva ampliada, compartir mejores prácticas, y enriquecer el conocimiento; así como las habilidades técnicas de los profesionales involucrados. Es en este tipo de intercambios en que los estudiantes tienen la oportunidad de comparar y contrastar la currícula y el equipamiento; y por lo tanto observar el método de estudio de los casos propuestos por las diferentes instituciones.
Estos ejercicios además, brindan la oportunidad de trabajar con múltiples actores que proveen diferentes perspectivas sobre la gestión y manejo del caso presentado, como lo hizo el profesorado de la Universidad de Puerto Rico (ingeniero químico y restaurador de bienes muebles) además de los especialistas que custodian y están en contacto diario con el bien inmueble y su contexto. En este caso, los rangers del National Park Service. Esto crea lazos interinstitucionales que prevalecen aún después de las prácticas profesionales, siendo puentes de conocimiento para posteriores colaboraciones académicas. Por otro lado, las oportunidades de mejora y crecimiento incluyen la necesidad de contar con más de un estudiante para realizar un análisis integral, asegurar el acceso a herramientas y equipos adecuados por parte de la universidad anfitriona, y gestionar adecuadamente el tiempo disponible para llevar a cabo actividades efectivas de levantamiento y análisis.