Introducción
Actualmente, en México existen 116 282 personas desaparecidas.1 Esta violación a los derechos humanos es una de las peores tragedias sociales que vive el país. Ante la ineficacia de las autoridades para localizar a las personas desaparecidas y detener a quienes cometen este crimen de lesa humanidad, han sido las familias de las víctimas -principalmente las madres-, quienes han encabezado su búsqueda.
En el país, según el Movimiento Nacional por Nuestros Desaparecidos en México, existen más de 100 colectivos de búsqueda, los cuales se articulan a nivel regional y nacional para realizar acciones de búsqueda en vida, pero lamentablemente también en muerte.2 Asimismo, los colectivos organizan marchas y protestas para exigir a las autoridades la búsqueda de sus seres queridos.
En términos generales, la desaparición de personas se comete, principalmente, en contra de la juventud mexicana, pues las principales víctimas de desaparición tienen entre 14 y 29 años (Franco Migues, 2023). Las causas de la desaparición son múltiples; sin embargo, investigaciones realizadas coinciden en que la presencia del crimen organizado y las redes de macrocriminalidad que este genera han hecho de la desaparición de personas un crimen persistente y sistemático (Arteaga et al., 2024), el cual, desde la declaratoria de “guerra” contra el crimen organizado realizada por el expresidente Felipe Calderón en 2006, ha crecido de manera exponencial sin respuesta del Estado.
Esta realidad no ha sido ajena a la producción cinematográfica, ya que se han creado decenas de documentales, ficciones y series que buscan retratar el drama, pero también la fuerza y valentía de las madres buscadoras del país. Por ejemplo, existen producciones como Volverte a ver (2020), Llueve (2021) o La civil (2022), que retratan -en diferentes formatos- la búsqueda que realizan madres y colectivos de búsqueda desde hace años en México. Cada una de estas piezas ha aportado una mirada sobre un tipo de violencia sin precedente.
Algunos de estos filmes, con temática de búsqueda desde las víctimas, suelen presentarse en festivales o en foros alternativos organizados por los mismos colectivos; sin embargo, cada vez llegan y permanecen por más tiempo en la cartelera comercial, e incluso en las plataformas de streaming, como es el caso de Ruido, que se estrenó en Netflix el 11 de enero de 2023.
La selección de este filme como estudio de caso para este artículo responde a que su transmisión en Netflix permitió un mayor alcance en número de audiencia y un cruce de fronteras que ayudó a diversificar también el tipo de espectadores. En su semana de estreno se ubicó en el Top Ten mundial en producciones de habla no inglesa, al acumular 7.18 millones de horas de visionado.
A la par, las propias familias buscadoras realizaron proyecciones de Ruido en espacios públicos significativos para sus procesos de búsqueda. Incluso, en alianza con la directora Natalia Beristáin y Netflix, realizaron la campaña digital #HagamosMásRuido, que consistió en extender la discusión en torno al filme, tanto en redes digitales como en foros públicos donde las madres buscadoras dieron sus testimonios de búsqueda.

Fuente: FUNDENL (2023) y Colectivo Buscándote Con Amor Estado de México (2023).
Figura 1 Publicaciones en X de la campaña #HagamosMásRuido
Por tanto, en este artículo se proponen dos objetivos: 1) analizar la representación de la desaparición que se retrata en Ruido, y 2) comparar esta representación con la percepción que madres buscadoras mexicanas tuvieron del filme. Esto es relevante para el presente estudio porque la película, en voz de su directora, Natalia Beristáin, es una ficción, pero también es la representación de “todas las madres, hermanas, hijas o esposas que buscan” (Del Muro, 2023).
Esta búsqueda dentro de la película también permite visualizar que no se trata de un acto solitario, sino colectivo, pues en la búsqueda de su hija Ger, Julia teje redes con distintas familias, mujeres y organizaciones que están atravesadas por la violencia, pero también por las resistencias que han creado para buscar justicia.
Otro elemento importante es que, si bien la búsqueda que hace Julia para localizar a Ger es completamente ficcional, en la película hay diversas escenas en las que sí aparecen madres y familias buscadoras, mismas que -dentro de la trama- enseñan a Julia lo difícil que es buscar a una persona desaparecida en México.
De manera específica, los colectivos que aparecen en el filme son el Colectivo Buscándote con Amor del Estado de México y Voz y Dignidad por los Nuestros de San Luis Potosí; el primero aparece en las escenas en las que Julia acude a un grupo de escucha en el que diversas familias cuentan sus experiencias mientras bordan pañuelos3 con los nombres de sus desaparecidos.
El bordado, en la narrativa del filme, es una pieza simbólica recurrente y uno de los elementos estético-visuales a los que la directora recurre para hilar las “estaciones de búsqueda” que atravesará Julia. El bordado deja de ser un adorno y se convierte en una visualidad de resistencia, tal y como lo es para las buscadoras.
Voz y Dignidad por los Nuestros de San Luis Potosí aparece en Ruido cuando, en la trama, Julia decide buscar a su hija más allá de los marcos institucionales; es decir, cuando se ve a la protagonista sumarse a una búsqueda de campo, acción que a diario realizan las madres buscadoras para localizar los cuerpos de sus familiares desaparecidos en fosas clandestinas.
La presencia de ambos colectivos es clave porque ancla esta ficción cinematográfica en la realidad del contexto mexicano y es, a decir de la directora, la muestra del arduo trabajo de campo que realizó para hacer de la búsqueda de Julia un reflejo más fiel de lo que viven las madres buscadoras del país.
En consecuencia, el objetivo de este artículo es conocer cómo está contada la película, cómo representa el dolor de la pérdida y el proceso de búsqueda, y cómo es que diversas madres buscadoras (incluidas las que aparecen en el filme) percibieron y significaron la película Ruido, esto bajo la pregunta: ¿de qué manera las madres buscadoras mexicanas se sintieron, o no, identificadas con Julia, personaje central de Ruido, y qué aspectos de la película consideran que reflejan la lucha y búsqueda que realizan para localizar a sus seres queridos desaparecidos?
Para responder a esta pregunta se realizaron dos tipos de análisis: el primero de ellos de corte narrativo para comprender cómo es que, desde el propio filme, se construyó la representación del dolor y la búsqueda, el cual se sustentó en los preceptos teóricos de Sánchez-Biosca y Berthier (2023), quienes proponen que ante la representación de ciertos actos violentos se construye una retórica propia. En un segundo momento, se realizaron entrevistas semiestructuradas, las cuales estuvieron centradas en la noción de comunidades interpretativas propuestas por Orozco (1991), y que permitieron tener un acercamiento con madres buscadoras mexicanas, incluidas varias de las que aparecen en la película, esto para saber cómo entendieron y significaron la representación que de ellas hizo Ruido.
La representación mediática de las desapariciones en el cine mexicano
Este trabajo reconoce que una representación mediática es “una formación cultural sintética que busca situar y fijar un tipo de significado particular sobre un sujeto, hecho o proceso que es nombrado y/o visibilizado a través de un medio de comunicación” (Franco-Migues, 2019b, p.33).
Esto implica que no solo se hacen visibles las representaciones sociales que ya se tienen sobre “un conjunto de conceptos, declaraciones y explicaciones originadas en la vida cotidiana y en el curso de las comunicaciones interindividuales” (Moscovici, 1981, p. 180), sino que a estas “añade elementos discursivos y simbólicos con los cuales se busca disputar y/o imponer determinado sentido o significado” (Franco Migues, 2019b, p. 34) respecto de aquello que se representa.
En el caso de las desapariciones, precisa Franco-Migues (2019a), se hace un énfasis en aquellos elementos simbólicos que caracterizan los procesos de búsqueda que encabezan, principalmente, las madres de las y los desaparecidos; siendo los elementos más característicos las camisas o lonas que tienen impresas la fotografía y nombre de la persona desaparecida, así como la fecha de su desaparición.
Además, a la representación mediática de las madres buscadoras mexicanas se le añaden objetos simbólicos, como los pañuelos bordados con los nombres de quienes se buscan, así como los distintivos que cada colectivo de búsqueda incorpora; por ejemplo, paliacates o camisas en tonos verdes, color que ha sido adoptado, simbólica y estéticamente, por las familias buscadoras como un elemento de esperanza (Diéguez, 2021).
En síntesis, la representación mediática de una madre buscadora no solo busca incorporar los elementos simbólicos de la búsqueda, sino también aquellos elementos que, en palabras de Irazuzta (2017), hacen aparecer al desaparecido, pero no como un ente liminal, sino como una persona que siempre se hace presente a través de la figura de la madre o familiar que le busca.
Esta representación no ha sido ajena al cine mexicano, pues al momento de escribir este texto existían 21 apuestas fílmicas que, en diversos formatos, han colocado el drama de la desaparición en la pantalla grande. Para efectos de este artículo únicamente enlistamos aquellos filmes cuya trama narrativa se centra en la búsqueda de una madre, o un grupo de ellas, de su ser querido desaparecido.4
Tabla 1 Listado de películas sobre desapariciones en México
| Nombre | Directora/s | Año | |
|---|---|---|---|
| 1 | No quiero decir adiós (documental) | Ana Ramírez | 2013 |
| 2 | Retratos de una búsqueda (documental) | Alicia Calderón | 2014 |
| 3 | Geografía del dolor (documental) | Mónica González | 2015 |
| 4 | Tempestad (ficción) | Tatiana Huezo | 2016 |
| 5 | No sucumbió la eternidad (documental) | Daniela Rea | 2017 |
| 6 | Las desaparecidas (cortometraje) | Astrid Domínguez | 2017 |
| 7 | Los desaparecidos (cortometraje) | Justo Matías | 2017 |
| 8 | Las rastreadoras (documental) | Adrián González | 2017 |
| 9 | Sin tregua (cortometraje documental) | Diego Rebasa | 2018 |
| 10 | Sin señas particulares (ficción) | Fernanda Valadez | 2020 |
| 11 | Buscando a Francisco (documental) | Gael Castillo | 2020 |
| 12 | Volverte a ver (documental) | Carolina Corral | 2020 |
| 13 | Noche de fuego (ficción) | Tatiana Huezo | 2021 |
| 14 | Llueve (cortometraje) | Carolina Corral y Magali Rocha | 2021 |
| 15 | La civil (ficción) | Teodora Mihai | 2022 |
| 16 | Te nombraré en el silencio (documental) | José Espinosa | 2022 |
| 17 | En la boca del lobo: la historia de una madre buscadora (documental) | Dalia Souza y Mariana Mora | 2022 |
| 18 | Tras la vida (documental) | Anais Taracena | 2023 |
| 19 | Ruido (ficción) | Natalia Beristáin | 2023 |
| 20 | Toshkua (documental) | Ludovic Bonleux | 2023 |
| 21 | Perdidos en la noche (ficción) | Amat Escalante | 2024 |
Fuente: Elaboración propia.
En este listado de 21 producciones predomina la creación de piezas documentales. El dominio de este formato responde al interés por colocar al centro la imagen, voz y búsqueda de las propias madres buscadoras a través de la combinación de la estética cinematográfica, la antropología visual y la narrativa periodística, lo cual refleja el perfil profesional de sus creadoras (Alcalá, 2016), pues de este listado cinco de ellas son periodistas: Alicia Calderón, Mónica González, Daniela Rea, Dalia Souza y Mariana Mora.
Destaca también que la mayor parte de quienes han realizado estas piezas son mujeres, pues estas realizaron 16 de las 21 propuestas enlistadas, lo cual deja claro que dentro de los intereses del cine de mujeres está el reconocimiento de las causas invisibles que atañen directamente a “ellas”, y este es uno de los más importantes reconocimientos en el país actualmente.
Es importante destacar que las producciones centradas en madres buscadoras comenzaron a realizarse de manera más significativa a partir del 2020, esto como una forma de crear contranarrativas (Alcalá, 2016) a la presencia masiva de ficciones que centraban sus tramas en las figuras de grandes capos del narcotráfico (por ejemplo, el Chapo Guzmán); este enaltecimiento ficcional de estas figuras, como han señalado Gómez-Rodríguez y Franco-Migues (2020), coloca a las víctimas en un plano secundario donde su dolor es solo una circunstancia en el camino al poder.
El cambiar las historias y las narrativas para hablar de las víctimas y no más de los victimarios es parte fundamental del objetivo de las realizadoras; por ello, existió en su trabajo un interés por realizar ficciones más arriesgadas para explorar el dolor, pero también las diversas facetas que se viven en el proceso de búsqueda de una persona desaparecida. Así lo hacen ficciones como: Sin señas particulares (2020), Noche de fuego (2021), La civil (2022) y Ruido (2023). En todas ellas, destacan sus creadoras, existe un fuerte trabajo testimonial y documental, pues se quiere ser lo más fiel posible al “dolor y la esperanza” (Carrillo & Mayor, 2022).
Sin señas particulares (2020), realizada por Fernanda Valadez, retrata la búsqueda de Magdalena, quien busca a su hijo, el cual fue desaparecido cuando viajaba rumbo a los Estados Unidos. Su búsqueda la hace enfrentarse tanto al Estado como al narcotráfico responsable del tráfico de personas migrantes en la frontera norte.
En Noche de fuego (2021), de Tatiana Huezo, se explora el drama de la desaparición de mujeres en una comunidad rural del país, esto a través de la historia de Rita y María. La madre se ve forzada a realizar una serie de actos para evitar que su hija sea desaparecida por integrantes del crimen organizado.
En el caso de La civil (2022), Teodora Mihai expone todo lo que Cielo (la madre) tuvo que realizar para buscar a su hija desaparecida. Esta película está inspirada en Miriam Rodríguez Martínez, quien encabezó la búsqueda de su hija Karen Alejandra Salinas Rodríguez, desaparecida en enero de 2014 en Tamaulipas. Su búsqueda la llevó a localizar a los captores y asesinos de su hija. Lamentablemente, la madre buscadora fue asesinada el 10 de mayo de 2017.
Ruido (2023), de Natalia Beristáin, cuenta la historia de Julia, mamá de Ger -Gertrudis-, quien es desaparecida en un bar estando de vacaciones con un par de amigas. La búsqueda de esta madre la lleva a experimentar una serie de “estaciones de búsqueda”; por ejemplo, oficinas del ministerio público, servicios médicos forenses, grupos de escucha de familias buscadoras, centros nocturnos, albergues migrantes y fosas clandestinas. Esta ficción, a diferencia de las anteriores, combina elementos ficcionales con la aparición de madres y colectivos de búsqueda, personajes reales que dentro de la trama ayudan a Julia en el proceso de búsqueda de Ger.
Este último componente justifica por qué decidimos centrarnos en esta película y no en alguna otra, ya que nos parece importante dar cuenta de cómo la narrativa del filme utiliza el trabajo y labor de los colectivos para que Julia vaya construyendo una trayectoria de búsqueda. Pero no solo eso, sino que coloca a las madres buscadoras como un nodo en el que la ficción se conecta con la crisis de desapariciones en México a través de testimonios reales que dan verosimilitud a Ruido, lo que potencia el relato y el impacto del filme.
El proceso de búsqueda como LEITMOTIV
A través de la suma de experiencias individuales y colectivas, las familias buscadoras en México han ido generando diversas pedagogías de búsqueda (Diéguez, 2021), mismas que les permiten aprender a buscar -en vida y muerte- a las y los desaparecidos. Estas búsquedas se realizan implementando lo que Franco-Migues (2022) denomina tecnologías de esperanza, que no es más que la instrumentalización de tecnologías análogas y digitales con el fin de facilitar y visibilizar la búsqueda de sus desaparecidos.
En el caso de Ruido, se hacen presentes ambos procesos, pues la película -como ha enunciado su realizadora- tiene la intención de mostrar a las audiencias las distintas formas y maneras en las que en México se busca a las personas desaparecidas, así como los instrumentos que materializan dichas búsquedas.
Para efectos de este primer análisis de la película, decidimos nombrar como “estaciones de búsqueda” a esos lugares en los que el filme muestra acciones concretas para localizar a una persona desaparecida. Dichas estaciones de búsqueda se conforman del lugar y/ o espacio que aparece a cuadro, de la acción que realizan las y los personajes en escena, así como de dos criterios propios de la búsqueda de personas desaparecidas en México: el tipo de búsqueda (en vida y en muerte) y la forma de búsqueda (individual y colectiva).
En conjunto, estos observables buscan evidenciar el tipo de representación mediática que hace Ruido de la búsqueda que emprende Julia para localizar a su hija; de la misma manera, pretenden identificar los elementos simbólicos e iconográficos que se emplean para lograr la verosimilitud del proceso de búsqueda.
Siguiendo este análisis, la primera estación de búsqueda que nos muestra Ruido es una llamada para acudir al Servicio Médico Forense al reconocimiento de un cuerpo que la autoridad asegura pertenece a la hija de Julia. La visita se hace tras recibir una llamada de la fiscalía a los nueve meses de la desaparición de Ger, pero cuando los padres de la joven desaparecida (Julia y Arturo) se dan cuenta del desorden que existe con los expedientes y la información de cada caso, basta con un par de preguntas para darse cuenta de que no es su hija. En ese momento conocen al nuevo fiscal, el tercero en “hacerse cargo” desde que desapareció Ger.
Lo que viene a continuación en la película son los intentos de búsqueda de una madre desesperada, y un gobierno ineficiente y corrupto que no muestra ningún interés por resolver los casos. Después se muestra un quiebre familiar entre Julia, que desea continuar con la búsqueda, lo que hace de manera cotidiana saliendo a la calle a pegar fichas de búsqueda, y Arturo (padre de Ger), quien se muestra incapaz de continuar y confiesa a Julia que hubiera deseado que el cuerpo hubiera sido de su hija para que todo acabara de una vez. Desde ese momento, la única que encabezará la búsqueda de Ger será Julia.
Un tercer momento de búsqueda ocurre cuando Julia decide acudir a un círculo de escucha conformado por otras familias buscadoras que comparten sus testimonios mientras en pañuelos bordan el nombre de sus desaparecidos. Las mujeres y hombres que aparecen en esta estación de búsqueda son integrantes del Colectivo Buscándote con Amor Estado de México, de tal manera que lo que escuchan las audiencias son casos reales, no de ficción.

Fuente: Netflix Lationoamérica.
Figura 2 Integrantes del Colectivo Buscándote con Amor Estado de México participan en un grupo de escucha donde, por vez primera, Julia habla de la desaparición de Ger
En este lugar es donde Julia conoce a Abril, una periodista que ha acompañado procesos de búsqueda, quien será en parte del proceso y guía para localizar a Ger. Ese acompañamiento periodístico sirve a Julia para reconocer que también se debe buscar más allá de los marcos de la institucionalidad; es decir, ante la quietud de la autoridad es ella quien debe moverse para que realmente algo suceda. La periodista la lleva con una abogada que le muestra otros escenarios en dónde buscar y le explica que la policía solo se limita a buscar sin vida. De este acercamiento se construyen otras estaciones de búsqueda que llevan a Julia a visitar albergues de migrantes y diversos escenarios vinculados con la ruta de tráfico ilegal de personas. A la par, Julia aprende que la única manera de seguir avanzando es a través de pagos a informantes, institucionales y no institucionales; por ejemplo, paga a la abogada para mover información, así como a la policía por protección y para que le permitan ver escenas de crimen, como un camión con cuerpos que abandonaron en la carretera y que lleva “muchachas bonitas”.
Al no encontrar respuestas, Julia decide volver a San Luis Potosí, lugar donde desapareció Ger. Al llegar a la ciudad conoce al colectivo Voz y Dignidad por los Nuestros de San Luis Potosí, y junto con ellas aprende a buscar en predios abandonados, pues son lugares en los que el crimen realiza fosas clandestinas.
La presencia de Julia y Abril en la búsqueda de campo parece hacer enojar a mucha gente; incluso ahí la madre buscadora recibe una primera amenaza cuando un carro la persigue por la noche. Para resguardar su integridad, tanto Julia como Abril deciden irse de allí; sin embargo, el camión de pasajeros donde viajan es interceptado por la delincuencia organizada, pero solo se llevan a Abril. Es decir, a la periodista que ya no se vuelve a nombrar en la trama y, además, nunca se le busca.
Ese hecho es comunicado por Julia a las autoridades, quienes al llegar a la central de autobuses no solo le ofrecen seguridad, sino también la posibilidad de hablar con un narcotraficante a quien tienen detenido, pero que tendrán que soltar pronto, ya que “tiene buenos contactos”, para preguntarle directamente por su hija. Al detenido, Julia le muestra la foto de Ger y este le dice que deje de buscarla, que llevaba una bolsa de coca que no era de ellos y que ya no está; Julia le pregunta que si solo por eso la levantaron, por una “pinche bolsita de coca” y él le contesta “no, también estaba buena”. Desconsolada, Julia sale del lugar de la detención. A las afueras del lugar ocurre una manifestación feminista que culmina en la recuperación de las autoridades de un espacio público que había sido ocupado por diversas colectivas como una muestra de hartazgo ante la impunidad en diversos casos de feminicidio. El camino de búsqueda de Julia parece terminar cuando es golpeada por la policía.

Fuente: Netflix Latinoamérica.
Figura 3 Integrantes del Colectivo Voz y Dignidad por los Nuestros durante una búsqueda
Con este recorrido se puede observar que el filme presenta diversas estaciones de búsqueda en las que cada lugar y/o espacio no solo da pie a acciones (individuales y/o colectivas) de búsqueda, sino también sirve de pretexto para mostrar cómo es que las madres buscadoras mexicanas aprenden -por dentro y fuera de los marcos institucionales- a buscar a sus seres queridos desaparecidos.
Tal y como se ve en Ruido, estas formas de buscar también constituyen pedagogías de búsqueda (Diéguez, 2021), que no son más que los procesos de enseñanza-aprendizaje que las familias han construido a través del recorrido -individual y colectivo- para la búsqueda de las personas desaparecidas.
Todo este conocimiento no se queda estático, sino que se transfiere de familia a familia y de colectivo a colectivo, tal y como se observa en Ruido, cuando Julia se da cuenta de que la fiscalía no está interesada en hacer el trabajo; al contrario, la autoridad abusa de la situación de dolor y desesperación. Ante esto, quienes aparecen como guía para su camino son otras familias buscadoras.
En este sentido, las estaciones de búsqueda que Julia transita están impregnadas de estos saberes colectivos en los que intervienen otras familias buscadoras, pero también periodistas y activistas que se arriesgan junto con ellas. En la Tabla 2 enmarcamos estas estaciones de búsqueda distinguiendo lugares, acciones, así como el tipo y la forma de búsqueda que Ruido enfatiza.
Tabla 2 Estaciones de búsqueda en la narrativa de Ruido
| Lugar/espacio | Acción de búsqueda | Tipo de búsqueda | Forma de búsqueda |
|---|---|---|---|
| Servicios Médicos Forenses | Se identifica a la persona a través de la observación de cuerpos de personas fallecidas sin identificar | En muerte | Individualizada |
| Oficinas de Ministerio Público | Revisión de avances en expediente | En muerte | Individualizada |
| Espacios públicos | Pega de fichas de búsqueda | En vida | Individualizada |
| Grupos de escucha y bordado | Escucha colectiva de testimonios y acciones de memoria | En vida | Colectiva |
| Encuentro con organizaciones de la sociedad civil | Acompañamiento jurídico y análisis del contexto de desaparición | En vida | Colectiva |
| Encuentros con periodistas acompañantes | Se comparte el testimonio y el o la periodista ayuda a pensar en estrategias de búsqueda | En vida y muerte | Colectiva |
| Albergues migrantes | Búsqueda entre personas presentes en albergue y en registros de ayuda | En vida | Individualizada |
| Centros nocturnos | Búsqueda entre personal que labora en estos sitios | En vida | Individualizada |
| Centros de trabajo sexual | Búsqueda entre personal que labora en estos sitios | En vida | Individualizada |
| Fosas clandestinas | Búsqueda en campo para localizar sitios de inhumación clandestina | En muerte | Colectiva |
| Espacios de colectivos de búsqueda | Acciones colectivas de búsqueda en campo | En vida y muerte | Colectiva |
| Protestas feministas | Acciones de protesta y visibilización | En vida | Colectiva |
Fuente: Elaboración propia.
Uno de los elementos más importantes en la identificación de dichas estaciones es que, en la narrativa de Ruido, predomina la representación mediática de “la búsqueda en vida”, lo cual es altamente significativo porque contrasta con las acciones del Estado mexicano, el cual suele buscar solo “en muerte”. La apuesta por la búsqueda en vida dentro de Ruido es significativa porque se sustenta en una serie de símbolos de esperanza que las familias buscadoras han construido en sus casi dos décadas de búsqueda.
La estética del dolor y los símbolos de la búsqueda
La historia, además de contar este recorrido de búsqueda y cada una de las estaciones, también se vale de otros recursos de carácter mucho más metafórico que ayudan a comprender el estado emocional de Julia.
Uno de ellos es el ruido, ese que parece aturdir a Julia en los momentos en los que ya no puede más y que no solo escucha, sino que también la traslada a un espacio aislado, lejos de la realidad. Como si se tratara de un espacio expresionista en el que el dolor adquiere su propia visualidad y sonoridad. Julia en el desierto es como el personaje sin rostro del cuadro de Münch, un grito de desesperación en el que la realidad ha dejado de serlo porque cuando se sufre lo demás se desdibuja.
El filme también se vale de dos símbolos que van a estar estrechamente ligados a la búsqueda de ellas, el bordado y el color morado. Desde los créditos iniciales los nombres aparecen bordados, una acción que se ha vuelto relevante en el quehacer de la búsqueda, ya que además de recordar todos los nombres de las y los desaparecidos, también coloca en un estado de vulnerabilidad a aquellos que están aparentemente seguros y fuera de la geografía del dolor.
El bordado, como ya expresamos, es uno de los actos de memoria y resistencia más representativos para nombrar a las víctimas de la violencia en México, pues esos espacios públicos y privados de bordado colectivo son, además, círculos de escucha donde por vez primera muchas familias narran su dolor y experiencia (Gargallo, 2014), tal y como lo hace Julia cuando acude a una de las sesiones de bordado del Colectivo Buscándote con Amor del Estado de México. Por su parte, el color morado, que abraza a Julia en el principio y en el final del filme como parte de la marcha feminista en donde es golpeada y aparentemente asesinada, también se convierte en un sello de lucha que le pertenece a ellas. El morado enmarca la necesidad de ser vistas; ellas, sus causas, su dolor y su lucha.
Fuera del marco ficcional, en el país, han sido las colectivas feministas las que más han arropado y acompañado los procesos de búsqueda de las madres buscadoras; en Ruido prevalece el morado/violeta (y no el verde) como esa conexión simbólica con las resistencias feministas, pues este color remite a la lucha contra la violencia de género; en tanto que el verde se asocia más con la lucha por el derecho a decidir y la despenalización del aborto. El color violeta le otorga una dimensión afectiva al movimiento feminista contemporáneo, y permite reconocer en su uso un nivel simbólico que integra, une y se visibiliza como colectivo y masivo.
En síntesis, la representación mediática y cinematográfica de las madres buscadoras que propone Ruido gira en torno a la capacidad narrativa de conjuntar los elementos simbólicos de la búsqueda portados por las madres buscadoras reales que aparecen en el filme con la estética del dolor que es encarnada por Julia, que poco a poco, y a través de las estaciones de búsqueda que transita, va incorporando en su representación visual, pero sobre todo en la simbólica.
Esto último es relevante porque la representación de la búsqueda no está situada solo a través del dolor (aunque este es el leitmotiv), sino también a través de la esperanza, acción que permite (en el filme, pero además en la vida de las madres buscadoras reales) recuperar tanto la potencia (pulso de vida) como la capacidad de agencia que perdieron tras la desaparición de su ser querido.
La representación del dolor y la búsqueda
En la historia del cine, la representación del dolor ha sido un tema de análisis principalmente estudiado por investigadores que han reconocido las implicaciones y las características de acontecimientos de orden violento que han cambiado la forma de narrar y por supuesto de visibilizar mediáticamente estos actos. Berthier y Sanchez-Biosca (2023), en Retóricas del miedo, imágenes de la guerra civil española, reflexionan sobre cómo el cine ha dado cuenta de una guerra que arrojó su propia iconografía y su manera de organizar discursiva y visualmente el dolor:
El cine posee una doble particularidad que lo hace terreno singular para la reflexión: por una parte, su plasticidad narrativa, en cuyo seno los instrumentos de ficción permiten reconstruir y hacer vivir sentimientos y emociones, en este caso la angustia colectiva, con una vivacidad desconocida en otras formas de expresión; por otra, su calidad de imagen fotomecánica, la cual supone, a la vez, la ventaja de su visualidad y el límite que una imagen fotográfica captada de la realidad (poco importa a este respecto que ésta sea escenificada) plantea a la imaginación, a diferencia del dibujo, el grabado, la pintura o la cartelística (p. 99).
Alrededor de la guerra civil española se visualizan ciertos discursos, se legitiman voces de enunciación por encima de otras y se crean símbolos para entender el dolor de esa guerra en particular pero que sientan la base para otras retóricas del miedo. Es decir, cada acontecimiento bélico y/o doloroso filmado exige responder a las preguntas éticas que casi siempre encontrarán una respuesta estética en su manera de resolverlas (Alcalá, 2016).
En el caso de las desapariciones en México sucede lo mismo: poco a poco se han organizado discursos que permiten darle voz a las víctimas y no solo a los perpetradores o victimarios. La presencia de las madres y sus acciones se posicionan por encima de los indolentes discursos oficiales, lo que, consideramos, crea una iconografía particular (Alcalá, 2016) tanto de quienes buscan como del proceso que afrontan en cada una de las estaciones de búsqueda que transitan.
Los bordados, los colores, los altares, las fichas son todas figuras que conforman está retórica de la desaparición que pretende dar cuenta del acto violento desde la esperanza, la visibilidad y la búsqueda, tal y como fue representado (narrativa y visualmente) en Ruido.
Las comunidades interpretativas en torno a la causa buscadora
La causa buscadora, como expresa la madre buscadora Graciela Pérez,5 es una acción colectiva en la que pesa más la colectividad que la individualidad; es decir, se trata de un movimiento en el que se pretende que todas las personas se involucren en la búsqueda de las personas desaparecidas, no solo sus familiares directos.
Para comprender con mayor profundidad el tipo de representaciones mediáticas que se construyeron en Ruido en torno a las madres buscadoras y sus procesos de búsqueda, nos apoyamos en la perspectiva teórica de las comunidades interpretativas (Orozco, 1991). Entendemos a estas como “un conjunto de sujetos sociales unidos por un ámbito de significación del cual emerge una significacion especial para su actuacion social (agency)” (p. 33). Para Orozco -quien realizó una apropiación teórica de la propuesta de Fish (1980) a los estudios de audiencias- esta identificación es relevante porque las comunidades interpretativas no solo coinciden en lo territorial y lo simbólico, sino también en lo instrumental, pues construyen y mantienen objetivos y significados comunes.
En el caso de este artículo, el sentido comunitario radica en la esperanza de encontrar a los seres queridos desaparecidos, pero también en el sentimiento que les origina compartir la causa buscadora. Se trata entonces de una colectividad que comparte significados no solo en razón de un texto (en este caso la película Ruido), sino también en torno a los significados que surgen tras compartir su recepción.
Fish (1980), pionero en la conceptualización de las comunidades interpretativas, centra su análisis en tres puntos: 1) el lugar del sentido (el cual puede ser el texto y/o las y los lectores), 2) la relación de independencia de las y los lectores, y 3) la estabilidad de los textos que se ponen en común.
La triangulación de estos procesos, según Fish (1980), hace evidente que el significado no está en el texto, sino en la lectura que se hace de este; en ello coincide con Orozco, quien además sugiere que “una comunidad de interpretación solo puede generarse cuando en algún texto o producto mediático existe un significado común compartido” (p. 45), el cual no es unívoco, sino polisémico.
Sobra explicitar que ese significado común compartido entre quienes tienen un ser querido desaparecido reside tanto en la representación que se hace de las madres buscadoras (encarnadas en Julia), como en la representación de la búsqueda que ella emprende (lo que nosotros nombramos estaciones de búsqueda), pero también en la existencia de una causa buscadora común.
De aquí que para la elaboración de este artículo no solo era necesario hablar de la composición narrativa-ficcional y simbólica de Ruido, sino también del significado que se construyó a través del proceso de recepción que realizaron las madres buscadoras que vieron el filme, ya sea porque aparecen en el mismo o porque se sumaron a la campaña #HagamosMásRuido para visibilizar aún más la labor de todas las personas que buscan a las y los desaparecidos en México.
Para comprender cómo se construyó una comunidad interpretativa en torno a Ruido, entrevistamos a integrantes de los colectivos Voz y Dignidad por los Nuestros (San Luis Potosí), Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos Nuevo León (Nuevo León), Por Amor A Ellxs (Jalisco) y el Colectivo Milynali Red (Tamaulipas). En total, se realizaron ocho entrevistas semiestructuradas6 para conocer su percepción sobre el filme, así como los significados compartidos en torno a la figura de Julia y al proceso de búsqueda que se mostró.
Ruido visto a través de las madres buscadoras
Los resultados que se obtuvieron luego de entrevistar a las madres buscadoras en torno a la representación mediática que se hizo de ellas en la película Ruido se dividieron en tres bloques analíticos: el primero vinculado con la percepción general de la película, el segundo en torno a Julia (madre buscadora), y el tercero sobre la representación del proceso de búsqueda de Ger (la hija desaparecida).
Sobre la película, las madres buscadoras entrevistadas coincidieron en señalar que ver Ruido fue doloroso porque implicó, al momento de recepción, “revivir su dolor”, no solo porque existió una evidente conexión con Julia, sino porque ahí vieron a sus compañeras de búsqueda, lo que generó una mayor empatía con la historia. Así lo expresaron Graciela y Edith, quienes formaron parte de Ruido.
Esta película ha sido difícil de digerir, pues entre la ficción y el conocer que hay familias reales que ahí aparecen y que conocemos. Además, están ahí los pañuelos que también son reales … es una película que sí nos puede mucho porque sentimos el mismo dolor (Graciela, madre buscadora de Tamaulipas).
La película me gusta porque muestra a las protagonistas reales, a las madres, y no solo como ficción, sino también a las madres reales y que salimos ahí explicando a Julia qué hacer (Edith, madre buscadora de San Luis Potosí).
El sentirse representadas en Ruido también influyó en que las madres pudieran conectarse con la trama centrada en la búsqueda de Ger, lo que para algunas de las entrevistadas es relevante porque eso ayuda a generar empatía con el dolor, pero, sobre todo, porque ofrece la visibilidad que tanto han buscado alcanzar.
Saber que los rostros de nuestros seres queridos podrán ser vistos en 190 países porque la película está en Netflix nos da esperanza, pero también fue un gran impacto (Lupita, hermana buscadora de San Luis Potosí).
Ruido es una película que muestra esta pesadilla, y la muestra desde la mirada de una madre que busca a su hija, y en eso ayuda para comprender el dolor (Mónica, madre y esposa buscadora de Jalisco).
En las entrevistas identificamos dos elementos importantes: Ruido resultó significativa para las madres buscadoras porque no se construyó solo desde la ficción, sino también desde la narrativa que ellas han impulsado en sus años de lucha y búsqueda, pero también porque son ellas las que aparecen en pantalla: “Ruido nos sorprendió porque pensábamos que nadie podía proyectar ese dolor y esa impotencia que se siente cuando te dicen que a tu familiar lo desaparecieron” (Lupita, San Luis Potosí).
En cuanto a la representación que Julia hizo de las madres buscadoras, existió un significado común: “Julia encarna no a una, sino a todas las madres buscadoras que hay en México”, esta identificación con ella se da, consideran las entrevistadas, desde el dolor. El dolor representado en el filme a través del grito que no se escucha, pero que ellas sienten porque es el grito que ellas mismas dieron.
Yo me sentí identificada con ella a través del dolor, el dolor en ese grito profundo, me acuerdo mucho de ese grito y me da tristeza … y me da porque al ver el dolor de esa mujer, sé que yo lo viví … lo sigo viviendo … es un dolor que no se va. Quizá nos verás como más digeridas y que, como en la película, nos verás comiendo, riendo, bailando, pero el dolor ahí está … en ese grito profundo, grito de silencio que uno siente, ese grito que no necesitas escucharlo. El impacto del grito ahogado que Julia hace, es exactamente lo que sentimos (Graciela, Tamaulipas).
Me identifico con Julia en cómo agarra valor y sale sola contra el mundo a buscar a su hija. Me identifico con ella en ese grito de dolor, en esa angustia … en esa solicitud de ayuda que emite y nadie escucha, que nadie voltea a ver y en ese grito que todos ignoran. Es esa dualidad de dolor, esperanza e incertidumbre que se siente en cada segundo (Edith, San Luis Potosí).
Pero ese compartir el dolor, representado a través del grito, también les permitió sentir cierta distancia con la representación de las madres buscadoras, pues como expresa Mónica, las madres son mucho más que dolor:
Desde nuestro colectivo creemos que quisieron en ella poner lo que todas vivimos y eso resulta caótico, yo no me siento identificada del todo con ella, pues solo vemos ese dolor que existe, pero no solo somos eso (Mónica, Jalisco).
En cuanto al proceso de búsqueda, las madres buscadoras tuvieron una postura crítica, ya que, aunque reconocen la importancia de que su historia se muestre, consideraron que el tener varias tramas ficcionales vinculadas a la búsqueda que hace Julia complica entender lo que implica buscar a una persona desaparecida.
Meten todo y sin mucho contexto, eso hace que la búsqueda de su hija de repente pase a un segundo plano y que, incluso, el trabajo de las madres buscadoras parezca algo que solo ocurre, pero no es así … Hay mucho trabajo detrás que no se ve y que en la película pasa rápido (Mónica, Jalisco).
Algo que resultó muy interesante en la interpretación que hacen las madres buscadoras sobre Ruido es que saben que es una ficción y que eso implica que habrá cosas que no son como las viven, pero consideran que lo sustancial sí quedó reflejado en la película, aunque eso resulte difícil de comprender para quienes la ven.
Obviamente es una película, pero lo que se ve sí te mueve un montón porque miras a la persona que busca a su hija y sabes que es una película, sabes que es una ficción, pero la forma en que se muestra … el que pareciera que no tiene ni ton ni son el camino que recorre Julia, en este caso, es exactamente así para quienes lo vivimos (Graciela, Tamaulipas).
Para nosotras que fuimos parte de la película fue importante que se mostrara lo que hacemos, que tuviéramos la oportunidad de platicar con Julia en la película, pero con la gran diferencia de que lo ahí decimos es real (Edith, San Luis Potosí).
En el análisis de las entrevistas realizadas podemos concluir que las madres buscadoras tienen una obvia conexión con el dolor de Julia, “su dolor es nuestro dolor”, señalan; sin embargo, situacionalmente saben que todo lo que ella vive debe visualizarse de manera extrema para así lograr que las personas que vean Ruido “sientan el dolor que sentimos” precisa Graciela, de Tamaulipas.
Es decir, logran separar la realidad de la ficción, pero identifican qué de lo que se mostró en pantalla sí refleja lo que ellas viven: “algo importante de la película es que muestra la causa buscadora”, explica Graciela, pues para ella en el filme puede verse todo lo que han vivido, pero más que eso: “muestra a las protagonistas reales”, lo que implica que, más allá de Julia, lo que persiste es que ella puede ser cualquiera de las madres buscadoras que existen en México.
Las madres, en su proceso de recepción, se vinculan con Julia porque su representación mediática tiene una correlación directa con su vida, aunque identifican que para lograr esa vinculación la película sobreexpone el drama del duelo y la búsqueda, pues comprenden que el fin: “no es que les guste a ellas, sino que lo que ahí se ve pueda sensibilizar a quienes no comprender el dolor que implica tener una persona desaparecida en México”, así lo expresó Letty, madre buscadora de Nuevo León, en la presentación que su colectivo realizó de Ruido en la Plaza de las y los Desaparecidos de Nuevo León, el 23 de febrero de 2022.
Este sentir es lo que comparten también sus compañeras de búsqueda, para quienes, desde esa comunidad interpretativa compartida, sí hay cosas que faltan en Ruido, como un final más esperanzador, pero a pesar de ello, consideran que es la película más fiel a su causa buscadora.
En la película hay mucho que se dejó, que no se puso, pero lo que hay ahí es la causa buscadora … es lo que cada familia hemos padecido … si hay muchas cosas que faltaron, hay mucho que se debe profundizar … todo el tema da para una serie completa, pero lo que trataron de rescatar es bueno porque, por fin, se pudo ver la causa buscadora … Esta no es de una sola persona, sino que son todas las personas, de las familias que aparecen en la película (Graciela, Tamaulipas).
La película muestra lo que puede mostrar, ya que es una parte de la búsqueda en una persona que ni siquiera sabe cómo hacerlo … Eso fue lo que pasó con nosotras, pues así como Julia, de poco en poco te vas enterando lo que debes hacer en un escenario terrible donde la autoridad no ayuda (Edith, San Luis Potosí).
En la película falta un cierre más esperanzador, algo que muestre que nuestra lucha sí da resultados, pero como no lo tiene, te deja esa sensación de que todo está de la chingada y que poco se puede hacer (Mónica, Jalisco).
A manera de conclusión
Ruido busca, en sentido narrativo, representar el proceso de búsqueda y lo hace, como se señaló en el análisis, organizando la película por estaciones de búsqueda, las cuales están divididas entre las oficiales y las no oficiales. Estas últimas, además, permiten conocer la labor de los colectivos de madres buscadoras, puesto que son quienes organizan las búsquedas, acompañan y arropan a las madres que pasan por la misma situación. Como hicieron con Julia, el personaje de ficción, las madres buscadoras reales que participan en la película.
Sin embargo, el hecho de que se busque mostrar todos estos pasos -cada uno complejo y no tan lineal como se presenta en la película- hace que las madres buscadoras entrevistadas reconozcan aciertos en la representación que se hace de ellas en la película, pero también que encuentren vacíos en un trabajo que es más una red de apoyo de acompañamiento y de fortaleza que solo una estación de paso, aunque reconocen también que el caos narrativo y visual de la película es la realidad que viven quienes inician en la búsqueda de un desaparecido en México.
Una de las conclusiones más significativas en torno a su conexión con Ruido es que para ellas la vinculación con Julia ocurre porque “sienten su dolor”, pero sobre todo porque en pantalla aparecen “esas otras Julias” que son dignas representantes no solo de su dolor, sino también de la esperanza de encontrar a quienes aman.
Finalmente, como se pueden reconocer elementos estéticos que acompañan a la representación del narcotráfico en México, este filme arroja imágenes que ayudan a crear la retórica de la búsqueda, estas son principalmente colectivas, esperanzadoras e independientes. Esto es algo que las madres buscadoras destacaron porque, pese a las ausencias dentro de Ruido, sí reconocen la importancia de que se hable de su dolor y su búsqueda a través del cine.
Las fichas de desaparecidos, lo altares (públicos y privados), los bordados, el lugar que ocupan las madres en las marchas feministas abrazadas por el color violeta, pero también por el tejido rojo de la sangre de los que fueron asesinados, son algunas imágenes que ya forman parte del México contemporáneo; por ello, son trasladadas a las pantallas de cine como presencia de la ausencia, el dolor y la búsqueda, y nos resultan familiares porque están siempre ahí a la espera de justicia.
De ahí que se requiera hacer un análisis siempre cruzado entre las representaciones mediáticas que sobre las desapariciones se están creando en el cine mexicano y la manera en que las audiencias comprenden esta apuesta narrativa en la que principalmente mujeres directoras buscan colocar a las madres buscadoras como sujetas de acción y esperanza.










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