Introducción
La movilidad laboral es un fenómeno cada vez más presente en la vida cotidiana de la población que reside en las áreas urbanas. Su tendencia ascendente es debido principalmente a la actividad económica y al crecimiento de las ciudades. Tres son las transformaciones metropolitanas que han ocasionado este proceso social: la expansión del fenómeno metropolitano hasta alcanzar, en ocasiones, una dimensión regional; un cambio en su estructura interna que sustituye de forma progresiva los esquemas monocéntricos caracterizados por un acusado gradiente centro-periferia, por otros de carácter multipolar; y una ruptura en la continuidad como elemento definidor del espacio metropolitano, al considerar la existencia de áreas dispersas y a gran distancia del núcleo metropolitano, pero fuertemente interconectadas con él (Méndez, 2007). El resultado es la reasignación de las actividades económicas y de la población, dispersando los mercados de trabajo hasta el punto de provocar una verdadera transformación en un breve periodo de tiempo en estas áreas metropolitanas.
En este sentido se generan áreas funcionales interrelacionadas con elevados flujos de movilidad laboral. Ello hace evidente la necesidad de emprender estudios que abarquen dicho fenómeno en México. Por lo que en este trabajo se abordara la movilidad laboral en la Región Centro de México, espacio geográfico que concentra nueve zonas metropolitanas muy cercanas entre sí, donde las actividades económicas en el territorio no siguen pautas homogéneas y presenta una gran heterogeneidad en sus ocupaciones. Por consiguiente en el presente documento, se busca contestar las siguientes preguntas ¿Cuál es el peso que tiene la movilidad laboral hacia otras Zona Metropolitanas de la Región Centro en la composición de la población económica activa en cada una de las zonas metropolitanas de este espacio geográfico? ¿Cómo se relaciona esta movilidad laboral con el proceso de migración intrametropolitana que experimenta la Región Centro de México? ¿Cuáles son los factores sociodemográficos que inciden en la movilidad laboral en la Región Centro de México? Se parte de la idea de que la migración intrametropolitana está fuertemente relacionada con la movilidad laboral hacia otras Zonas Metropolitanas.
Para lograr contestar lo anterior el documento está organizado de la siguiente manera: en la primera sección, y con el fin de poner en contexto, se efectúa un breve análisis de la relación entre movilidad y migración. La segunda da a conocer el concepto de Zona Metropolitana empleado en el análisis, así como la descripción de la información utilizada. En las siguientes secciones se realiza un estudio de la población en las Zonas Metropolitanas y los movimientos migratorios de esta zona. Posteriormente se estudia la movilidad laboral resaltando su relación de ésta con la migración, así como las características más importantes y los factores sociodemográfico de más influencia de este evento en la Región Centro de México. Por último, se resumen los principales hallazgos de este trabajo con un breve apartado de conclusiones.
Migración y movilidad laboral
Al inicio del proceso de urbanización se reservaba el término de migración al desplazamiento geográfico que no sólo cambia su residencia sino también el resto de los ámbitos cotidianos, fundamentalmente el lugar de trabajo (Lewis, 1982). Hoy en día con un proceso de urbanización más consolidado donde los procesos de metropolización juegan un papel relevante, la migración implica un desplazamiento de residencia que no conlleva necesariamente a un cambio en el lugar de ocupación. Esta migración rompe con el tradicional desplamiento de lugar de residencia que implicaba también un cambio en las actividades del individuo (Módenes, 1998). Según (Gilbert, 1992), los procesos migratorios se han modificado. Con mayores facilidades para recorrer considerables distancias, la fuerza de trabajo puede optar por mantener su residencia lejos de su lugar de trabajo viajando cotidianamente al mismo, o bien conservar su trabajo en la ciudad y moverse lejos de ésta.
Los movimientos migratorios imbricados en los actuales procesos de metropolización están asociados con el deseo de mejorar la calidad y naturaleza de la vivienda, y no involucran muchas veces la interrupción de las actividades cotidianas (como la del trabajo, el estudio etc.). Este patrón que siguen los movimientos migratorios es lo que Zelinsky (1971) llama la transición de la movilidad, misma que se presenta en los niveles más avanzados de desarrollo urbano y es reflejo del nuevo papel que juegan las metrópolis.
De igual manera, en esta etapa de urbanización se fortalece la migración urbana-urbana, surge una mayor relación de actividades económicas y de población entre las metrópolis cercanas entre sí, es por ello que la migración intrametropolitana aumenta su importancia cuantitativa y cualitativamente. La población de la metrópoli se expande en ciudades pequeñas o medianas contiguas a ésta, la metrópoli es la principal área de expulsión y a las periferias como las áreas receptoras de inmigrantes. En ese sentido, se torna evidente el papel de la mayor parte de los municipios vecinos o cercanos a los grandes centros urbanos nacionales: no solo recibir el “excedente” demográfico del centro, sino, sobre todo, ser el locus de la casi inexorable continuidad del proceso de expansión urbana de la región. Por tanto, no se trata de un movimiento de transferencia poblacional de un territorio hacia otro, sino de la incorporación de estos últimos al proceso de formación de la “gran ciudad” metropolitana (Pinto, 2007). Autores como Grammont (2008) destacan la temporalidad de la migración como un factor importante que permite el retorno al lugar de residencia y plantean que la migración definitiva para trabajar en la ciudad ha dejado de ser una alternativa viable. Hoy en día, la facilidad de movimiento que brinda el desarrollo de las vías de comunicación y las mejoras en el trasporte hace que la población pueda viajar más lejos. Como consecuencia, surgen los viajes cotidianos y la migración temporal como opción (Grammont, 2008).
Los motivos de los desplazamientos migratorios son diferentes a los de la migración clásica, es decir, la que se produce entre regiones y por motivos laborales, las nuevas tendencias indican que la migración intrametropolitana está fomentada por varios procesos de urbanización residencial como: asentamientos informales, proyectos gubernamentales de vivienda y barrios de estratos altos en zonas históricamente pobres o semirurales. Esta forma de urbanización se caracteriza por ocupar el territorio de forma dispersa y expansiva, configurando una gran periferia (Molina, 2009). Por lo que, los traslados dentro de las metrópolis se han polarizado: al histórico movimiento de pobres hacia la periferia se suma el de familias acomodadas a zonas rurales próximas a las metrópolis, desde las que se movilizan a diario para trabajar y estudiar en la gran ciudad (Celade, 2006).
A la par de estas migraciones dentro de las “áreas metropolitanas” las movilidades cotidianas como laborales, educativas o de ocio cobran una gran relevancia. En el caso específico, la movilidad laboral se puede explicar por situaciones que hemos señalado anteriormente: por los procesos de producción y valorización de la tierra para fines habitacionales, así como aquellos relacionados con la localización de las actividades económicas. En este último caso, la divergencia entre los lugares para vivir y para trabajar ha creado nuevos y complejos desafíos. Esto conduce a pensar, como lo hace Villaça (1998), en un espacio intraurbano concebido como el espacio de circulación de individuos, en particular de aquel “portador del bien fuerza de trabajo”, lo que hace que la cuestión de la movilidad laboral sea un elemento esencial para entender la existencia de la metrópolis misma.
Dentro de la metrópoli la movilidad varía según el grupo social involucrado, según la diferencia consiste en si ha migrado o no lo ha hecho. La migración puede provocar aumentos de los desplazamientos laborales, si el progresivo desplazamiento del lugar de trabajo y alojamiento posibilita estos desplazamientos. Esta movilidad al trabajo puede dar lugar a varios tipos de movilidad laboral. Según Meil y Ayuso (2006), con más detalle tenemos: la movilidad circular, es decir de ida y vuelta, que comprendería a los que se mueven diariamente (daily commuters), semanal (weekly) o mensualmente, de forma irregular (vari-mobile) o temporalmente (Seasonal). En segundo lugar se encontrarían aquellos que se mueven de forma no circular, como por ejemplo: los movers (recent relocators), los emigrantes (migrants), los delegados en el extranjero (foreign delegates) o los trabajadores nómadas (job nomads). Cada tipo de movilidad requiere un estudio exhaustivo sobre sus características y efectos (Meil y Ayuso, 2006:8). En este trabajo se analizará únicamente a las personas que señalaron que su trabajo está fuera de su Zona Metropolitana de residencia. Tomando en cuenta que la pregunta está planteada de la siguiente manera ¿En qué municipio o delegación está el negocio, la empresa o lugar donde trabajo la semana pasada?
Metodología
En el presente trabajo se tomó la definición de Zona Metropolitana planteada por el grupo de trabajo conformado por la Secretaria de Desarrollo Urbano (SEDESOL), El Instituto Nacional de Estadística, Geografía Informática (INEGI) y el Consejo Nacional de Población (CONAPO) que desarrollaron en 2004. Este grupo de trabajo adoptó la definición de Zona Metropolitana como “el conjunto de dos o más municipios donde se localiza una ciudad de 50 mil o más habitantes, cuya área urbana, funciones o actividades rebasan el límite del municipio que originalmente lo contenía, incorporando como parte de sí misma o de su área de influencia directa a municipios vecinos, predominantemente urbanos, con los que mantiene un alto grado de integración socioeconómica, se incluye además a aquellos municipios que por sus características particulares son relevantes para la planeación y políticas urbanas” (Grupo Interinstitucional, 2012). Adicionalmente, se define como zonas metropolitanas a todos aquellos municipios que contienen una ciudad de un millón o más de habitantes, así como aquellas ciudades de 250 mil o más de habitantes que comparten procesos de conurbación con ciudades de Estados Unidos. Con estos criterios el grupo de trabajo identificó 59 zonas metropolitanas en el año 2010 en todo el país (Grupo Interinstitucional, 2012). Para los objetivos del presente trabajo, tomaremos como referencia las nueve zonas metropolitanas propuestas por el Grupo Interinstitucional en la región centro.
Con base a lo anterior se procedió agrupar a las nueve zonas metropolitanas (Zona Metropolitana de la Ciudad de México, Puebla, Toluca, Cuernavaca, Cuautla, Apizaco-Tlaxcala, Pachuca, Tula y Tulancingo) de la Región Centro, con la información de los microdatos de XII Censo de Población y Vivienda de México. Para identificar a la persona que había cambiado de residencia, se tomó la pregunta sobre el lugar de residencia en una fecha fija previa (en los últimos cinco años previos a la fecha censal, conforme al criterio de la Organización de las Naciones Unidas), con ello se identificó al migrante entre zonas metropolitanas. Con esta información se construyó una matriz de flujos migratorios, para examinar de manera agregada los cambios residenciales.
Asimismo, con la pregunta ¿En qué municipio o delegación está el negocio, la empresa o lugar donde trabajo la semana pasada? Se construyó una matriz de desplazamientos por motivos de trabajo con el fin de destacar las interrelaciones de los mercados laborales de las diferentes áreas metropolitanas de esta región del país. Aquí cabe aclarar que en el trabajo sólo analizaremos aquellos individuos que señalaron que ejercía una actividad económica fuera de su zona metropolitana de residencia, y dejáramos de lado a las personas que se mueven a trabajar dentro de los municipios que constituyen la zona metropolitanas. Considerando que estos últimos deben ser analizados separadamente, pues forma parte de la movilidad cotidiana de los habitantes de estas zonas y son un componente junto con otros tipos de movilidad cotidiana (educativa, diversión, compras, etc.) determinante en la planificación territorial y urbana de las áreas metropolitanas.
Es importante resaltar que la fecha entre el evento migratorio y la movilidad laboral no coinciden, ya que la fecha de migración se fijó cinco años antes y la movilidad con un periodo de referencia de una semana, por lo que un migrante reciente al realizar el movimiento migratorio hace cinco años pudo haber estado trabajando fuera de la Zona Metropolitana y haber encontrado trabajo en los municipios de la Zona Metropolitana donde actualmente reside en el transcurso de ese tiempo, por lo que al momento de la fecha censal no está llevando una movilidad laboral. Además, puede darse el caso que una persona se desplazó antes y/o después de la fecha de la migración, por lo tanto, no contabilizarse como migrante, esta desincronización entre los eventos puede dar infinidad de situaciones que afecten al proceso que queremos estudiar. Pero estos escenarios no impiden dar un bosquejo general entre la movilidad cotidiana laboral y las migraciones intrametropolitanas, proceso que pretendemos estudiar. Por lo que este trabajo sólo este estudiará a las personas que se desplazan a trabajar a otro municipio. Sin embargo se tiene una ventaja, según Delaunay (2013) en primer lugar, existe una perfecta sincronización entre las características individuales y la práctica de la movilidad, lo que evita la mayor dificultad del estudio socioeconómico de las migraciones, esto es, un desfase entre las fechas de la migración y del censo. En el caso de las migraciones cotidianas se describe a las personas en el momento de la práctica, sobre todo su actividad es estrictamente actual. Asimismo, la movilidad se capta, contrariamente a lo que sucede con los cambios de residencia, de los que parte de ellos pasan desapercibidos en los censos (Delaunay, 2013).
La región urbana del centro
Según Sobrino (2013) la región urbana del Centro es la de mayor concentración poblacional y económica en México. El nodo central de dicha región es la Zona Metropolitana de la Ciudad de México (ZMCM) que es la más grande del país concentrando el mayor número de población y actividades económicas de México. Además, a esta región pertenecen dos metrópolis de más de un millón de habitantes (Puebla y Toluca) y ocho de tamaño intermedio (Apizaco, Cuernavaca, Cuautla, Pachuca, San Martín Texmelucan, Tlaxcala, Tula y Tulancingo).1 Su población en 2010 fue de 29.1 millones de habitantes, 25.9 por ciento del total nacional, mientras que su Producto Interno Bruto (PIB) en 2008 se ubicó en 355 mil millones de dólares, 32.6 por ciento del total. Su PIB por habitante fue 1.3 veces mayor con respecto al promedio nacional (Sobrino, 2013).
Además, las zonas metropolitanas concentran 76.2 por ciento de la población de la región Centro, 22.9 por ciento del PIB primario; 93 por ciento del PIB manufacturero, y 95.3 por ciento del PIB terciario de la región. El sector primario pierde importancia (absoluta y relativa) ante el crecimiento del secundario y principalmente el terciario, que se perfilan como los sectores que marcan la pauta de la dinámica económica en la región Centro. Por otra parte, el secundario se reestructura geográficamente, proceso evidenciado por una dispersión territorial de las manufacturas hacia ciudades medias y pequeñas al interior de la región, mientras tanto el terciario registra un proceso diferenciado: los servicios y el comercio especializado se localizan en zonas metropolitanas o núcleos urbanos de alta jerarquía, por su parte los servicios y el comercio de baja especialización, se distribuyen en localidades de baja jerarquía urbana. Los espacios económicamente más dinámicos en la región son los metropolitanos. Si bien la dinámica económica al interior de la región se enfoca en los sectores secundario y terciario, son las zonas metropolitanas y concretamente sus municipios centrales, los verdaderos territorios protagonistas de la dinámica económica, al concentrarse en ellos los porcentajes más altos del PIB secundario y terciario de la región. Esta tendencia será difícil de revertir debido a la especialización terciaria que acontece en el conjunto del país y concretamente en la región Centro (Olivera y Galindo, 2013). Por su parte, Domínguez (2015) encontró que las ZM de Cuautla, Querétaro y Toluca son las metrópolis del centro donde las oportunidades del empleo han aumentado de manera relevante en el segundo quinquenio de este siglo. Además, demostró que la ZMCM es la más especializada en diferentes servicios. Por otro lado, resalta que las otras ZM de la región centro orienta su actividad económica en industrias manufactureras, comercio al por mayor, comercio al por menor, transporte, servicios educativos, servicios culturales y deportivos, y otros servicios que son sectores que no especializan la ZMCM (Domínguez, 2015: 49) (Figura 1).
La migración entre zonas metropolitanas de la región centro de México
Las zonas metropolitanas (ZM) de la Región Centro de México concentraban 25.9 por ciento de la población total del país en el año 2010. Sin embargo, 42 por ciento del total de emigrantes de todas las ZM del país salieron de esta región y el 36 por ciento del total de inmigrantes se asentaron en alguna ZM de la región centro. Esto da una idea de la importancia que reviste la migración tanto para las ZM ubicadas en este lugar como para las del resto del país. En lo que respecta a la distribución de los cambios de residencia entre las zonas metropolitanas de la Región Centro de México, se registraron más de 280 mil movimientos de personas en los últimos cinco años del periodo de referencia censal, cambiaron su residencia de una zona a otra. La ZM de la Ciudad de México (ZMCM) es responsable de la mayor parte de los movimientos que ocurren al interior de la misma, ya que más de 60 por ciento de los movimientos fueron generados desde ZMCM hacia la ZM contiguas. Las corrientes migratorias que salen desde y hacia la ZMCM implican una heterogeneidad de movimientos o formas variadas de desplazamientos. Los movimientos metropolitanos-metropolitanos se convierten en los más importantes, sin embargo metropolitanos-urbanos, metropolitanos-rurales, rurales-rurales también son una opción para las personas de esta región. Estos resultados no son novedad, desde los años ochenta se ha documentado el proceso de desconcentración poblacional provocado por la intensa salida de las personas de la ZMCM hacia sus zonas metropolitanas contiguas;2 por ejemplo: del año 2005 al 2010 se observa que más de 90 por ciento de los migrantes recientes que arribaron a las ZM Toluca llegan de la ZMCM, asimismo este flujo de migrantes de la ZMCM representa 86 por ciento de las personas que llegan a Pachuca, 85 por ciento a Cuernavaca y aproximadamente 60 por ciento a Tula, Cuautla, y Tulancingo. Además, poco menos de la mitad de los inmigrantes a las ZM de Puebla-Tlaxcala son de la ZMCM. A su vez más de la mitad de las personas que salieron de la ZM de Toluca (62 por ciento) y Pachuca (53 por ciento) se trasladaron a la ZMCM. También la mayor parte de las personas que salieron de las ZM de Tula (47 por ciento), Tulancingo (43 por ciento), Puebla (42 por ciento), Cuautla (40 por ciento), Cuernavaca (39 por ciento), Apizaco (39 por ciento) y Tlaxcala (38 por ciento) se dirigieron a la ZMCM (Tabla 1).
Tabla 1: Matriz de migración de las zonas Metropolitanas de la región centro de México, 2010

Fuente: elaboración propia con base a los microdatos del Censo de Población y Vivienda 2010.
Conocer el motivo de esta migración es importante, porque nos permite inferir si las personas se mueven por cuestiones relacionadas con el trabajo o son cambios de residencia que no tiene nada que ver con causas económicas. El censo de 2010 no incorporó ninguna pregunta en donde podamos obtener las razones para migrar; sin embargo, el censo de 2000 permitió conocer las causas de la migración para cada Zona Metropolitana,3 con esta información censal se observa que la mitad de los cambios de residencia de los migrantes metropolitanos son por motivos laborales, la otra mitad de los desplazamientos internos tienen otros propósitos. Dentro de ellos se encuentran los que pueden ser etiquetados como residenciales, que tienen como objetivo mejorar las condiciones habitacionales de la persona o su familia. Este tipo de migraciones son relativamente nuevas en el panorama nacional, y se insertan en el marco de la política habitacional implementada por el gobierno federal. A partir de 1996 dispuso que los créditos a los derechohabientes del Instituto Nacional del Fomento a la Vivienda (INFONAVIT) pudieran ser ejercidos en cualquier lugar del país no necesariamente en el lugar donde trabajaba el afiliado a este instituto de vivienda, lo que permite que el sujeto del crédito pueda ejercerlo donde mejor le convenga. Este hecho ha provocado una expansión inmobiliaria en las ZM contiguas a la Zona Metropolitana de la Ciudad de México (ZMCM), lugar donde los agentes inmobiliarios busquen a sus futuros compradores; ya que para muchos habitantes de la ZMCM resulta atractivo porque en esta ZM el valor de una vivienda es más elevado y los espacios más reducidos. Estos resultados coinciden con la tendencia observada en las metrópolis de otros países latinoamericanos, en las que la urbanización residencial de las afueras de la ciudad, actúan como principal factor de movilización de población, tanto por la oferta privada de vivienda en condominio o barrio cerrado, como por la vivienda de interés social o el asentamiento informal, todo ello en un proceso de colonización de tierras otrora agrícolas, fomentado por políticas de liberalización del mercado inmobiliario. Las “nuevas” migraciones internas señalan la búsqueda de vivienda como uno de los principales factores de movilización de población (Molina, 2009). De igual manera Rodríguez (2008) en un estudio para cuatro áreas metropolitanas de América Latina de Brasil, Chile y México concluye lo siguiente:
que no parece existir una motivación laboral para las migraciones intrametropolitanas … lo que hace presumir que con su cambio de residencia no buscaron "acercarse al trabajo", sino probablemente satisfacer otras dimensiones de su función de bienestar (espacio, comodidad, seguridad, etc.) (Rodríguez, 2008: 69).
La movilidad laboral entre las zonas metropolitanas de la región centro de México
Los resultados de la Tabla 2 muestran que en 2010, se desplazaban más de un millón de personas más allá de su espacio metropolitano para realizar una actividad económica. Es decir, estas personas tienen un empleo fuera de los límites administrativos de su ZM de residencia. Esta cifra indica que una de cada diez personas ocupadas en las ZM de la región Centro de México realiza una movilidad obligada por motivos laborales fuera de su ZM de residencia. Los resultados revelan una notable intensidad de movimientos laborales en la ZM de Tlaxcala-Apizaco, Tula, Pachuca, Valle de México y Cuautla donde más de diez por ciento de su población ocupada se mueve fuera de la ZM a trabajar; en cambio las ZM de Puebla-Tlaxcala y Cuernavaca son las áreas metropolitanas que presentan menor intensidad en los traslados laborales.
Tabla 2: Población económicamente activa ocupada y movilidad laboral por Zonas Metropolitanas en la Región Centro del País

Fuente: elaboración propia con base a los microdatos del Censo de Población y Vivienda 2010.
El gran número de individuos que informaron que viven en una Zona Metropolitana y trabaja fuera de esta, es el resultado de las transformaciones de los mercados laborales locales. Sin embargo, la gran mayoría de estos desplazamientos no se trasladan a los sectores económicos de las áreas metropolitanas, sino que se localizan en municipios que no se ubican en una zona metropolitana, es decir fuera de las regiones metropolitanas, ya que como podemos observar en la Tabla 2 un poco más de un millón de personas tenían trabajo en municipios que no estaban localizados en una zona metropolitana (Tabla 2). En muchos casos estos desplazamientos son a municipios cercanos a la Zona Metropolitana, esta movilidad laboral no es a pocos municipios, sino que se produce en todo el territorio de la región centro.
Este dato refuerza la idea que los municipios situados fuera de la región metropolitana tienen una conexión en el funcionamiento de esta y que el área de influencia de la zona está más allá de su límite físico. Esto se debe a la dispersión de las actividades en áreas pequeñas generalmente localidades rurales cerca de un área metropolitana, y está ligado a los procesos residenciales que existen en el territorio metropolitano, provoca que ciertos individuos prefieran vivir en un área metropolitana y trabajar en un municipio fuera de esta. De igual manera esta información nos proporciona evidencias que los municipios cercanos a la metrópolis del centro constituyen espacios que de una u otra manera se encuentran imbricados en el funcionamiento de las distintas ZM de la región centro del país y esta movilidad genera nuevos territorios que se incorporan a la dinámica territorial a través de redes de relación que han modificado la estructuración del territorio. Ya no sólo se privilegian los vínculos entre la ciudad central y el resto de las ciudades o áreas metropolitanas, sino también entre éstas y las pequeñas áreas rurales cercanas que se expresan en un alto grado de interacción, como parte de los cambios que ocurren en el contexto de la metropolizaciòn de la zona centro. Esto nos conduce a visualizar lo que unos autores han llamado una nueva ruralidad donde se privilegian los cambios territoriales sustentados en la modernidad y los aspectos asociados a ella —la urbanización, la producción flexible y los avances tecnológicos—, que han modificado por completo las interacciones población-territorio. Las nuevas condiciones territoriales que acercan cada vez más lo rural a los centros urbanos, además de multiplicar las relaciones funcionales con su ámbito urbano-rural, alcanzan territorios más distantes. En este proceso, la movilidad se ha convertido en uno de los mecanismos que han transformado la forma de vida de las personas del campo, pues no sólo les ha permitido desvincular el lugar de trabajo más allá de los espacios locales como parte de las estrategias ocupacionales ante la recesión de la agricultura, sino también les permite satisfacer otro tipo de necesidades, como la salud, las compras, la educación o las actividades de ocio (Cerón, 2015).
La relación entre la movilidad laboral y las migraciones
Frecuentemente se relaciona la movilidad laboral cotidiana y los movimientos migratorios. Según Ajenjo y Sabater (2004) los cambios de residencia incrementan la movilidad por motivos de trabajo. Esta relación es claramente positiva, en el sentido que cuanto más reciente es la llegada al municipio, mayor es la movilidad laboral, tanto en el porcentaje de los que trabajan en otro municipio como en la distancia que éstos recorren. Sin embargo, para la región centro los datos indican que existe una mayor propensión a trabajar fuera de la ZM entre las persona que no han migrado recientemente, ya que solo 12.7 por ciento de las personas que cambiaron de residencia en los cinco años recientes en esta región del país trabajan fuera del área metropolitana donde reside actualmente. Este dato nos indica que hay una relación muy débil entre los migrantes recientes y la movilidad por motivos de trabajo, la mayor parte de los migrantes recientes trabajan en las zonas metropolitanas donde llegaron (Tabla 3). Estos datos son consistentes con los hallazgos encontrados por (Rodríguez, 2008: 65) en cuatro zonas metropolitanas de Latinoamérica, según él los migrantes que provienen de fuera de la ciudad, en particular si vienen desde lejos, tienen menos probabilidades de ser conmutantes que los no migrantes. Y esto es razonable porque: i) el traslado desde una larga distancia hace virtualmente inviable mantener el trabajo en el origen, por ende, deben tener trabajo en el área metropolitana; y ii) venir a trabajar a la metrópolis implica costos de inserción debido a la falta de rodaje de los inmigrantes, por ello, estos migrantes aprecian por sobre otras consideraciones la cercanía al trabajo (Rodríguez, 2008: 65).
Tabla 3: Migrantes con y sin movilidad laboral en las Zonas Metropolitanas de la Región Centro del México

Fuente: elaboración propia con base a los microdatos del Censo de Población y Vivienda 2010.
Por lo tanto, si los migrantes recientes se insertan en los mercados laborales locales, es conveniente conocer cuáles son los sectores productivos o económicos donde estos migrantes se colocan en cada ZM en particular. Por un lado, el traslado de industrias desde la ciudad de México hacia las zonas contiguas que se inició en los años ochenta ha contribuido a una mayor creación de empleos manufactureros en estas aéreas metropolitanas, por ejemplo en la Zonas Metropolitanas de Toluca, Tulancingo y Puebla más de 20 por ciento de los migrantes recientes se han insertado a trabajar en actividades manufactureras. Otras zonas importantes como generador de demanda de trabajo para migrantes en el sector manufacturero son Tula y Tlaxcala (Tabla 4). A su vez, se observó que la intensidad de atracción de mano de obra migrante en el sector de la construcción es más fuerte en Cuautla, Cuernavaca, Tula y Tulancingo; donde uno de cada diez migrantes ha encontrado empleo en este subsector. En las otras zonas la intensidad es menor (Tabla 4).
Tabla 4: Porcentaje de migrantes en las Zonas Metropolitanos en la Región Centro de México por sector de actividad

Fuente: elaboración propia con base a los microdatos del Cuestionarios Ampliado del Censo de Población y Vivienda 2010.
El incremento de la población de las zonas metropolitanas ha provocado una mayor demanda de empleo migrante en los sectores comerciales principalmente el comercio minorista, este subsector es el más importante en cuanto su capacidad para absorber los trabadores migrantes en todas las Zonas Metropolitanas de la región centro del país. Sin duda la facilidad para incorporarse en este sector juega un papel importante, pues se requiere escasa formación educativa. También la poca capacidad financiera para crear un negocio en este subsector juega a favor de que los migrantes se inserten en él. Un importante porcentaje son trabajadores por cuenta propia, según la información censal obtenida 43.3 por ciento de los migrantes recientes son trabajadores por cuenta propia. A pesar, de que en estas zonas metropolitanas se han establecido grandes centros de autoservicios, asociados cadenas y conglomerados nacionales y extranjeros, el comercio al por mayor tiene escasa presencia en la contratación de migrantes en esta metrópolis. De igual manera, los servicios educativos públicos y privados. Caso contrario sucede con las actividades agropecuarias que a pesar de ser inexistentes en la mayoría de estas metrópolis, son fuertes generadoras de empleo a migrantes; pues, algunas zonas sobre todo las más pequeñas muestran una vocación de esta actividad, ya que la ZM de Tula, Tulancingo y Cuautla absorben más de diez por ciento del empleo a los migrantes (Tabla 4).
Por lo tanto, en el mercado de esas nuevas zonas metropolitanas predomina el empleo de actividades relacionadas con numerosos servicios a la población, que si bien en algunos casos se asocian con una mejora de los niveles de bienestar colectivos y con empleos de cierta cualificación (educación, salud, cultura…), en otros muchos pretenden cubrir necesidades básicas y exigen muy escasa formación profesional; como en el caso de las actividades de la construcción. En ese sentido, el migrante se adaptó a las ofertas de trabajo existentes más en función de sus características personales (edad, sexo, estado civil…) que de su formación previa, a menudo poco relacionada con esas ofertas. Se integran dentro del grupo que Gorz (1991) identificó como los nuevos servidores, que bien trabajan en tareas productivas de carácter manual (especialmente en la construcción) o, sobre todo, prestando servicios de proximidad cuya demanda ha crecido de forma sustancial debido al crecimiento de la poblacional que se ha dado en las zonas metropolitanas en los últimos años (Gorz, 1991, en Méndez, 2008).
Factores que explican la movilidad laboral cotidiana de los migrantes fuera de la zona metropolitana
Si los migrantes de la región centro se mueven poco por razones laborales fuera de la ZM donde residen, entonces cuáles serán las variables que tienen mayor peso en la movilidad laboral. Una regresión logística4 tomando como base los microdatos del XII Censo de Población y Vivienda da respuesta a esta duda. La información censal brinda información de ciertas características individuales que están ampliamente documentadas como determinantes en la movilidad laboral como son: el sexo, la edad, la escolaridad, ser migrantes, la posición del individuo en el hogar y los ingresos laborales.
De acuerdo a los resultados obtenidos en las Zonas Metropolitanas de la Región Centro ser migrante disminuye en 37 por ciento la probabilidad de moverse cotidianamente por motivos de trabajo, por lo que contradice a los señalamientos obtenidos en ciudades españolas por Ajenjo y Sabater (2004), y reafirma lo señalado anteriormente, la movilidad por motivos de trabajo no es realizada por migrantes recientes, si no por personas que señalaron no haberse movido en el periodo de referencia censal. Ser jefe de hogar disminuye la probabilidad de realizar una movilidad laboral respecto al ser hijo. Por otro lado, las personas del sexo masculino aumentan en 49 por ciento la probabilidad de tener un desplazamiento por motivos de trabajo respecto a las personas de sexo femenino, esto es explicado por el papel que tiene el hombre como proveedor del hogar. Además, los distintos roles que se atribuyen a mujeres y hombres implica tener modelos de movilidad distintos. Mientras ellas hacen más desplazamientos próximos y utilizan más el ir andando y el transporte colectivo, además de tener motivos más cercanos a las esferas domésticas, ellos viajan más lejos, utilizan el transporte privado y sus motivos estás más relacionados con la esfera laboral (Mirralles y Cebollada, 2009). Por lo tanto, los hombres suelen presentar una mayor movilidad que las mujeres, por lo que las causas de estas diferencias derivan del desigual reparto de responsabilidades familiares entre los cónyuges, siendo éstas las que más a menudo sacrifican sus carreras laborales (Meil y Uso, 2006).
En cambio cada año de edad disminuye en menos de uno por ciento la probabilidad de realizar traslados por motivos laborales, tal como se había predicho en otros estudios, existe una obvia correlación negativa con movilidad, ya que a medida que una persona o unidad familiar tiene más pasado que futuro, los incentivos para desplazarse tienden a ser menores (Galindo, 2010), se ha encontrado que los adultos jóvenes están más dispuestos a aceptar trabajos que requieren una elevada movilidad al principio de su carrera laboral que los trabajadores más mayores; ya que los jóvenes tienen mayor probabilidad de no tener pareja, no tener ni vivienda en propiedad, ni haber formado aún una familia los que expresan mayor disposición para la movilidad geográfica. Sin embargo, a partir de los 35 años, comienza una línea de progresión descendente debido a la asunción de compromisos familiares y al afianzamiento profesional.
Por otra parte cada año de escolaridad aumenta en cuatro por ciento la probabilidad de realizar movilidad por motivos de trabajo. Este dato nos señala que los individuos que realizan desplazamientos laborales tienen mayor escolaridad. Por lo tanto, las personas con mayor educación por lo regular están dispuestas a buscar trabajos mejor pagados fuera de su localidad de origen. Se ha documentado que el nivel de estudios tiene una correlación positiva con la movilidad, probablemente provocada por el hecho de que una cualificación mayor da acceso a un mercado de trabajo geográficamente más amplio (Galindo, 2010).
La movilidad diaria parece tener nexos con el funcionamiento del mercado de trabajo y con el nivel de ingreso de las personas. Y contra las imágenes iniciales o típicas, no son los más pobres o los informales los que conmutan más, sino aquellos con más educación y más formales (Rodríguez, 2008). El ingreso es una variable que puede ser valorada a la hora de buscar trabajo fuera de la ZM de residencia, en busca de mejorar su situación económica. Sin embargo, los ingresos laborales es un variable que no tiene ningún peso en la decisión de desplazarse en las ZM de la región centro de México, en ese sentido la movilidad cotidiana por motivos de trabajo implica niveles salariales muy similares a los que no han migrado (Tabla 5).
Conclusiones
Un poco más de diez por ciento de la población económicamente activa de las zonas metropolitanas (ZM) de la región centro realizan una movilidad laboral más allá de su ZM de residencia, esta cantidad no es menor ya que significan más de un millón de personas que se mueven en esta región. Las ZM donde los desplazamientos laborales tienen mayor presencia son: Tlaxcala-Apizaco, México, Pachuca, Tula, Cuautla y Toluca pues uno de cada diez trabajadores se desplazan fuera de su metrópoli a trabajar. Por lo regular estos traslados laborales son de la zona metropolitana hacia municipios no metropolitanos, por lo tanto los municipios situados fuera de la región metropolitana tienen una conexión en el funcionamiento de esta y que el área de influencia de la zona metropolitana está más allá de su límite físico. Esto se debe a la dispersión de las actividades en áreas urbanas pequeñas y localidades rurales cerca de un área metropolitana, y está ligado a los procesos residenciales que existen en el territorio metropolitano, que provoca que ciertos individuos prefieren vivir en un área metropolitana y trabajar fuera en los espacios urbanos y rurales que se ubican entre las ZM. También se demuestra que hay poca relación entre la migración reciente y la movilidad laboral, pues se encontró que la mayor parte de los migrantes provenientes de otras zonas metropolitanas se insertan en los mercados laborales locales, por lo que las ZM contiguas a la ciudad capital del país son espacios que han generado una gran diversidad de empleos en esta región en los últimos años. Aunque muchos de estos empleos están conectados a actividades propias de la demanda generada por el incremento de población. Por lo tanto, la información analizada deja muy claro que hay una relación muy débil entre los migrantes recientes y los desplazamientos laborales, ya que ser migrante reciente disminuye la probabilidad de realizar un desplazamiento laboral.
Por último, en el proceso de movilidad laboral en la región centro del país están involucradas más de un millón de personas que tienen que trasladarse a un espacio geográfico distinto al lugar donde viven, a estos movimientos de personas hay que agregarles los movimientos internos por motivos de trabajo. Por lo que nos da una idea de la magnitud del reto que tienen que hacer las diferentes administraciones públicas, para que las personas puedan desplazarse y realizar sus actividades cotidianas.