El segundo expediente, elegido al azar, resultó ser el N/600/300/42/4,
Correspondencia con la Asociación de Mujeres judías de Palestina, ya
hojeado la víspera. ¡Ésas siempre quejándose de la Potencia mandataria!
¡Habrase visto frescura! ¡A ver si no había una pequeña diferencia entre
una asociación de judías y el gobierno de Su Majestad Británica! Que
esperasen un mes o dos, así aprenderían. ¡O mejor ni contestarles!
Albert Cohen, Bella del Señor (1968)
Consideraciones iniciales sobre el personaje y la investigación
“Creadora en la vida colectiva”, para decirlo todo sobre Marguerite Thibert (1886-1982) en unas cuantas palabras, las de Françoise Thébaud, su más dedicada y cuidadosa biógrafa.1 Marguerite Thibert fue una mujer internacional del siglo XX, notable en las principales aristas de su vida, como feminista y alta funcionaria de la Oficina Internacional del Trabajo (BIT), su militancia socialista y pacifista fue también esencial, e igualmente fue reconocida en esos ámbitos. Sin duda una de las mujeres mejor preparadas de su tiempo, historiadora francesa de La Sorbona2 y la artífice y principal referente de una agenda mundial en materia de trabajo femenil e infantil durante más de cincuenta años, Marguerite Thibert se convirtió así en una “misionera experta” en América y Asia, “una viajera de grandes distancias con una gran red de corresponsales extranjeros”, en fin, en “‘una gran dama del BIT’ que se codeaba con los grandes de este mundo”.3
Françoise Thébaud ha dedicado muchos años a la que por supuesto será su obra más importante, una biografía cuya realización tomó años4 y que presume una excelente calidad de investigación en sus casi setecientas páginas; en lo general, se trata de un descubrimiento a profundidad tanto del personaje -como de lo que se preserva y habla de él- en numerosos bibliotecas y archivos internacionales. En su archivo personal destaca, según la propia Thébaud, un compendio epistolar que también puede parecernos sugerente: 140 cartas de Palma Guillén (1941-1975), célebre diplomática mexicana con el título de enviada extraordinaria y ministra plenipotenciaria, y última jefa de la delegación mexicana ante los organismos internacionales con sede en Ginebra en el periodo de entreguerras. ¿Qué pueden representar estas cartas5 sino la forma de poner a salvo una valiosa amistad -de confidentes hasta la muerte de la mexicana-6 y colaboración profesional entre dos excelentes mujeres de su tiempo a partir de la dispersión de la llamada Ginebra internacional como consecuencia de la guerra? Menciono esto porque algunas cuantas mujeres como Thibert y Guillén tuvieron una inesperada experiencia de vida cerca de la Sociedad de Naciones y de la Organización Internacional del Trabajo, inestimable y sorpresivo como su futuro después del breve episodio internacional de entreguerras. Mujeres como Thibert y Guillén personificaron el llamado “círculo de Ginebra” y dentro de él sus convicciones y militancia, empezando por el deseo de un mayor desenvolvimiento público de su género.7 Esta identidad y vocación solidaria entre mujeres destacadas y contrastantes en salones colmados de diplomáticos varones sobreviviría en su forma más amplia de red su desarraigo forzado por la guerra gracias a figuras como Thibert.
Puesto que este artículo tiene como principal propósito el estudio del acercamiento a México de Marguerite Thibert, coronado con dos importantes visitas en el transcurso de la guerra, el énfasis inicial en su relación con Palma Guillén tiene un innegable sentido.8 El conocimiento sobre México de esta funcionaria de la OIT debió profundizar a través de la relación cotidiana con Guillén y de estas experiencias profesionales, a partir de su primera visita a México en 1939 con motivo de la celebración de una particular Conferencia de la OIT en La Habana, en cuyo marco no dejaría de discutirse el trabajo de las mujeres y de los jóvenes.9 Este sería el antecedente principal de una estancia aún más larga y especializada en el trabajo infantil un par de años más tarde, en el contexto de la proyección definitiva del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), cuyo fruto tangible serían dos productos editoriales en esta línea de conocimiento con provecho de los mexicanos: adecuaciones relevantes en beneficio de las mujeres y las familias en la legislación para la naciente institucionalización social en este país, y, por último, el crecimiento de una red de contactos de alto nivel en México que habría de madurar con el tiempo, en particular con la futura primera embajadora mujer Paula Alegría, a quien Thibert conocería en los inicios de su carrera profesional en la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS) y vería transitar al ámbito diplomático con gran fortuna en torno a la Unesco.
Es fácil advertir la diversidad de facetas y ángulos posibles de aproximación a una personalidad histórica como Marguerite Thibert, aun acotando una problemática derivada de su contacto profesional con México y las cuestiones del trabajo de menores y mujeres en un contexto de institucionalización social posrevolucionario. La personalidad internacional de Thibert, definida no únicamente por su carácter de funcionaria de la OIT, quizá aún más por una vida larga y plena en esa dimensión, haría coincidir no únicamente a estudiosos en general de la historia internacional, bien de las organizaciones de corte multilateral de entreguerras, bien del fenómeno transnacional en ellas en torno a agendas tan amplias como el trabajo, la mujer, los niños, la trata, la seguridad social,10 o bien del despliegue regional extraeuropeo de la Sociedad de Naciones y la Organización Internacional del Trabajo, en este caso frente a sus miembros latinoamericanos.11 La fórmula Marguerite Thibert y México llamaría igualmente la atención de estudiosos de la cuestión social en América, generalmente acotados, aunque no limitados, a espacios nacionales de reconstrucción e interpretación de sus respectivos pasados, así como de historiadoras -por su dominio temático- del feminismo y las mujeres con una experiencia internacional en la Ginebra de entreguerras.12 Mujeres como Marguerite Thibert, vistas aun de forma tan específica a partir de su género y su especialidad profesional, no perdería esa propiedad de reflejo, comparable a la vista a través de un caleidoscopio. Una base firme sobre la cual adaptar una óptica de apreciación de la problemática de este artículo podría ser, en cierto modo, intuitiva y variable con aprovechamiento de los campos de afectación o pertinencia de la misma, referidos líneas arriba. El propósito de este estudio particular es comprender el trabajo llevado a cabo por Thibert en México y en relación con los temas de su especialidad, el trabajo de las mujeres y los menores de edad, poniendo como trasfondo la institucionalización de la seguridad social mexicana, en ningún modo ajena al fenómeno de transnacionalización de modelos y normas a través de la Oficina Internacional del Trabajo y sus expertos, como Marguerite Thibert. Estimo que la afectación circunstancial por parte de Thibert en estas problemáticas debió, sin embargo, mucho más a la suerte -condición excepcional para tantas mujeres en esos años-13 que a un plan institucional de incidencia, que en efecto existía y personificaba parte del funcionariado masculino ante el proyecto de seguridad social mexicano, como se verá páginas adelante.
A fin de contemporizar al lector interesado cabrían un par de consideraciones relevantes sobre la mentalidad de Marguerite Thibert en sus principales materias de dominio. Respecto a su criterio en tanto que especialista y partícipe de discusiones internacionales en materia social, tanto en la Organización Internacional del Trabajo (condiciones de trabajo femenino e infantil) como en la Sociedad de Naciones (agent de liaison en temas de trata de mujeres y menores), podría decirse que corresponde a su época y en modo alguno es liberal en tanto que se trata de problemas asociados, aproximándola a la razón común moralizante en tales oficinas y comisiones de estudio: claramente opuesta a la prostitución y negocios facilitadores de la misma por considerarse peligrosos para las mujeres, los menores y la sociedad. Desde una perspectiva realista del dominante rol hogareño de la mujer en la época, Thibert insistiría, de manera general, en la valorización y profesionalización de ese trabajo doméstico.14 Con relación a los menores de edad en el ámbito laboral, Thibert participaría en la realización de estudios dirigidos a la prevención de su prostitución (1939), problemática que Ginebra, con el respaldo de este funcionariado especializado, atendía con la formulación de modelos de reglamentación para las oficinas de colocación; acerca de la edad mínima para el desempeño de distintos trabajos; inspección y vigilancia de los centros de actividad laboral, especialmente donde había menores; precariedad alimenticia, entre otros. Y más directamente relacionado con el trabajo de observación e investigación que habría de realizar en México, Thibert escribiría (1938) un reporte sobre la protección general de menores para el trabajo de la Sociedad de Naciones en el ámbito de las cuestiones sociales.15
Marguerite Thibert y su inquietud por México
Fue precisamente en el momento de los preparativos de su viaje a La Habana con motivo de la segunda Conferencia Americana del Trabajo,16 cuando Marguerite Thibert solicitó 20 días de permiso a la Oficina Internacional del Trabajo para trasladarse a México, “un país donde el trabajo de las mujeres está creciendo y donde hace dos años se creó un organismo especial en el Ministerio del Trabajo que parece ser muy activo para abordar los problemas relacionados con el trabajo de las mujeres y los menores”.17 Detrás de este encuentro con América Latina y México, intuye Françoise Thébaud, tenía que estar la instigación de su amiga Palma Guillén.18 Thibert estaba dispuesta a cubrir sus propios gastos ante la oportunidad de “estudiar un poco ‘de visu’ la situación de los problemas de mi interés en un país latinoamericano más importante que aquel en el que tendrá lugar la Conferencia”.19 John Winant, nuevo director de la OIT, autorizó la estancia de Thibert en México y que sus gastos fueran cubiertos hasta donde ello fuera posible por la Oficina, con la petición única para Thibert de no demorar su regreso dada la necesidad extraordinaria de atención a la cuestión del trabajo femenil e infantil en el nuevo contexto bélico.20
Thibert se puso de inmediato en contacto con Manuel Tello, el experimentado y profesional jefe de la delegación permanente de México en Ginebra, precisando formalmente el propósito principal de su visita a México y los requerimientos y preparativos para que esta pudiera ser más provechosa. Destacaba, así, el estudio de las condiciones del trabajo en México de las mujeres y los adolescentes y los esfuerzos institucionales para mejorarlas, lo mismo que el papel en ello de la Comisión Investigadora de la Situación de la Mujer y de los Menores Trabajadores del Departamento del Trabajo creada en 1936 y responsable desde entonces de la realización de importantes estudios estadísticos y de inspección sobre el lugar y las condiciones de trabajo de mujeres y menores. La funcionaria internacional de nacionalidad francesa deseaba entrar en contacto directo con los miembros de la Comisión y su personal de inspección para tener, en el caso de las mujeres, más detalles sobre la lucha por una equiparación de salarios y la cuestión de la fatiga industrial; y en el caso de los jóvenes menores de edad, una idea más precisa respecto a las posibilidades de eliminación de su trabajo.
También me interesa -agregaba Thibert- la protección de los adolescentes durante el periodo de preparación para la vida y, por tanto, me gustaría estar en contacto con los servicios de asistencia social para menores. Finalmente, me gustaría no sólo tener conversaciones en los servicios administrativos sino visitar, en compañía de inspectoras o inspectores, algunos establecimientos en los que trabajan mujeres y adolescentes: textiles, confecciones, tabaco, por supuesto, pero también otros. Industrias (mecánica, química, etc.) en las que finalmente se emplea mano de obra femenina en una escala bastante masiva.21
Thibert planeaba embarcarse en el primer barco a México una vez clausurada la Conferencia de La Habana y pasar en la ciudad de México al menos ocho días. Quizá podría visitar otros centros urbanos importantes en su camino hacia Nueva York, su puerto de regreso a Europa. Para el estudio de las condiciones sociales del trabajo en México, Thibert solicitaba una planificación de actividades y visitas de inspección de parte de las autoridades mexicanas, la cual pudiera serle comunicada en La Habana para prepararse previamente.22 Manuel Tello sería muy claro y puntual al informar sobre la visita de Thibert a la cancillería, a quien presentaba como “francesa y doctora en filosofía y letras”, “muy estimada en los círculos de la Sociedad de las Naciones por la labor que desarrolla en la Oficina Internacional del Trabajo donde, como he dicho, se ocupa de las condiciones de trabajo de las mujeres y de los jóvenes desde hace muchos años”.23 En vista de lo anterior y del “gran interés y gran simpatía” por México reiterada por Thibert, Tello sugeriría corresponder a sus deseos y preparar su visita con ayuda del Departamento del Trabajo (que existió hasta diciembre de 1940) y la Secretaría Previsión Social y de la Asistencia Pública, en particular con las personas encargadas de la protección de las mujeres y de los menores de edad en el ámbito laboral, para que “pudiera llevarse una buena impresión del esfuerzo que se desarrolla en nuestro país en ese terreno”. Siendo aún más específico, Tello pedía que Thibert fuera acompañada por al menos una persona familiarizada con la cuestión general de estudio y que fuera capaz de hablar con ella en inglés o francés puesto que sólo leía el español.24
Fuente: Acervo Histórico Diplomático de la Secretaría de Relaciones Exteriores, exp. III-413-16 “Marguerite Thibert (Dra. en Filosofía)”.
Al entrar en contacto con la delegación mexicana a la Conferencia de La Habana en noviembre de 1939, Thibert encontraría en ella un viejo conocido: Isidro Fabela, presente en la isla como representante del Consejo de Administración de la OIT y también como delegado gubernamental mexicano.25 Conocería a su acompañante delegada, su esposa Rosa María Otero de Lombardo,26 con quien trabajaría en la Comisión del Trabajo Femenino e Infantil de la Conferencia Americana.27 Aunque sin ninguna experiencia sindical ni diplomática conocidas, Rosa María sería un apoyo y compañía importante en México, si bien el trabajo verdaderamente especializado de observación en escuelas,28 fábricas y talleres de la ciudad de México, y aun en la de Torreón (La Laguna), sería principalmente responsabilidad de Stela C. Martín, de la Confederación de Trabajadores de México, y de Luis Murillo Cornadó,29 vinculado con el Consejo Nacional de Población y con la Delegación del Departamento del Trabajo. Thibert mantendría un contacto epistolar con ambos después de su estancia en México y con Rosa María Otero a través de Stela C. Martín. De acuerdo con Françoise Thébaud, en esta primera estancia Thibert habría estado igualmente en contacto con los representantes de la Youth Women Christian Association (YWCA).30 Habría podido pasar algún tiempo con su amiga Palma Guillén, quien había programado sus vacaciones en México justo para el mes de noviembre, pero la mexicana debió permanecer en Ginebra ante la imposibilidad legal de dejar por su cuenta a una amiga de Barcelona y a sus dos pequeños hijos que hacía dos años vivían en su casa como consecuencia de la guerra en España.31
Además de llevar a cabo una labor de observación e inspección, Marguerite Thibert pudo dar a conocer las condiciones de trabajo de las mujeres y los jóvenes en otros países y continuó haciéndolo mediante el envío de publicaciones especializadas sobre ambas cuestiones, al menos hasta que la Oficina Internacional del Trabajo fue trasladada por su seguridad a la Universidad de McGill en Montreal en mayo de 1940. En marzo de ese año, Thibert pudo remitir para Stela C. Martín y Rosa María Otero títulos específicos para su aprovechamiento, como el Reporte de la Comisión del Trabajo de las Mujeres de la Conferencia Internacional Americana del Trabajo de La Habana (1939); The Law and Women’s Work; separatas del Année Sociale: Travail des Femmes (1937 y 1938); un par de números de la Revue Internationale du Travail (febrero 1938 y septiembre y diciembre de 1939); así como separatas específicas sobre “La condition sociale, economique et juridique des employées de maison” y “La OIT y los problemas de la juventud”.32 Stela C. Martín no sólo respondería agradecida, dando idea del uso efectivo de tales publicaciones:
Tanto la señora Lombardo como yo, hemos encontrado las publicaciones que se sirvió enviarnos muy interesantes. Estamos tratando de reimprimir algunas de ellas para que sean conocidas en México, hasta donde llega bien poco de los esfuerzos que ustedes hacen por allá para aliviar las condiciones de las mujeres que trabajan. Sírvase aceptar mis agradecimientos por su envío.33
El regreso de Thibert a Ginebra abriría una etapa breve pero difícil en su vida, no únicamente por el racionamiento y la incertidumbre dominante por “la barbarie la plus brutale”,34 en especial tras la invasión de Francia (junio de 1940), su país de origen y el de su familia aún. A finales de 1940 se vería suspendida de la Oficina Internacional del Trabajo en el marco del traslado de un número mínimo de funcionarios a Montreal a partir de Lisboa y la necesidad de Thibert de retrasar su partida para asistir a su hija en el nacimiento de su primer hijo. En este breve periodo, el gobierno de Vichy, abusando de la histórica influencia francesa en la OIT, pediría que no fueran llevados a Canadá -considerada una nación enemiga- funcionarios de nacionalidad francesa; medida de presión que junto con la creciente estrechez económica de la organización y la inesperada permanencia de Thibert, determinaron su suspensión a mediados de diciembre de 1940. Con la ayuda de Palma Guillén, Thibert intentaría en vano evadir esta especie de bloqueo y sanción para los funcionarios franceses de la Oficina: Thibert podría salir de Europa con destino a México para realizar una estancia breve de estudios y de allí trasladarse a Montreal para incorporarse a esta nueva Oficina. Con este propósito, Guillén le expidió a medidos de octubre un pasaporte diplomático y anunció su visita a la cancillería; entonces el nacimiento de su nieto demoró unas semanas su partida y vino su suspensión. La preocupación de Palma por Marguerite se lee claramente en su correspondencia reservada a la cancillería:
La Sra. Thibert -que estaba desde hace más de 17 años en la Oficina de Ginebra […]- debió de haber partido en el mes de octubre de 1940 para los Estados Unidos y el Canadá, e ir enseguida a los países latinoamericanos -especialmente a México- con el objeto de continuar los estudios y trabajos correspondientes a su sección. […] cuando un grave problema de índole familiar la hizo solicitar un plazo de dos meses para embarcar. El director del BIT, vista la justicia de la causa, concedió la prórroga.
En el inter sobrevinieron todos los incidentes que esa superioridad conoce: Francia protestó por la instalación de una Oficina que la prensa decía ser la sede de la Organización Internacional del Trabajo -y que lo es, de hecho- en un país beligerante; exigió que se declarara que no había cambio de sede y que se mantuviera en actividad la Oficina de Ginebra y prohibió a los funcionarios franceses, con amenaza de pérdida de la nacionalidad, que salieran de Europa. […]
La Sra. Thibert, que tiene la pasión de su trabajo me vino a ver antes de contestar para preguntarme si no sería posible que México la invitara para que fuera a continuar con los estudios y encuestas comenzados allá en 1939, pagándole simplemente sus gastos de hotel (ella costearía su pasaje) con el objeto de poder salir de Europa ya que, en esas condiciones, el gobierno francés le daría el permiso necesario, y una vez en América de reincorporarse al personal del BIT […].35
Marguerite Thibert viviría a partir de entonces meses de tristeza e incertidumbre, si bien esta medida administrativa dejaba abierta la puerta para una recontratación futura en la Oficina Internacional del Trabajo.36 Este sería, por otra parte, el momento de cálidas manifestaciones de apoyo y sororidad de parte de asociaciones feministas francesas e internacionales, así como de amigas entrañables que como Palma Guillén alentaron a Thibert a seguir adelante e insistieron en su reincorporación en una sección tan especial de la OIT que con su ausencia corría el riesgo de desaparecer.37 Esto no ocurriría, pero tampoco su regreso inmediato. Marguerite Thibert no volvería a la Oficina Internacional del Trabajo sino hasta abril de 1942 y hasta principios de ese año no tendría ninguna certeza al respecto. La posibilidad de una beca de la Association des Françaises diplômées des universités (AFDU), podría compensar el gasto cotidiano de sus ahorros, pero seguía siendo una posibilidad para Thibert a finales de 1941. Su amiga mexicana Palma Guillén no escatimaría ningún esfuerzo para ayudar a su amiga como responsable de la Delegación Permanente de México ante la Sociedad de Naciones38 y con ello, como lo rescata Thébaud de la correspondencia entre ellas, “favorecería los contactos con el gobierno mexicano” y contribuiría a unas relaciones más sólidas con ese país.39 La segunda visita de Thibert a México, diferida e incierta ya como consecuencia de su separación de la Oficina, empezaría finalmente a materializarse un año después.
El regreso a México
Marguerite Thibert, a título personal, pero con el aura de una especialista reconocida de la OIT y con una intención siempre manifiesta en beneficio de la misma, realizaría una nueva estancia en México entre noviembre de 194140 y marzo de 1942, periodo en el que pudo desempeñarse profesionalmente -por contrato a partir de diciembre- en la nueva Secretaría del Trabajo y Previsión Social (1940) de Ignacio García Téllez, ex secretario de Gobernación de Lázaro Cárdenas e impulsor decidido del proyecto creador -de ascendencia cardenista41- del Instituto Mexicano del Seguro Social (enero de 1943).42 Como se intuye y precisaré más adelante, Thibert tendría la oportunidad de revisar estos documentos, dando a las circunstancias y coincidencias temporales un peso innegable en esta historia, si bien no podrían obviarse los antecedentes de apreciación y estudio de este proyecto de institucionalización social de parte de otros miembros de la Oficina.43 El más importante se registró en marzo de 1941 por parte del subsecretario de la OIT experto en seguridad social, Adrien Tixier, no sólo por el interés de la organización expresado por este alto funcionario “por conocer la verdadera situación de nuestro país en el aspecto social”, sino por la necesidad de rehacer los archivos de la Oficina Internacional del Trabajo concernientes a México, los cuales, junto a los correspondientes a los demás miembros latinoamericanos de la organización no habían podido trasladarse a Montreal. Tixier trabajó en ello44 y en el proyecto mexicano de seguro social formulado por la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, “al que -tal como se precisaría en la memoria de esta Secretaría- hizo extensos e interesantes comentarios críticos, pues es un experto en la materia y estuvo durante mucho tiempo al frente de la Oficina de Seguros Sociales de la organización”.45 Los expertos refieren también la lectura por invitación que ese mismo año se hizo a Emil Schoenbaum,46 miembro integrante del comité de seguridad social de la OIT, y la influencia que el modelo mexicano de institucionalización de la seguridad social recibiría del checoslovaco a través de las enmiendas de este especialista.47 Todo ello en un contexto internacional adverso pero paradójicamente propicio para la discusión en el continente americano del tema de la seguridad social y de la concepción de acuerdos como la recomendación que con este nombre fue aprobada por la Conferencia Internacional del Trabajo en Filadelfia (mayo de 1944),48 apenas dos años después de la reunión en Santiago de la Conferencia Interamericana de Seguridad Social (septiembre de 1942), donde el proyecto de seguro social mexicano fue esbozado como ponencia,49 un eco de las palabras pronunciadas por García Téllez en el Consejo de Administración celebrado en Nueva York a finales de 1941:
[…] el desarrollo del seguro social, un desarrollo esencial para la vida de la democracia, que sólo puede existir si los trabajadores son debidamente asegurados contra los diversos riesgos que los amenazan. La preparación de estas medidas esenciales para el progreso social. Al garantizar esta preparación, la Oficina Internacional del Trabajo demuestra que constantemente tiene presente el factor ser humano, que es de tanta importancia en todo el mundo y en particular en los países latinoamericanos.50
Las estancias de Thibert corresponderían, por tanto, a dos tiempos en relación con la organización del trabajo en México y al apuntalamiento de la seguridad social mexicana con base en la nueva Secretaría del Trabajo y Previsión Social construida por García Téllez y que este explicaba como
[…] el aumento de la jurisdicción administrativa en el Ramo del Trabajo, la obligación creciente del Estado de cuidar de su riqueza humana productora mediante el impulso a los servicios de Previsión Social que tanto contribuyen a la protección de la vida, la salud y el patrimonio material y espiritual de las fuerzas del trabajo y abren perspectivas de acción gubernamental para el Seguro Social obligatorio; la construcción de colonias obreras con habitaciones baratas, cómodas e higiénicas; las sociedades cooperativas de consumo para la adquisición directa de artículos de primera necesidad; el combate de los vicios, el fomento del deporte y la disminución de los sin trabajo, etc.51
La nueva Dirección de Previsión Social de esta Secretaría comprendía departamentos y oficinas especializadas correspondientes a un espectro amplio de la seguridad social mexicana anterior a su institucionalización y en torno a la salud pública (beneficiaria de la incursión e impulso propio de la época a la medicina social), la salubridad y la asistencia pública.52 Esta Dirección contaba con cuatro departamentos: de protección general; médico consultivo; de higiene del trabajo y de seguros sociales. Así también con dos oficinas: de cooperativas de consumo y la especializada en la mujer y los menores trabajando a cargo de la joven doctora Paula Alegría Garza.53 En esta última preocupaba que sus estudios e investigaciones quedaran “como meras tareas teóricas”, aunque para los contemporáneos de Alegría, Marguerite Thibert entre ellos, esto tuviera por el simpe hecho de su realización un enorme valor, tanto como el esfuerzo regular de inspección que esta oficina coordinaba en los centros de trabajo. Además de la ciudad de México, las inspecciones en el año oficial 1940-1941 habían sido realizadas en los estados de Chiapas, Jalisco, Nayarit, Sinaloa, Guanajuato y Tlaxcala, obteniendo en beneficio de mujeres y menores de edad, vacaciones por maternidad, aumentos salariales y pago de retenidos; la reinstalación de 43 trabajadores y la celebración de más de un centenar de contratos individuales de trabajo y unos cuantos contratos internos.54 La línea notable de investigación procurada por Alegría informaba por entonces de los siguientes estudios:
a), Sobre las condiciones de la mujer dentro de la industria de artisela; b), sobre las condiciones de la mujer en el trabajo de la costura, los restaurantes, la manufactura de cajas de cartón y la bonetería; c), de la situación de los menores voceadores de la prensa; d), y de las cuestiones relativas a cámaras de lactancia, botiquines y comedores de fábrica, con el objeto de determinar un mínimo de requisitos obligatorios.55
Parecía un momento prometedor para nuevas políticas y configuraciones institucionales en beneficio de la maternidad y niñez mexicanas en un sentido amplio y relacionado, tal como lo ejemplificaba en esos días la celebración de la semana dedicada a la madre y el niño (entre el 4 y el 10 de mayo de 1942) por iniciativa del sector salud, y cuyo propósito era fortalecer la higiene infantil y reducir los índices de mortalidad.56
También era un nuevo tiempo para la propia Oficina Internacional del Trabajo y su traslado preventivo a Montreal, paradójicamente con beneficios continentales comprendidos en este acotado radio de acción de sus especialistas. De acuerdo con Françoise Thébaud, la guerra le permitiría a Thibert contribuir con todo su potencial a la adaptación y supervivencia de una organización internacional desarraigada,57 y en esto, ciertamente, no haría ninguna diferencia su separación temporal de la OIT, a la que seguía atribuyendo su experiencia y criterio profesionales. Esta misma aura explicaría su presentación -inmediata a su contratación- con el presidente Ávila Camacho58 y, como se verá a continuación, el respeto a la línea de especialización de Thibert en el desempeño de su trabajo en México.
Fruto de su desempeño como consejera de la Oficina Investigadora de la Mujer y de los Menores Trabajadores de la Secretaría del Trabajo, Marguerite Thibert publicaría al año siguiente dos trabajos especializados en problemáticas afines a esa materia general. El primero de ellos llevó el título de El aprendizaje en México y su reglamentación eventual y se ocupó del problema de la formación de aprendices -menores de edad- en el trabajo, cuestión dejada a la suerte ante el inconveniente que esta preparación podría representar para el trabajador calificado y contratado a destajo en razón del tiempo necesario para ello, proporcional a menores producción y salario. Thibert señalaría igualmente la tendencia de los centros de trabajo a contratar un número creciente de jóvenes trabajadores a muy bajo costo al no estar estipulado un límite proporcional con relación a los obreros experimentados.59 La historiadora, y especialista en trabajo infantil, Susana Sosenski, específicamente contextualiza y explica el problema de fondo: la conversión de los aprendices en obreros y no tanto en maestros artesanos como consecuencia de la etapa de modernización industrial del momento y su normativa laboral, en este caso, la Ley Federal del Trabajo de 1931, que “no hicieron más que cristalizar la conversión”.60 En el artículo de investigación “La formation professionnelle des femmes et ses problèmes”, publicado por Thibert años más tarde, se hacía observar un desequilibrio aún más marcado como resultado de la evolución técnica en la producción y la necesidad de estar debidamente calificado -este es caso el de las mujeres- para trabajar como obrero; aunque este mismo desarrollo podía considerarse prometedor en tanto que “el desarrollo técnico también está en proceso de borrar la frontera que separaba los ‘oficios masculinos’ y los ‘oficios femeninos’. Siendo la máquina el reemplazo del músculo y su control una cuestión de reacciones mentales, que no tienen género, vemos extenderse la zona de ocupaciones mixtas, más o menos rápidamente según el país considerado”.61
Mejor conocida, aunque también una rareza bibliográfica en nuestro tiempo, fue publicada también en 1942 Pequeños comerciantes y pequeños trabajadores callejeros,62 sin duda un testimonio del contacto de Marguerite Thibert con la ahora Oficina63 de Investigación de la Situación de la Mujer y Menores Trabajadores de la mexicana Paula Alegría,64 también un referente de esta problemática en la prensa de esos años.65 En esta obra, la memorable funcionaria internacional y feminista francesa conseguía transmitir toda su experiencia y sentimiento en relación al trabajo infantil en México:
Sacando de nuestra bolsa o de nuestro portamonedas los cinco centavos para cambiarlos por el periódico de última hora que nos ofrece el pequeño papelero, o bien aportando con un gesto evasivo al billetero o al dulcero que nos ofrecen su mercancía, o al bolero que pretende dejar nuestros zapatos como espejo, o bien al canastero del mercado que nos cree incapaces de llevar a casa la bolsa de frutas que acabamos de colocar bajo el brazo, pocos de nosotros no hemos tenido alguna vez un sentimiento de conmiseración a la vista de la indumentaria andrajosa y el semblante demacrado del muchacho que se dirige a nosotros; y algunas veces hemos comprado algún objeto o aceptado un servicio que no deseamos. Algunos han pensado que con este sacrificio de unos cuantos centavos tranquilizan su conciencia. Muchos, ciertamente, admitirán con notros que éste es un medio insuficiente para resolver un grave problema social. Tengamos, pues, el suficiente interés para procurar saber cuántos son estos pequeños vendedores, boleros, canasteros, etc., callejeros, quiénes son, de dónde vienen, cuál es su vida, a dónde los lleva su oficio y cuáles son sus condiciones de trabajo. Y preguntémonos qué podría hacerse para mejorar su suerte.66
El testimonio de Thibert es la suerte de los olvidados, que la socióloga especialista en derecho laboral y sindicalismo, Graciela Bensusán, volvería a mirar en 197867 y hoy en día se sigue apreciando como un problema no resuelto ni efectivamente regulado.68 El estudio de Thibert no se enfocaría en el problema de la prostitución de menores, sin duda la esquina más oscura de la problemática del trabajo infantil que la funcionaria francesa conocía también.69 Su análisis se haría sobre un número impreciso de menores comerciantes y callejeros, sin lugar específico en el último censo (1940) y con el aprovechamiento de estudios estadísticos concebidos por ocupaciones de la Secretaría del Trabajo sólo para las ciudades de México, Monterrey, Guadalajara y Puebla. Cerca de tres mil jóvenes comerciantes habían sido censados en la capital del país y poco más de mil en los estados mencionados, sin contar aquellos menores desempeñándose como empleados, obreros y ayudantes comerciantes de sus padres o familiares; en una proporción cercana a cuatro jóvenes hombres por cada mujer menor. “La mayor parte de estos pequeños vagos, que muchas veces lo son por fuerza, puesto que no tienen familia, han escapado al censo”, pues
Duermen un día en el puesto del mercado que se ha quedado abierto; al día siguiente en casa de los padres de “un cuate” más afortunado que ellos, puesto que tiene familia; un tercer día en el quicio de un zaguán, lo más cerca posible de la agencia distribuidora de periódicos, si el niño es papelero, o a veces en una banca de un parque, o en un terreno baldío […] bajo este hermoso cielo mexicano […].70
La investigación de Thibert la llevó a los tribunales de menores y a la consulta de expedientes de ingreso y reingreso71 generados por los tipos de delincuencia común entre este tipo de menores ambulantes. Por poner un ejemplo del grave problema de intermitencia entre la informalidad y el procesamiento en tribunales de menores, Thibert precisaba:
Un niño, un pequeño bolero, canastero y saltimbanqui, según los momentos de su triste vida errante, cuenta 8 ingresos en 8 meses, que se explican por su fuga inmediata del establecimiento reeducativo a donde ha sido colocado por el Tribunal cada vez que ingresa y de su recaída en algún nuevo delito en cuanto recobra la libertad […].72
Los testimonios de jueces, psicólogos, pedagogos, trabajadoras sociales73 explorados por Thibert ayudaban a explicar esta lamentable asociación derivada del ocio, malos ejemplos y consejos “que se hacen sentir sobre estos jóvenes, en la edad en que la voluntad es maleable, y sobre pequeños que no han sido beneficiados por una educación y una instrucción capaces de disciplinar su temperamento”.74 Al enfocarse en el caso de los voceadores, Thibert se encontraba con iniciativas para una mediana regulación del oficio, como la edad mínima de 15 años para desempeñarse en este oficio, contrastante con una serie de abusos de parte de la agencia distribuidora de periódicos y la carencia de prestaciones laborales.75
El desenlace del estudio correspondía a las posibles soluciones del problema sin obviar sus dificultades, partiendo de su propia naturaleza en la forma de un reglamento:
México se halla frente a esta doble dificultad: una calle demasiado atractiva y habitaciones populares que no lo son bastante para retener al niño […] Contra esta fascinación de la calle, los reeducadores de los jóvenes ambulantes luchan con poco éxito. Hace saltar al niño todas las barreras de los asilos despreciando la seguridad maternal que allí encontraba.76
Thibert proponía de forma concreta apartar a los menores de los trabajos callejeros vista la dificultad de su adaptación a la escuela o al aprendizaje de un oficio formal, y esto a través de medios directos e indirectos: en primer lugar, medidas generales de organización social que puedan reducir o hacer desaparecer el trabajo infantil en la calle; y, en segundo lugar, la aplicación de un “orden reglamentario” con impacto inmediato en las violaciones de criterio general. Con lo primero se refería de forma específica a la obligatoriedad de la alimentación y de la escuela primaria, “poder obligar estrictamente a los padres a mandar a sus hijos a la escuela” aprovechando la intensificación de su construcción en la última década. Consideraba también la mejora de la vivienda popular, una cuestión no solamente discutida recientemente (1939) en el marco del Primer Congreso Nacional de Habitaciones Obreras, sino reglamentado en la Ley Federal del Trabajo como una obligación de las grandes empresas el brindar a sus trabajadores habitaciones cómodas e higiénicas a un bajo costo.77 Y anticipando la institucionalización social mexicana, la especialista francesa agregaba:
La Ley del Seguro Social, cuya adopción puede esperarse próximamente, suprimirá en muchos casos una de las causas del trabajo infantil en oficios callejeros, causa cuya importancia nos demuestra el Tribunal: la necesidad que obliga a muchos huérfanos a buscar allí un medio de vida para ellos mismos, para su madre viuda y para sus hermanos menores. Esta Ley, de gran significación social, dará la seguridad a muchas familias obreras y, en consecuencia, será una medida capaz de cambiar la situación actual de miseria en la que están sumidos muchos hogares por la enfermedad, el accidente o la muerte del jefe de familia.78
En cuanto a la reglamentación, como una medida directa, habría que extender la existente para boleros a todas las demás actividades tolerables de trabajo infantil, cubriendo así grandes lagunas, pero cuidando de no complicar el desempeño de los menores en actividades en comparación más benignas y menos riesgosas para las personas, como era el caso de los canasteros o papeleros.
Esta reglamentación -precisaba Thibert- deberá asegurar la protección de los menores que trabajen en la calle, cualquiera que sea el oficio a que se dediquen y cualquiera que sea la forma de su trabajo, es decir, ya sea que trabajen por cuenta propia, que sean ayudantes de algún miembro de familia o que sean asalariados de algún patrón. Pues el hecho de que un niño trabaje en la calle, expuesto a graves riesgos físicos y morales, es una razón suficiente para que tenga derecho a la protección del Estado.79
La elaboración de un reglamento común obligaba tanto a la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, como a la Dirección General de Asistencia Infantil y a la Secretaría de Educación Pública, aprovechando referentes reglamentarios internacionales para el trabajo femenino e infantil conocidos por esta funcionaria de la Oficina Internacional del Trabajo en América (Argentina, Brasil, Ecuador, Canadá, Estados Unidos, Uruguay) y Europa (Italia, Austria, Gran Bretaña, Suecia).80 Thibert concluía su estudio después de una descripción sucinta de precisiones de reglamentación relativas a control práctico (portación de una placa), condiciones de trabajo (inspección de permisos y edades del menor laborante), medidas de aplicación reglamentaria y autoridades de control.81
La reconocida revista especializada The Child de la Oficina de los Niños del Departamento del Trabajo de Estados Unidos haría eco de ambas obras y de la atención a la problemática por la oficina de la mujer y los menores trabajadores en enero de 1944.82 Pero sin duda la principal resonancia del trabajo analítico en México en torno a su infancia fue la señalada por Thibert con relación a la labor educativa, finalmente plasmada en enero de 1942 en la Ley Orgánica de la Educación Pública, especificando la intervención y obligaciones de los padres.83
El legado de Thibert a las mujeres y familias mexicanas: a modo de cierre
Descubrir así los estudios especializados de Marguerite Thibert en su contexto circunstancial de elaboración es tan significativo para esta investigación como la relación a toda prueba revelada por Françoise Thébaud entre biografiada y la mexicana Palma Guillén, acaso por ser ambas mujeres tan parecidas y profesionalmente destacadas:
Muchos elementos unen a las dos mujeres. Como Marguerite, Palma es doctora en letras. Como Marguerite, y a diferencia de la mayoría de las mujeres de su generación, ocupó puestos cualificados en la diplomacia, la universidad y la alta administración. Como Marguerite, viaja mucho, vendiendo si es necesario uno de los cuadros que le ofrece Diego Rivera, el comprometido pintor de murales revolucionarios, generoso con su amiga de corazón.84
Es posible que Palma y México representaran una sola figura en el recuerdo de Marguerite, a quien había visto como la primera mujer en tomar asiento en el Consejo de Administración (abril de 1938)85 de la organización internacional a la que Thibert habría de dedicar su vida; mucho más tras la muerte por accidente de su vieja amiga en 1975, año último del más extenso compendio epistolar preservado por Thibert y que ha sido leído cuidadosamente por Thébaud en la realización de su biografía. Su lectura permite entender que la nación que le daría cobijo tras su suspensión en la OIT también la recibiría a finales de 1941 con la triste noticia del fallecimiento de su madre, de modo tal que los recuerdos de Marguerite Thibert sobre México no podríamos estimarlos como sencillos o pasajeros. Cuando dejó este país por segunda ocasión, en la primavera de 1942 en su camino a Montreal y a la organización de la que tristemente había sido separada, Marguerite dejaba algo más que sus estudios especializados: su legado para las mujeres y madres trabajadoras en la Ley del Seguro Social. Una nota secundaria a pie de página en la obra de Thébaud confirma la lectura -intuida y buscada a lo largo de esta investigación- de Thibert de los papeles de García Téllez en relación al proyecto del seguro social mexicano. Lo hizo en su etapa preliminar, tras su adaptación con base en las revisiones de sus colegas de la OIT, y Marguerite observó en particular el vacío en relación con las prestaciones por maternidad, mismas que agregaría al proyecto “para que -en lo general, tal como explicaría en 1959 a su otra gran amiga sindicalista y feminista belga Émilienne Brunfaut- la gestión de la maternidad deje de ser responsabilidad del empresario al que se desincentiva en este caso a contratar mujeres y otorgarles el mismo salario que a los hombres”.86 No lo sabíamos y ese es su principal legado para los mexicanos.
Marguerite Thibert acumularía aún más recuerdos sobre México a lo largo de su trayectoria profesional y de vida, una misma hasta noviembre de 1982 (96 años). La incansable viajera volvería a México en tres ocasiones más como funcionaria de la Oficina Internacional del Trabajo. En 1946 con motivo de la III Conferencia Americana del Trabajo, en cuyo marco fue condecorada por el gobierno mexicano; y en 1949 y 1963 en misión especial por América Latina para seguir estudiando el trabajo entre niños y jóvenes, una cuestión en la que empezó a profundizar a través de México y que junto al trabajo de las mujeres se convertiría en central en las discusiones sobre desarrollo en la segunda mitad del siglo XX.87 En compañía de mujeres como Palma Guillén, Marguerite Thibert personalizaría lo que -de acuerdo con Thébaud- imaginaba podía representar una mujer progresista en el mundo.88 Las dos fueron excelentes y es una pena no poder verlas juntas en una fotografía.