Introducción
De todos los santos que han estado vinculados con enfermedades de los ojos, Lucía de Siracusa ha sido la más popular (Tabla 1). Santa Lucía es la patrona de los ciegos y abogada de problemas de la vista, y muchos pacientes aquejados con estos problemas imploran a esta santa para pedirle mediación para su mal1. Lucía, además, es patrona de aquellos pacientes con enfermedades de la garganta y también de los electricistas, modistas, campesinos, chóferes, afiladores, cortadores, cristaleros, escritores y de diversas ciudades como Siracusa, Venecia, Pedro del Monte en Burgos, Santa Lucía en Panamá, Mossoró en Brasil y Moche en Perú, entre muchas otras1,2.
Tabla 1 Algunos santos patrones protectores de las enfermedades de los ojos
Santo | Fecha | Características/patronazgo |
---|---|---|
Santa Lucía de Siracusa | (283-304) Fiesta, 13 de diciembre |
Protectora de la vista, deriva de la cercanía
etimológica del nombre griego «Lucía» con el término latino lux =
luz. También protectora de electricistas. |
Beata Margarita de Cittá di Castello | (1287-12 abril de 1320) | Era ciega de nacimiento. Beatificada en 1609 por el Papa Pablo V. |
San Ansfrido de Utrecht | (? -3 de mayo de 1010) | Al final de sus días quedó ciego, pero en el momento de su muerte vio una luz brillante en su habitación. |
San Herveo (Hervé) de Bretaña | (c. 521-556) Fiesta: 17 de junio |
Era ciego de nacimiento. |
San Audomar (Omer) de Therouanne | (? -670) Fiesta: 9 de septiembre |
Perdió la vista al final de su vida. Invocado para los trastornos de la vista. |
San Eustasio de Luxeuil | (c. 560-c. 626) Fiesta: 2 de abril |
Se dice que curó a Santa Sadalberga de la ceguera y que invocándolo a través de oraciones puede curar la ceguera. |
San Salomón (Salaün) de Bretaña | (? -874) Fiesta: 25 de junio |
Fue cegado antes de martirizarlo y muerto en la iglesia por sus adversarios. |
San Ulrich de Zell | (1029-1093) Fiesta: 14 de julio |
Dos años antes de su muerte perdió la vista. |
Santa Godeleva de Gistel | (c. 1049-1070) Fiesta: 6 de julio |
Venerada por la curación de Edith, una niña ciega. |
Santa Maxellendis de Caudry | (? -670) Fiesta: 13 de noviembre |
Es abogada contra los males de la vista. |
Santa Odilia (Otilia) de Alsacia | (662-720) Fiesta: 13-14 de diciembre |
Nació ciega, pero obtuvo la visión al ser
bautizada. Otilia = hija de la luz |
Lucía, cuyo nombre significa luz (latín, lucius/lux), fue una de las once santas reconocidas oficialmente desde el año 600. Ella fue una mártir cristiana que padeció el martirio durante la gran persecución de los cristianos por el emperador romano Diocleciano (Gaius Aurelius Valerius Diocletianus Augustus) (244-311)1. Su fiesta se celebra en al menos 20 ciudades italianas y en diferentes localidades del mundo, y hay numerosas iglesias dedicadas a ella. Su festividad es el 13 de diciembre tanto en la iglesia católica como en la anglicana, la ortodoxa y la luterana (Lucía es la única santa aceptada por la iglesia luterana, excepto San Esteban, cuya celebración ha sido absorbida por la celebración de Santa Lucía). En el siglo VI, Lucía ya era venerada, y el Papa Gregorio Magno (San Gregorio) (c. 540-604) fue quien la incluyó en el canon de la Misa, agregó oraciones y cantos especiales (canto gregoriano sacramental) y también la anexó en el libro litúrgico de los ritos latinos de la Iglesia católica (el antifonario). Asimismo, San Gregorio le puso el nombre de esta santa a dos conventos que él fundó en el año 590. La historia de la vida de Santa Lucía se remonta a una narración del siglo V, relatada en el Acta de los Mártires (Acta Martyrum)1,2.
Santa Lucía y el martirio
Santa Lucía nació en el año 283, en el seno de una familia respetada y próspera, en Siracusa, ciudad situada en la costa sureste de la isla de Sicilia. Su padre, llamado Lucio, murió cuando ella tenía 5 años y su madre, Eutiquia, fue quien la educó en la fe cristiana. Siendo muy joven, Lucía decidió consagrar su vida a Dios y rechazó la propuesta de matrimonio de varios jóvenes. Eutiquia estaba muy enferma, con sangrados constantes, y sabía que los médicos no le habían dado ninguna esperanza para su recuperación. Por esto, las dos peregrinaron 67 kilómetros, de Siracusa hacia la ciudad de Catania, al santuario de Santa Águeda (quien había sido martirizada 52 años antes), para pedirle que sanara su mal. Al llegar a la tumba pasaron toda una noche orando, y cuentan que, mientras dormían, Águeda se apareció rodeada de ángeles y le dijo a Lucía que ella misma poseía dones curativos y que su madre quedaría curada por su fe. Este pasaje fue ilustrado por el pintor veneciano Jacobello Del Fiore (1370-1439) en la pintura titulada Santa Lucía ante la tumba de Santa Águeda (Fig. 1). Águeda le dijo a Lucía que, así como Cristo había ayudado a la ciudad de Catania, él ayudaría a Siracusa («Sicut per me civitas Catanensium sublimatur a Christo, ita per te Syracusana civitas decorabitur»), y, en ese instante, su madre quedó curada3. De regreso a Siracusa, Lucía pidió de favor a su madre que jamás la entregara en matrimonio, pues ella quería consagrar su vida a Dios, y que repartiera todos sus bienes entre los pobres. Eutiquia accedió a su petición y ambas empezaron a distribuir sus pertenencias entre los más desfavorecidos. Pero, pasado el tiempo, su madre, sin explicación alguna, obligó a Lucía a aceptar en matrimonio a un joven pagano al cual Lucía rechazó2,4. El joven, disgustado, la acusó ante el procónsul de Siracusa de ser cristiana, en tiempos de la gran persecución de cristianos por el emperador Diocleciano. El cónsul Pascacio ordenó que Lucía fuera conducida ante un juez, quien la presionó para que desistiera de la fe cristiana. Entonces Lucía respondió: «Es inútil que insista. Jamás podrá apartarme del amor a mi Señor Jesucristo… Sacrificio puro delante de Dios es visitar a las viudas, los huérfanos y los peregrinos que pagan en la angustia y en la necesidad, y ya es el tercer año que me ofrecen sacrificios a Dios en Jesucristo entregando todos mis bienes». Furioso por su respuesta, el cónsul dispuso que la llevaran a un prostíbulo para que la violaran, a lo cual Lucía exclamó: «El cuerpo queda contaminado solamente si el alma está consciente». Cuentan que Santo Tomás de Aquino (1224/1225-1274), considerado una de las mayores figuras de la teología sistemática, elogiaba estas respuestas de Santa Lucía.

Figura 1 Santa Lucía ante la tumba de Santa Águeda. Autor: Jacobello Del Fiore. Museo Cívico, Fermo, Italia.
Para conducirla al prostíbulo, los soldados le amarraron las manos y los pies con cuerdas, pero por más esfuerzos que hacían no podían moverla. La leyenda indica que, mientras ella discutía con el cónsul, el Espíritu Santo la tornó tan pesada que ni siquiera varios bueyes consiguieron moverla. Al enterarse de lo sucedido, el cónsul ordenó someterla a suplicio con aceite hirviendo, pero no logró hacerla desistir. A menudo, esta escena se representa en pinturas como la titulada El martirio de Santa Lucía, realizada en 1596 por Leandro (dal Ponte) Bassano (1557-1622), o la de Giovanni di Bartolomeo Cristiani (1340-1398), titulada Santa Lucía resistiendo los esfuerzos para moverla; ambas se encuentran en la Abadía de San Giorgio Maggiore, en Venecia (Fig. 2).

Figura 2 Santa Lucía resistiendo los esfuerzos para moverla. Autor: Giovanni di Bartolommeo Cristiani. Museo Metropolitano de Arte. Nueva York, EE. UU.
El cónsul, al enterarse de lo sucedido, y convencido de que Lucía era una bruja, ordenó que la quemaran en la hoguera, pero, después de arder y consumirse toda la leña, Lucía estaba íntegra. Este pasaje fue pintado en temple sobre madera (la técnica pictórica más antigua que se conoce) por el pintor catalán Bernat Martorell (1400-1452), y se titula Martirio de Santa Lucía en la hoguera (c. 1435) (Fig. 3). Al ver que Lucía no la dañaba el fuego, ordenó que le sacaran los ojos, pero ella misma inmediatamente se los colocó. Finalmente fue decapitada, lo que sucedió el día 13 de diciembre del año 3041,4. Una narración medieval indica que fue en la tribuna ante el procónsul donde le quitaron los ojos, pero, aun sin ellos, Lucía pudo seguir viendo4. Otros afirman que, después que le arrancaran los ojos, Dios le concedió unos nuevos, aún más hermosos que los que tenía antes4. Dicen, también, que le atravesaron la garganta con una lanza. Finalmente Lucía fue sepultada en el mismo lugar donde en el año 313 se construyó un santuario dedicado a ella. Relatan que se arrodilló para la decapitación y aun después del evento, Lucía siguió exhortando a los fieles para que antepusieran los deberes con Dios1,2.

Figura 3 Martirio de Santa Lucía en la hoguera. Autor: Bernat Martorell. Por cortesía del Museu Nacional d’Art de Catalunya, Depósito de la Generalitat de Catalunya, Fun dación Torres, 1995. © Museu Nacional d’Art de Catalunya, Barcelona (2020).
Otra leyenda cuenta que fue la belleza de los ojos de Lucía la que no permitía descansar a uno de sus pretendientes, por lo que ella se los arrancó y se los envió en un plato2. Lleno de remordimiento y sorprendido por la valentía, el pretendiente se convirtió al cristianismo. Al igual que hay representaciones pictóricas donde Santa Águeda está portando sus senos amputados en una bandeja, así, Lucía aparece en algunos grabados medievales con sus ojos sobre un plato (Figs. 4 A y B)5.

Figura 4 A: Escultura de Santa Lucía en madera. Museo de las Culturas de Oaxaca/Ex Convento de Santo Domingo de Guzmán. B: Santa Lucía. Autor: Domenico di Pace Beccafumi. Pinacoteca Nazionale di Siena. En ambas figuras, Santa Lucía muestra los ojos sobre una bandeja.
Una coincidencia más entre Santa Lucía y Santa Águeda es que, en el año 1039, por orden del general bizantino Georgios Maniaces (?-1043), los cuerpos de ambas fueron trasladados a Constantinopla para alejarlas de la invasión árabe a Siracusa. Pocos años después, el cuerpo de Santa Águeda fue devuelto a Catania, pero no fue sino hasta el año 1204, durante la cuarta cruzada, que el duque de Venecia, Enrico Dandolo (1107-1205), encontró los restos de Santa Lucía en Constantinopla y los llevó al monasterio de San Jorge, y en 1280 los trasladó a Venecia, donde actualmente se encuentran en un sarcófago de cristal bajo el altar, en la iglesia de los santos Jeremías y Lucía (Chiesa dei Santi Geremia e Lucia), situada en la plaza de San Jeremías en Venecia. En 1955, por deseo del entonces Cardenal Angelo Giuseppe Roncalli (1881-1963) (futuro Juan XXIII, «El buen papa Juan»), el rostro de la santa fue cubierto con una máscara de plata (Figs. 5 A y B). Los restos de la santa fueron trasladados a esta iglesia en 1861, cuando la originalmente dedicada a ella fue demolida para construir la estación de tren, que lleva por ello su mismo nombre: Stazione di Venezia Santa Lucia. Como Lucía era siciliana, hubo muchas presiones para que la santa fuera devuelta a su lugar de nacimiento, y los sicilianos se han tenido que conformar con un dedo de ella que se venera en su iglesia de Santa Lucía en Siracusa. Cuentan que un devoto siciliano llegó a Venecia y pidió permiso para besar el cuerpo de la santa y en vez de darle un beso le dio una mordida al dedo y se lo llevó escondido dentro de la boca1,2. Se rumorea que fue la mafia siciliana quien, el domingo 8 de febrero de 1981 a las 9 de la noche, robó el cuerpo de Santa Lucía de la iglesia de San Jeremías, de Venecia. Al salir corriendo, los bandidos dejaron parte del botín: la cabeza de la santa, un dedo y la máscara de plata que le cubría el rostro. El cuerpo fue recuperado y devuelto a la Iglesia unos meses después5.

Figura 5 A: Fachada del templo de los santos Jeremías y Lucía en Venecia. B: Máscara de plata de Santa Lucía.
La fiesta de Santa Lucía se celebra en diversas ciudades del mundo, y, durante la Edad Media, la festividad coincidía con el solsticio de invierno. Los vikingos conocieron la historia de Lucía y, como eran cristianos, llevaron su imagen a Suecia. La celebración de Santa Lucía representa una tradición importante para ellos, pues simboliza la esperanza y la luz en épocas de oscuridad. Así, en Estocolmo, desde aproximadamente 1899, en la mañana del 13 de diciembre, las niñas se visten de «Lucía», con un vestido blanco con una corona de siete velas encendidas en la cabeza, y los niños llevan un sombrero puntiagudo decorado con estrellas (stjärngossar). Esto es porque se cuenta que, durante una hambruna en Siracusa, la gente de la ciudad se reunió en la catedral para rezar y pedirle ayuda, y Lucía llegó vestida de blanco con un halo de velas en su cabeza, en dos barcos cargados de trigo. El día de la fiesta de Santa Lucía, en Suecia, además, se hornean pastelitos, a los que llaman bollos de Lucía (Lussebulle), los cuales tienen forma de ojos, y se los comen después de cantar canciones tradicionales. La fiesta termina con la elección de una de las niñas como «Reina de Lucía de Suecia» (Sveriges Lucia). Celebraciones similares se hacen en Dinamarca, Finlandia y Noruega, y son una de las traiciones más populares de aquellos países4. En Baza, ciudad situada en el noreste de la provincia de Granada, en Andalucía, se celebra con el encendido de fogatas durante la noche del 12 al 13 de diciembre, haciendo remembranza de que Lucía fue quemada en la hoguera. En la localidad de Hacinas, en Burgos, es el tercer domingo de septiembre que celebran Santa Lucía con una romería popular en los alrededores de la ermita de Santa Lucía1,2.
Conclusión
El primer vestigio del culto a Lucía fuera de Sicilia se encuentra en la ciudad de Rávena, Italia, en la iglesia de San Apolinar Nuevo, donde aparece una primera representación incluida en el desfile de las vírgenes1,2. Su figura se representa como a casi todas las vírgenes, vestida con una túnica con diferentes adornos en la cabeza: corona, diadema, flores, velo, o al descubierto, según la costumbre romana. En la iconografía medieval, Lucía es representada de diversas formas (Tabla 2)6. Habitualmente, con una espada o un cuchillo que le atraviesa el cuello (referente a la lanza que le atravesó la garganta), que puede acompañarse de rayos de luz irradiando de la herida del cuello, un libro (distintivo de sabiduría), la palma del martirio (símbolo común a todos los santos mártires), un buey pisoteado bajo sus pies (relativo a los bueyes que no pudieron moverla), llamas en los pies (relacionado al martirio en la hoguera), o con una la lámpara encendida, el cirio en la mano o los dos ojos en un plato dorado, lo que refleja la devoción popular hacia ella como protectora de la vista5. Se han dedicado hospitales y clínicas a su nombre en todo el mundo.
Tabla 2 Principal Iconografía de Sana Lucía
Autor | Lugar/país | Pintura |
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Anónimo | Museo de Arte de Cataluña, Barcelona, España | Santa Lucía de Mur, ciclo de su vida. Pintura sobre tabla, procedente de la iglesia de Santa Lucía de Mur, c. 1300 |
Anónimo | Museo del Prado. Madrid, España | Santa Lucía. Óleo sobre tabla |
Altichiero da Zevio (c.1330-c.1393) | Oratorio di San Giorgio, Padua, Italia | Ciclo de Santa Lucía. Pintura mural al fresco, 1379-84 |
Maestro de Estimariú (activo entre 1360 y 1380) | Museo Nacional del Prado, Madrid, España | Retablo con las historias de la vida de Santa Lucía. Pintura sobre tabla, s. XIV |
Bernat Martorell (1400-?) | Museo Nacional de Arte de Cataluña, Barcelona, España | Martirio de Santa Lucía (en la hoguera). Temple sobre tabla, 1435-1440 |
Anónimo | Capilla de Montalto Dora, Turín, Italia | Santa Margarita, Santa Librada y Santa Lucía (esta última con los ojos en un plato). Pintura mural al fresco, s. XV |
Andrés de Melgar (c. 1500-1554) | Museo Nacional de Arte de Cataluña, Barcelona, España | Santa Apolonia, Santa Lucía (con los ojos en un plato) y Santa Bárbara. Óleo sobre tabla, 1530-1537 |
Jacobello del Fiore (c. 1370-1439) | Museo Cívico, Fermo, Italia | Eutiquia y Santa Lucía ante la tumba de Santa Águeda, 1410 |
Cosmè Tura (1430-1495) | Roma | Santa Lucía y Santa Eutiquia en la tumba de Santa Águeda 1480-1489 |
Francisco de Zurbarán (1598-1664) | Museo de Bellas Artes de Chartes, Francia | Santa Lucía. Óleo sobre lienzo, 1636 |
Lorenzo Lotto (1480-1553) | Pinacoteca civica e galleria di arte contemporanea, Palazzo Pianetti, Jesi, Italia | Santa lucía ante al juez, 1523-1532 |
Antonio José Estruch Martínez (1835-1907) | Santa Lucía | |
Pietro Lorenzetti | Frole Rovinate de Florencia | Tabla Santa Lucía, s. XIV |
Niccolò di Segna (? -1348) | Walters Art Museum, Baltimore, EE.UU. | Santa Lucía |
Domenico di Pace Beccafumi (1484-1551) | Pinoteca Nazinale, Siena, Italia | Santa Lucía |
Paolo Veronese (1528-1588) | National Gallery of Art, Washington DC, EE.UU. | El martirio y última comunión de Santa Lucía, 1582 |
Giovanni Battista Tiepolo (1696-1770) | Iglesia de los Santos Apóstoles, Venecia, Italia | Última comunión de Santa Lucía. Óleo sobre tela |
Francesco del Cossa (1436-1477) | National Gallery of Art Washington, DC, EE.UU | Santa Lucía. Temple sobre panel de álamo, c. 1430-1477 |
Giovanni di Bartolommeo Cristiani (1340-1398) | Museo Metropolitano de Arte, Nueva York, EE.UU. | Santa Lucía y su madre en el santuario de Santa Águeda |
Giovanni di Bartolommeo Cristiani (1340-1398) | Yale University Art Gallery, Connecticut EE.UU. | Santa Lucía entronizada, c. 1347-1400 |
Leandro (dal Ponte) Bassano (1557-1622) | Iglesia de San Giorgio Maggiore, Venecia, Italia | El Martirio de Santa Lucía, 1596 |
Michelangelo Carvaggio (1571-1610) | Basilica di Santa Lucia al Sepolcro, Siracusa, Italia | El entierro de Santa Lucía,1608 |
Carletto Veronese (c. 1570-c.1596), | Museo del Prado. Madrid, España | La Virgen y el Niño con Santa Lucía y un Santo Mártir. Óleo sobre lienzo |
Carlo Crivelli (c.1435-c.1495) | National Gallery, Londres, Inglaterra | Santa Lucía, c.1430/5-1494 |
Agostino Ciampelli (1565-1630) | Collection British Optical Association Museum, Londres, Inglaterra | Santa Lucía. Óleo sobre lienzo |
Lucía, como vimos, además de ser venerada por problemas oculares, se señala que salvó en varias ocasiones a Siracusa en momentos de hambre, terremotos y guerras, y que ha intervenido también en otras ciudades como Brescia, en Italia, pues, gracias a su intercesión, fue liberada de una gran miseria. Los devotos de Santa Lucía, como agradecimiento de curaciones, le ofrecen, como ofrenda en cumplimiento de una promesa o en agradecimiento por un favor recibido, ojos de oro o plata y una oración que incluye las palabras: «llenos de confianza a ti acudimos pidiéndote la gracia de que la nuestra se mantenga sana y que el uso que hagamos de nuestros ojos sea siempre para bien de nuestra alma…»4