INTRODUCCIÓN
La ciencia ciudadana (CC) se refiere a la participación del público en general en la generación de conocimiento científico (Buytaert et al., 2014; Monzón et al., 2020) reconociendo la importancia de la ciudadanía en esta labor (Kruger y Shannon, 2000; Kullenberg y Kasperowki, 2015). La CC ha sido asociada a iniciativas muy diversas, entre las cuales está el monitoreo comunitario, basado en la colaboración entre los ciudadanos (organizados o no), el gobierno, la academia y el sector privado, para fines de la observación, la recolección de datos, su procesamiento y el análisis, de un problema previamente determinado (Conrad y Hilchey, 2011; Fulton et al., 2019). Se ha aplicado alrededor del mundo desde la década de 1970 (Estrella y Gaventa, 1998) para la observación de gran variedad de aspectos (Lawrence, 2006), predominantemente ambientales (Geilfus, 2002; Conrad y Daoust, 2008; Danielsen et al., 2010; IIRBAH-UC, 2017).
Al respecto, Bonney et al. (2016) comentan que la CC se refiere a proyectos participativos que produzcan datos e información confiables que pueda utilizar cualquier persona (científicos, políticos, público en general) bajo el mismo sistema de revisión por pares que se aplica a la ciencia convencional. Esto hace que la CC sea un concepto flexible que a menudo se usa como sinónimo de ciencia participativa, dado que considera procesos inclusivos y estructurados que involucran a personas que no son científicos en el desarrollo de la recolección, el procesamiento y el análisis de datos ambientales (Lakshminarayanan, 2007; Conrad y Hilchey, 2011).
En este sentido, la observación o el monitoreo participativo de aspectos ambientales, desarrollado a través de la participación social de manera voluntaria (EPA, 1997; Cohn, 2008), permite: “[…] tener un mejor entendimiento sobre el sistema, un mayor conocimiento sobre las interrelaciones socioecosistémicas que se desarrollan en este, y generar y aplicar métodos acordes al contexto ecológico, cultural y socioeconómico” (García-Frapolli y Toledo, 2008). Por lo tanto, el monitoreo participativo se considera un instrumento valioso para la toma de decisiones en diferentes niveles organizativos (Danielsen et al., 2005; USAID y AIDER, 2015; Conabio et al., 2016), así como para el desarrollo de estrategias territoriales (Conrad y Hilchey, 2011) mediante la investigación y la acción colaborativa (Austin, 2004).
El monitoreo participativo ha impulsado en los últimos años procesos de reflexión, aprendizaje, concientización y de apropiación sustentable de recursos naturales (IIRBAH-UC, 2017), generando beneficios directos e indirectos para la población (Evans et al., 2016). Asimismo, ha cobrado relevancia en el diseño y la implementación de instrumentos de política pública ambiental, como el ordenamiento territorial (Montes, 2001).
En un contexto de gran diversidad biológica y cultural, como es el caso de México (Sarukhán et al., 2017) y de muchos países de América Latina (Delgado y Marin, 2019), y por la imperante necesidad de inclusión de los actores locales, el monitoreo participativo requeriría una propuesta conceptual (IIRBAH-UC, 2017) que incorpore el potencial para convertirse en el soporte de la toma de decisiones, incluyendo las comunitarias y de políticas públicas (Danielsen et al., 2005; Conrad y Hilchey, 2011; Aceves-Bueno et al., 2015; Ulloa et al., 2021). Las propuestas conceptuales recientes de articulación de la relación entre la sociedad y la naturaleza, desde el enfoque socioecosistémico, constituyen una invitación a formular esquemas de monitoreo participativo que abarquen temas ecológicos, sociales, económicos, culturales, etc. (Porter-Bolland, 2013; Maass, 2018; Monzón et al., 2020).
En este sentido, en el presente trabajo se propone un esquema conceptual del monitoreo participativo con enfoque socioecosistémico (MPSE), que se pone a prueba a través de la revisión sistemática de publicaciones científicas, con el fin de analizar las dimensiones que posee en México y determinar las condiciones necesarias para sustentar la toma de decisiones de una mejor manera.
MONITOREO PARTICIPATIVO SOCIOECOSISTÉMICO
Monitoreo participativo y su potencial
Para elaborar un esquema conceptual de monitoreo participativo es necesario, primero, determinar su alcance, definir el diseño, las acciones a desarrollar y los procesos de colaboración (IIRBAH-UC, 2017). Hobson et al. (2014) recomiendan que cumpla con criterios de: a) relevancia y pertinencia, dentro de objetivos y recursos (humanos y económicos) disponibles; b) ser apropiado y confiable, para los procesos de aprendizaje y toma de decisiones; c) ser sensible, para poder escuchar las distintas voces de la comunidad, y d) ético, con el manejo adecuado de los datos recolectados.
Asimismo, es necesario identificar el nivel de involucramiento o participación social en las actividades del monitoreo participativo. Autores como Lawrence (2006), Danielsen et al. (2010), Conrad y Hilchey (2011), Shirk et al. (2012), Balderas et al. (2014) y Monzón et al. (2020), clasifican esta participación en diferentes niveles: a) contributivo, que es impulsado externamente, con la participación pasiva de los actores locales para la obtención de datos; b) funcional, impulsado externamente con recolección de datos a escala local e interpretación de datos fuera; c) colaborativo, donde la comunidad participa en el diseño del proyecto, análisis de datos e intercambios constantes de información entre los colaboradores, d) transformativo, con esquemas autónomos, cocreados, con control de la comunidad local y todos los involucrados en todas las fases del proyecto.
Por otro lado, es necesario considerar el proceso de la construcción del conocimiento en conjunto entre participantes, con el involucramiento de la población local, dado que esto permite abordar de manera integrativa los problemas identificados, recursos a monitorear y proponer soluciones (Berkes y Folke, 2000; Boege, 2008; Toledo y Barrera, 2008). En este sentido, el conocimiento generado, puede dar sustento para la toma de decisiones en diversos niveles de política pública (Danielsen et al., 2005), específicamente, para la gestión comunitaria (Conrad y Hilchey, 2011), los ordenamientos territoriales (Luque y Robles, 2006; Maass, 2018) y el apoyo de actividades productivas (Luque et al., 2012).
En el caso de política pública, el monitoreo participativo ha sido útil en la determinación de problemas y soluciones (Austin, 2004), en el diseño y la implementación de programas de conservación ambiental masivos (Cohn, 2008), sobre todo en situaciones de falta de presupuesto gubernamental (Perevochtchikova y Sandoval, 2020), en relación con el bienestar y la salud humana (Evans y Guariguata, 2008), asimismo para la optimización del gasto público (Perevochtchikova y Sandoval, 2020) y para la evaluación de los efectos de la aplicación de instrumentos de conservación (Perevochtchikova, 2016; Brownson et al., 2019; Shinbrot et al., 2020). El monitoreo participativo también ha permitido informar de forma clara y oportuna los riesgos existentes para la salud humana a nivel local y fomentar la participación colectiva en las decisiones sobre el territorio (Flores-Díaz et al., 2018; Ulloa et al., 2021).
Finalmente, el monitoreo participativo contribuye a la generación del conocimiento científico (Monzón et al., 2020) y al fortalecimiento de experiencias de corte transdisciplinario desde la incorporación de nuevos saberes y sensibilidades, como investigación transdisciplinaria (Merçon et al., 2018), y así, llegar a las metas de sustentabilidad (Berkes, 2004; Pollock y Whitelaw, 2005; Porter-Bolland, 2013; Ortega et al., 2014).
Monitoreo participativo en México e incorporación de la perspectiva socioecosistémica
Es importante reconocer que en México existen múltiples experiencias de monitoreo participativo, centrados principalmente en la observación de: a) vida silvestre en áreas naturales protegidas (López-Gómez et al., 2014; Pérez-Belmont et al., 2019; Pineda-Vázquez et al., 2019); b) diversidad aviar (Ortega-Álvarez et al., 2012; Alcántara-Salinas et al., 2015); c) calidad de agua (Burgos et al., 2013; Flores-Díaz et al., 2013; Perevochtchikova et al., 2016; Perevochtchikova y Sandoval, 2020), y d) cuestiones forestales (Perevochtchikova, 2016; González, 2018; Rojo, 2018).
También se han publicado revisiones bibliográficas al respecto, como el capítulo de Pritchard (2013) en Porter-Bolland et al. (2013) sobre la situación del monitoreo participativo aplicado a biodiversidad, y el trabajo de Koleff et al. (2016) sobre la consolidación de capacidades de conocimiento para la gestión. Se destaca la publicación reciente de Monzón et al. (2020), que analiza 36 experiencias de la participación social en la generación del conocimiento con base en el concepto de CC y aplicando al análisis la clasificación de los mismos niveles de colaboración de Shirk et al. (2021).
Por otro lado, en años recientes se han incorporado en estos esquemas aspectos socioeconómicos para la medición de los efectos de diferentes acciones o programas de conservación (Perevochtchikova, 2016); variables biológicas en el tema de ecoturismo (Ortega-Álvarez y Calderón-Parra, 2020), biofísicas para manejo costero (Silva et al., 2019), de calidad de agua y en la percepción social del servicio público (Perevochtchikova y Sandoval, 2020). De esta forma, se observa que el monitoreo participativo ha transitado hacia la inclusión de las dimensiones ecológicas (en relación con funciones ecosistémicas) y sociales (acciones humanas) desde una visión socioecosistémica (Maass, 2018), aplicando herramientas transdisciplinarias (Merçon et al., 2018), basadas en el diálogo de saberes (Boege, 2008; Toledo y Barrera, 2008; Luque et al., 2016).
Con base en lo anterior, se propone un esquema conceptual multidimensional (esquema 1) de monitoreo participativo socioecosistémico (MPSE), que inicia desde la identificación de un problema específico y los elementos de un socioecosistema, continúa con el diseño del esquema de monitoreo en determinadas escalas territoriales y temporales, identifica e incorpora diversos actores, procede con la etapa de monitoreo y la validación de la información obtenida, para finalmente proponer medidas de aplicación e identificar aprendizajes y retos. Con este modelo se pretende ofrecer un esquema integrador que puede aplicarse en diversos contextos socioecosistémicos del país.
Fuente: Elaboración propia con base en Austin (2004), Danielsen et al. (2005), Pollock y Whitelaw (2005), Lawrence (2006), Cohn (2008), Fernández et al. (2008), Danielsen et al. (2010), Conrad y Hilchey (2011), Dickinson et al. (2012), Shirk et al. (2012), Porter-Bolland (2013), Burgos et al. (2013), Flores-Díaz et al. (2013), Ortega-Argueta y Contreras-Hernández (2013), Balderas et al. (2014), Aceves-Bueno et al. (2015), Luque et al. (2016), Perevochtchikova (2016), Maass (2018), Brownson et al. (2019), Shinbrot et al. (2020), Monzón et al. (2020), Perevochtchikova y Sandoval (2020).
La incorporación de la perspectiva socioecosistémica en el monitoreo participativo busca: a) representar procesos complejos que tienen lugar en la relación interdependiente entre la sociedad y la naturaleza, y que se reflejan en el monitoreo participativo; y, b) hacer visibles los vínculos que tiene el monitoreo participativo con otros aspectos del quehacer ambiental, cuya configuración resultante responde al contexto en el que se diseña y opera el esquema de forma cíclica. De este modo, el esquema presenta un arreglo particular en función de los rasgos de una experiencia de monitoreo participativo específica y con ello proyecta sus alcances.
Para comprender la utilidad del esquema conceptual propuesto, así como las maneras en que se ha configurado el monitoreo participativo en México se revisaron las experiencias reportadas en la literatura científica disponible, aun reconociendo el sesgo de que muchas de ellas no están publicadas en medios académicos convencionales. El propósito del presente trabajo es mostrar el estado de arte en el tema de MPSE indagando o considerando la inclusión del carácter socioecosistémico en las experiencias en México, tomando en cuenta las ocho dimensiones del esquema conceptual propuesto (esquema 1), con el fin de identificar aquellas que tienen más presencia en la implementación del monitoreo participativo, y proyectar su potencial para la toma de decisiones.
MÉTODO
Se utilizó el método de revisión sistemática de literatura (RSL) empleado para el análisis de estado de arte sobre diversos temas científicos (Perevochtchikova et al., 2019); que, hasta la fecha, no se ha aplicado para el MPSE. Las principales características de la RSL son la exhaustividad, la transparencia, la objetividad y la reproducibilidad (SEI-CEE, 2017). Las fases de la RSL van desde la formulación de preguntas, el desarrollo de estrategias, el proceso de búsqueda y la selección de publicaciones, hasta la codificación y la extracción de datos, su evaluación crítica, la síntesis y, finalmente, la revisión y la comunicación de resultados (Higgings et al., 2019a, 2019b). Para la determinación de patrones generales temporales, espaciales y temáticos en los datos, la SLR se puede desarrollar de manera cuantitativa (metaanálisis) o cualitativa (síntesis interpretativa) (SEI-CEE, 2017).
Existen varios protocolos de la RSL: a) de expectativas metodológicas de las revisiones de intervención de Cochrane, Methodological Expectations of Cochrane Intervention Reviews (MECIR, por sus siglas en inglés) (Higgins et al., 2019b; b) de elementos preferidos para las revisiones sistemáticas y los metaanálisis (PRISMA, por sus siglas en inglés) (Moher et al., 2016; Booth et al., 2016), y c) el marco de búsqueda, valoración, síntesis y análisis (SALSA, por sus siglas en inglés) (Grant y Booth, 2009; Codina, 2015). Sin embargo, todos los protocolos se basan en la misma secuencia lógica de análisis (Higgings et al., 2019a) y el uso de bases de datos internacionales de publicaciones científicas, como Ebsco, Science Direct, Web of Knowledge, Google Scholar y Scopus (Pullin y Stewart, 2006; Booth et al., 2016; Higgins et al., 2019a).
En el presente estudio, la RSL se desarrolló de manera cualitativa (por la profundidad de revisión y pocos trabajos encontrados), siguiendo las cuatro etapas del marco SALSA, que se usó por ser muy claro en la exposición del procedimiento y la experiencia previa del equipo en su aplicación, lo que permitió garantizar la calidad del estudio y dar un seguimiento apropiado a todas las etapas, evitando posibles sesgos (cuadro 1). El análisis de la información se llevó a cabo con el uso de herramientas de Microsoft Excel (https://www.microsoft.com/es-mx/microsoft-365/excel), Sistemas de Información Geográfica (https://www.qgis.org/es/site/), de Nubes de Palabras (http://www.nubedepalabras.es/) y software R Studio v. 4.0 (http://www.r-project.org), como se explica a continuación.
Fases del protocolo SALSA (Search, Appraisal, Synthesis, Analysis) |
Base Scopus | Base SCiELO | Total de publicaciones | |
Búsqueda (Search) | Búsqueda inicial: MPSE + AL (Sintaxis en el Anexo A) | 3 521 | 5 525 | 9 046 |
Filtro 1: MPSE + AL + artículos científicos + 5 áreas temáticas (Ciencias Sociales, Ciencias Ambientales, de Agricultura y Biología, Multidisciplinarias, Ciencias de la Tierra) | 2 901 | 1 402 | 4 303 | |
Filtro 2: MPSE + México | 904 | 646 | 1 550 | |
Filtro 3: MPSE + México + artículos científicos + 5 áreas temáticas (Ciencias Sociales, Ciencias Ambientales, de Agricultura y Biología, Multidisciplinarias, Ciencias de la Tierra) | 403 | 143 | 546 | |
Filtro 4: Revisión manual de textos de resúmenes de publicaciones por pares académicos enfocada al área geográfica de publicaciones con experiencias en México | 166 | 51 | 217 | |
Filtro 5: Revisión manual de textos de resúmenes de publicaciones por pares académicos enfocada a MPSE (sin considerar experiencias publicadas sin monitoreo de manera explícita) en México | 45 | 7 | 52 | |
Filtro 6: Revisión manual de textos completos por pares académicos enfocada a MPSE en México para la construcción de la base final | 19 | 5 | 24 (Anexo B) | |
Valoración (Appraisal) | Determinación de variables, criterios y códigos para la clasificación de la base final de 24 publicaciones: 8 dimensiones de MPSE, 28 criterios, 123 códigos (cuadro 2) | |||
Síntesis (Synthesis) | Codificación de la base final de 24 publicaciones sobre MPSE en México | |||
Análisis (Analysis) | Determinación de tendencias espaciales, temporales y temáticas, con la construcción de nube semántica, mapas y diagramas aluviales para la base final de 24 publicaciones |
Fuente: Elaboración propia.
Etapa de búsqueda
La búsqueda de publicaciones se llevó a cabo entre el 6 y el 18 de mayo de 2020, en dos bases de datos de publicaciones científicas arbitradas: a) Scopus, la base internacional, y b) SciELO, la base de América Latina (AL), como lo sugieren Pullin y Stewart (2006), Booth et al. (2016), Higgins et al. (2019a) y Perevochtchikova et al. (2019). La búsqueda consideró la formulación de los conceptos que se refieren a MPSE (Anexo A), tales como: ciencia ciudadana (Monzón et al., 2020), monitoreo participativo y monitoreo comunitario (Perevochtchikova et al., 2016), biocultural (Luque et al., 2016), socioecosistémico, monitoreo socioambiental y socioecológico (Perevochtchikova, 2016; González, 2018; Rojo, 2018), diálogo de saberes y conocimiento tradicional (Boege, 2008; Toledo y Barrera, 2008); en los idiomas de español, inglés y portugués, dominantes en AL (Perevochtchikova et al., 2019).
En la primera etapa se desarrolló la sintaxis para la búsqueda de las publicaciones en el tema de MPSE en la región de AL1 (considerando el contenido de títulos, resúmenes y palabras clave de los manuscritos) que se puede ver a continuación.
TITLE-ABS-KEY (“monitoreo participativo” OR “ciencia ciudadana” OR “monitoreo comunitario” OR “monitoreo comunitario participativo” OR “monitoreo biocultural” OR “índice biocultural” OR “monitoreo intercultural” OR “monitoreo socioecológico” OR monitoreo socio-ecológico” OR “monitoreo socio ecosistémico” OR “monitoreo socioecosistémico” OR “monitoreo socio-ecosistémico” OR “monitoreo socio ambiental” OR “monitoreo socioambiental” OR “monitoreo socio-ambiental” OR “monitoreo diálogo de saberes” OR “participatory monitoring” OR “community-based” OR “citizen science” OR “participatory community monitoring” OR “community monitoring” OR “biocultural monitoring” OR “intercultural monitoring” OR “social ecological monitoring” OR “socioecological monitoring” OR “socio-ecological monitoring” OR “indigenous science” OR “indigenous monitoring” OR “monitoring traditional ecological knowledge” OR “monitoring TEK” OR “socioecosystem monitoring” OR “social ecosystem monitoring” OR “social environmental monitoring” OR “monitoring indigenous knowledge” OR “monitoramento participativo” OR “monitoramento comunitário” OR “monitoramento comunitário participativo” OR “ciência cidadâ” OR “monitoramento biocultural” OR “monitoramento intercultural” OR “monitoramento sócio-ecológico” OR “monitoramento sócioecológico” OR “monitoramento sócio-ecosistêmico” OR “monitoramento sócioecosistêmico” OR “monitoramento sócio-ambiental” OR “monitoramento sócioambiental” OR “monitoramento diálogo de saberes” OR “monitoramento diálogo de saberes” OR “conhecimentos ecológicos tradicionais”) AND
TITLE-ABS-KEY (“Mexico” OR “México” OR “Argentina” OR “Belice” OR “Belize” OR “Bolivia” OR “Brazil” OR “Chile” OR “Colombia” OR “Costa Rica” OR “Cuba” OR “Ecuador” OR “El Salvador” OR “República Dominicana” OR “Republica Dominicana” OR “Dominican Republic” OR “Guatemala” OR “Guyana” OR “Haiti” OR “Haití” OR “Honduras” OR “Nicaragua” OR “Panama” OR “Panamá” OR “Paraguay” OR “Peru” OR “Perú” OR “Puerto Rico” OR “Uruguay” OR “El Salvador” OR “Venezuela” OR “Latin America” OR “América Latina” OR “Sudamérica” OR “Central America” OR “América central”).
Posteriormente, para la búsqueda de publicaciones en el tema de MPSE se aplicaron varios filtros de restricción para la selección de publicaciones (en el mismo buscador de Scopus). El filtro 1 hizo referencia a la modalidad de textos, al seleccionar solo artículos científicos y solo dentro de cinco áreas temáticas de interés para el análisis (Ciencias Sociales, Ciencias Ambientales, de Agricultura y Biología, Multidisciplinarias, Ciencias de la Tierra). El resultado mostró 4 303 publicaciones. Al restringir la búsqueda a la delimitación geográfica de México, la muestra se redujo a 1 550 trabajos, y con el filtro por artículos y cinco áreas temáticas, dio el resultado de 546 publicaciones (véase el cuadro 1).
Más adelante, se aplicaron tres filtros adicionales de la revisión manual de publicaciones enfocada a la lectura de los resúmenes para discriminar con mayor precisión los casos que no fueran de MPSE (cuadro 1). Por ejemplo, no se incluyeron los trabajos de planeación territorial, manejo de recursos naturales, conservación comunitaria, manejo comunitario de ecosistemas y de gobernanza ambiental, que no tuvieran mención explícita al monitoreo, MP o MPSE. Por otro lado, se notó que los conceptos de “monitoreo comunitario” y en inglés de “Community based” fueron frecuentemente usados para referirse a comunidades bióticas sin vincularse con MPSE, por lo que fueron excluidos, al igual que los artículos con zonas de estudio en Nuevo México, Estados Unidos. La base final incorporó 24 artículos (Anexo B).
En todas las etapas de búsqueda y codificación posterior, se realizó un trabajo colaborativo, con múltiples revisiones manuales por pares académicos de los textos de resúmenes de publicaciones, con lecturas de los textos completos y plenarias de discusión analítica y metodológica por parte de los coautores. Esto con el fin de evitar posibles sesgos en la selección y el análisis de las publicaciones científicas sobre MPSE en México.
Etapa de valoración
Se desarrollaron criterios de análisis de las publicaciones sobre MPSE en México, retomando la experiencia previa de trabajos de revisión (no todos de manera sistemática), como Porter-Bolland et al. (2013), Koleff et al. (2016), Perevochtchikova (2016), Perevochtchikova et al. (2019), Monzón et al. (2020). Las ocho dimensiones fueron determinadas en relación con el esquema 1 propuesto para el MPSE: problema identificado y contexto socioecosistémico, escala territorial, temporalidad de monitoreo, actores involucrados, participaciones en el proceso de monitoreo, validaciones de datos obtenidos, aplicaciones de resultados, retos identificados. Estas dimensiones se subdividieron en 28 criterios y 123 códigos (cuadro 2).
Dimensiones MPSE | Criterios | Códigos |
Problema identificado y contexto socioecosistémico | Identificación del problema (motivación) de monitoreo | Indicación directa del texto |
Socioecosistema | Forestal, Agroforestal, Agrícola, Hídrico, Costero, Marino, Urbano y Periurbano | |
Servicios ecosistémicos monitoreados (temáticos) | Biodiversidad, hídricos, suelo, captura de carbono, calidad del aire, paisaje | |
Servicios ecosistémicos monitoreados (funcionales) | Provisión, regulación, soporte, culturales | |
Recursos naturales monitoreados | Bosque, vegetación, aire, reservas marinas, agua, suelo, arrecifes, aves, peces, mamíferos no felinos, felinos | |
Escala territorial | Escala geográfica | Local, regional, nacional, internacional |
Localidad | Indicación directa en el texto | |
Tenencia de la tierra | Social (ejidos y comunidades), pública, privada | |
Población indígena | Sí, No | |
Temporalidad de monitoreo | Años de monitoreo | Indicación directa del texto |
Continuidad de monitoreo | Sí, no, no determinado | |
Actores involucrados | Actores involucrados | Ejidos y comunidades, asociaciones civiles y organizaciones de la sociedad civil, sociedad civil, academia, gobierno nacional, gobierno estatal, gobierno municipal |
Financiamiento | Indicación directa del texto | |
Participaciones en el proceso de monitoreo | De donde surge la iniciativa de monitoreo | Ejidos y comunidades, asociaciones civiles y organizaciones de la sociedad civil (OSC), sociedad civil, academia, OSC internacional, gobierno nacional, gobierno estatal, gobierno municipal |
Intervención inicial para monitoreo | Normativa y legal, económica, capacitación, intercambio de conocimiento, científica | |
Estrategia de monitoreo | Participativa 100 por ciento, se consulta a actores, se informa a actores | |
Técnicas aplicadas (para captura de datos de monitoreo) | Observaciones visuales, mapeo participativo, senderos, mediciones en campo, seguimiento de protocolo | |
Instrumentos utilizados para obtención del dato | Indicación directa del texto | |
Validaciones de datos obtenidos | Certificación de monitoreo | Nacional, internacional, no determinado |
Procesamiento de datos | Academia, ejidos y comunidades, sociedad civil, gobierno nacional, gobierno estatal, gobierno municipal, asociaciones civiles y organizaciones no gubernamentales | |
Validación científica de datos | Sí, no, no determinado | |
Instrumentos de validación | Indicación directa del texto | |
Aplicaciones de resultados | Acceso abierto a la información generada | Acceso total (sí), semiabierto (no proporciona toda la información), cerrado (no), no determinado |
Plataformas de visualización del trabajo de monitoreo | Páginas web, observatorio ciudadano, comités, artículos, colecciones públicas / museos, difusión impresa, no determinado | |
Productos generados | Documentos comunitarios (como reportes y ordenamiento territorial), publicaciones, reportes técnicos, mapas (participativos, para uso comunitario, científicos), política pública (influencia en decisiones políticas), bases de datos (públicas, como naturalista), bases de datos (privadas), no determinado | |
Impactos producidos | Ambientales, sociales, económicos, académicos, educación (capacitación), políticos, legales y normativos, no determinado | |
Retos identificados | Problemas enfrentados | Organización, financiamiento, seguimiento (fluctuación de personal), instrumentos o insumos, académicos, capacitación, seguridad, político, social, no determinado |
Retos planteados | Investigación científica, incidencia en política pública, cambios en la vida social, no determinado |
Fuente: Elaboración propia con base en Moctezuma (2001), Molinier et al. (2016), Cárdenas-Torres et al. (2007), García-Frapolli y Toledo (2008), Rodríguez-Martínez (2008), Von Bertrab y Zambrano (2010), Ortega-Álvarez et al. (2012), Botello et al. (2013), Burgos et al. (2013), Ortega-Argueta y Contreras-Hernández (2013), Balderas et al. (2014), Austin (2014), Botello et al. (2014), Aceves-Bueno et al. (2015), Espinosa-Lucas et al. (2015), Farías et al. (2015), Perevochtchikova et al. (2016), Charre-Medellín et al. (2018), Maass (2018), Flores-Díaz et al. (2018), Hernández-Romero et al. (2018), Ortega-Álvarez et al. (2018), Jiménez Esquivel et al. (2018), Rowles et al. (2018), Fulton et al. (2019), Ladrón de Guevara-Porras et al. (2019) y Pérez-Belmont et al. (2019).
Etapa de síntesis
Esta fase consistió en la codificación de la base final en formato Excel, con 24 publicaciones científicas (Anexo B) sobre MPSE en México, considerando las variables de análisis, relacionadas con las dimensiones y categorías establecidas en el cuadro 2. Para probar el código, construir la base de datos y establecer la estrategia del análisis cualitativo, los resultados de codificación se revisaron por el equipo de colaboradores en varias sesiones plenarias, tal como lo sugieren Higgins et al. (2019a).
Etapa de análisis
Esta etapa incluyó la determinación cualitativa (descriptiva, narrativa e interpretativa) de las principales tendencias temporales, espaciales y temáticas (multidimensionales) de las publicaciones sobre MPSE en AL y México, con base en Estrella y Gaventa (1998), Moher et al. (2016), Booth et al. (2016), Perevochtchikova et al. (2019), Monzón et al. (2020).
Análisis I (tendencias generales de publicaciones en AL): se describieron las tendencias generales de las publicaciones sobre MPSE para AL, con base en el cuadro 1 (4 303 artículos). Los datos generales incluyeron análisis de frecuencias de publicaciones en línea de tiempo, conceptos utilizados, idioma de las publicaciones, países e instituciones de afiliación de los autores, revistas y fuentes de financiamiento de estudios. Se utilizó Excel (https://www.microsoft.com/es-mx/microsoft-365/excel) para la presentación gráfica de tendencia temporal y el Sistema de Información Geográfica (https://www.qgis.org/es/site/ ) para representar la tendencia espacial de los artículos.
Análisis II (tendencias temporal y espacial de publicaciones en México): se determinaron tendencias temporales y espaciales de 24 publicaciones sobre MPSE para México (Anexo B), con base en códigos preestablecidos (cuadro 2). Esto incluyó la construcción de una línea de tiempo y mapa de la distribución espacial de las publicaciones y sitios de estudio (con frecuencias de las publicaciones); la presentación de la nube semántica; y la información general de las publicaciones, como revistas, instituciones, autores y fuentes de financiamiento de artículos. Para la construcción de la nube semántica, los elementos desde títulos, palabras clave y resúmenes de publicaciones se organizaron en un archivo de texto en idioma español, con verbos en presente, palabras en singular, con escritura en minúsculas (excepto los nombres propios), sin acento, números por escrito (excepto fechas), tal como sugiere Hernández (2015). El análisis se realizó en el software libre de Nubes de Palabras (http://www.nubedepalabras.es/).
Análisis III (análisis multidimensional de MPSE en México): consistió en la descripción temática de los 24 artículos, con base en ocho dimensiones de MPSE, criterios y códigos preestablecidos en el cuadro 2; con la generación posterior de diagramas aluviales para la interpretación sistémica de los criterios analizados. Estos diagramas se realizaron con el software R Studio v. 4.0 (http://www.r-project.org) y el análisis se desarrolló de manera descriptiva, interpretando la información de criterios de manera integrada.
RESULTADOS
Análisis I: tendencias generales de publicaciones en AL
De la revisión de publicaciones en el tema de MPSE en AL se nota que la aplicación de los conceptos vinculantes empieza desde 1974. La tendencia general muestra un crecimiento sustancial de publicaciones en el tema a partir del año 2000. La distribución espacial de publicaciones en América Latina se presenta en el mapa 1.
La mayor cantidad de publicaciones en AL está en inglés (94%), lo que se explica por las características de la base de datos Scopus, seguido por el español en la base SciELO. Entre los países de la adscripción institucional de los coautores con mayor producción en el tema se encuentran Estados Unidos (38%), Reino Unido (8.34%) y Canadá (6.8%); México ocupa el lugar 23.
Las principales instituciones por la afiliación de los coautores de publicaciones son: Universidad Nacional Autónoma de México (20.3%), Universidade de São Paulo-USP (11.2%), University of Florida (8.24%), The University of New Mexico (7.7%) y el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (6.5%).
Entre las revistas donde se han publicado los trabajos resaltan: Plos One (16%), Social Science and Medicine (12%), Progress in Community Health and Partnerships Research Education and Action (9%), Journal of Sustainable Forestry (7%) y Ecology and Society (6%).
Las principales fuentes de financiamiento mencionadas en las publicaciones son: National Science Foundation (17.2%), Conselho Nacional de Desenvolvimento Científico e Tecnológico (16.3%), National Institutes of Health (10.3%), Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (9%) y Social Sciences and Humanities Research Council of Canada (7.3%).
Lo anterior indica la dominancia de instituciones de Estados Unidos para el estudio y el financiamiento de estudios sobre MPSE en América Latina.
Análisis II: tendencias temporal y espacial de publicaciones en México
Para México, de 24 artículos revisados (Anexo B) y codificados, según las dimensiones y criterios establecidos en el cuadro 2, se puede ver el inicio de publicaciones sobre MPSE desde el año 2003 con un crecimiento sustancial en 2018, pero disminuyendo en 2019 (gráfica 1).
La distribución espacial de publicaciones y la distribución de casos de estudio se presentan en el mapa 2. Los estados con mayor número de casos de estudio son Baja California Sur y Oaxaca, con 12.5 por ciento del total cada uno, seguidos por la Ciudad de México (10.40%) y los estados de Quintana Roo y Sonora (8.33%).
La nube semántica (figura 1) muestra la frecuencia de palabras que componen títulos, resúmenes y palabras clave de publicaciones seleccionadas, reflejada a través de su tamaño y centralidad de ubicación. Las diez palabras más frecuentes resultaron: “monitoreo” (6.47%), “comunidad” (5.6%), “México” (5.5%), “agua”(5.3%), “área” (3.7%), “participativo” (3.3%), “calidad” (3.1%), “especie” (3.1%), “investigación” (2.7%) y “local”(2.4%), lo que representa el núcleo de palabras de búsqueda, pero también indica, en el contexto de la investigación científica, un mayor enfoque de los estudios sobre MPSE a escala local, con dominancia de temas de agua y algunas especies biológicas.
De los 24 artículos analizados, los idiomas de publicación fueron inglés (76%) y español (24%). Las revistas con mayor cantidad de trabajos resultaron: Revista Mexicana de Biodiversidad (16.7%), Therya (8%), entre 18 fuentes más con un porcentaje de 4.5 por ciento cada una, incluyendo revistas internacionales, como Ecological Restoration, Journal of Environmental Management, Environment and Urbanization, Sustainability, Environmental Monitoring and Assessment, Forests; y, en español, Relaciones y Argumentos (estas dos son de ciencias sociales, lo que denota el carácter interdisciplinario de MPSE) y Tecnología y Ciencias del Agua.
Las instituciones de afiliación de los coautores fueron: Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) (19.7%), Conservación Biológica y Desarrollo Social, A.C. (13.9%), Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio) (10.7%), University of Texas at Austin (5.7%), Restauración Ecológica y Desarrollo A.C. (4.9%), entre otras 34 instituciones en menor porcentaje. Con clara dominancia de autores mexicanos (85%) y de Estados Unidos (12.5%).
Entre las fuentes de financiamiento se encontraron: a) privada, incluyendo fundaciones internacionales (43.6%) e instituciones bancarias (5.1%); b) pública, como gobierno federal mexicano (20.5%), gobierno extranjero (12.8%) y universidades (7.7%). Las instituciones de financiamiento más mencionadas fueron: UNAM, Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), United States Environmental Protection Agency (EPA), United States Agency for International Development (USAID), Fundación Gonzalo Río Arronte (FGRA), Alianza WWF, Naturalista de la Fundación Carlos Slim y Fondo Mexicano para la Conservación de la Naturaleza A.C.
Análisis III: análisis multidimensional de MPSE en México
Las tendencias temáticas se describieron y estructuraron en relación con ocho dimensiones del esquema de MPSE.
Problema identificado y contexto socioecosistémico. Los socioecosistemas priorizados en las publicaciones fueron: forestales (39.4%), hídricos (24.2%), costeros, agroforestales (12.1%), seguidos por sistemas urbanos y/o periurbanos (9%), y marinos (3.0%). Entre los recursos o elementos naturales monitoreados se observó el predominio de recursos hídricos y mamíferos no felinos (22.2%), seguidos por forestales o de vegetación, mamíferos felinos y peces (11.1%), y finalmente, por aves (7.4%), arrecifes y reservas marinas (3.7%). Los servicios ecosistémicos temáticos más observados fueron de biodiversidad (66.7%), hídricos (20.8%), con captura de carbono y de calidad de aire solo de 4.2 por ciento. Los servicios ecosistémicos funcionales fueron los de regulación (59.3%), provisión (33.3%), con una inclusión marginal de servicios de soporte (7.4%) y ausencia de estudios e investigación sobre servicios culturales.
Escala territorial. Sobre la escala geográfica de casos de estudio se observó que no existe ninguno a escala nacional, los proyectos preponderantes son los locales (66.7%) y los regionales (33.3%). Domina la propiedad social (ejidos y comunidades, 91.7%), y hay poca representación de la propiedad pública (8.3%). Las comunidades indígenas abarcan solo en 29.2 por ciento de los trabajos, y no hay casos en territorios de propiedad privada.
Temporalidad de monitoreo. La duración de los proyectos de monitoreo se establece en su mayoría a tres años (20.8%), con muy pocas experiencias a largo plazo (4.2%). De los casos analizados, solo 37.5 por ciento continúa con el monitoreo sin apoyo de los académicos.
Actores involucrados. La participación de los actores es diversa, pero predominan los académicos (36.8%), organizaciones de la sociedad civil (OSC) (33.3%), seguidos por actores del sector público federal (5.5%), estatal (3.5%) y municipal (1.8%).
Participaciones en el proceso de monitoreo. Las iniciativas de monitoreo surgen principalmente de la academia (40.5%), por comunidades y ejidos (13.6%), y marginalmente por otros actores. Entre las motivaciones para el MPSE, las menciones más frecuentes son sobre conservación (36.4%), calidad del agua (22.7%), nuevos registros de especies biológicas e incremento de conocimiento de la población (13.6%). Las intervenciones iniciales fueron identificadas como: científicas (42.9%), de capacitación (32.1%), cambios normativos y legales (14.3%) e intercambio de conocimiento (10.7%). El grado de involucramiento de los actores no académicos muestra que son consultados y capacitados en 44 por ciento de los casos e informados en 12 por ciento. Sobre las técnicas empleadas para el monitoreo se detectaron: mediciones en campo y observación directa por actores involucrados (31.4%), seguidos por mapeo participativo (22.9%) y senderos (2.9%). En 23 por ciento de los casos se identificó el seguimiento de protocolos. Entre los equipos técnicos identificados están: cámaras trampa y kits para calidad de agua (15.4%), geoposicionadores (GPS), Smartphone, Logbooks, sonar de barrido lateral, estimador Jolly-Seber y binoculares (con 3.9% cada uno).
Validaciones de datos obtenidos. En 76.2 por ciento de los casos no se logró identificar si los monitoreos fueron certificados, mientras que en 23.8 por ciento tienen certificaciones internacionales. Sobre las capacitaciones destacan: uso de bitácoras, cuestionarios, guías de identificación (3.9% cada uno). Los datos recolectados fueron procesados en su mayoría por la academia (70%), seguida por comunidades o ejidos (16.7%) y mínimamente por la sociedad civil y el gobierno federal (6.7% cada uno). La validación de la información para 54.2 por ciento de los casos no pudo ser determinada; en otros casos fue por comparación de datos en laboratorio, análisis estadísticos (8.3%), foto identificación y métodos de percepción remota (4.2%).
Aplicaciones de los resultados. Sobre los impactos producidos se observan: académicos (24.4%), sociales y educativos (20% cada uno), ambientales (16.7%), políticos, legales o normativos (10%), y económicos (8.9%). Entre los productos generados se resaltan: publicaciones científicas (27.4%), reportes técnicos (17.8%), documentos comunitarios, algún tipo de reportes u ordenamientos territoriales (11%), bases de datos públicas (por ejemplo, Naturalista) (10%), mapas participativos para uso comunitario o científico (8.8%), cambios políticos, legales y normativos (6.9%). La forma de divulgar la información fue a través de páginas web (31.2%), colecciones cerradas (18.8%), artículos (9.4%), difusión impresa (3.1%).
Retos identificados. Los problemas que los trabajos mencionaron fueron: organización interna de comunidades y de instituciones externas (20%), problemas políticos (20%), financiamiento (17.4%), instrumentos o insumos (11%) y, en menor porcentaje, capacitación (6.5%), fluctuación de monitores (4.4%) y seguridad (2.2%). Los retos se vinculan con el desarrollo de la investigación científica, tienen incidencia en la política pública y cambios en la vida social.
La información presentada se puede visualizar de manera integrada mediante los diagramas aluviales, cruzando los códigos de análisis para artículos revisados (gráficas 2, 3 y 4).
Fuente: Elaboración propia. Nota: La escala (l=local, r=regional); la tenencia de la tierra T_tierra (p=pública, s=social); el recurso natural monitoreado E_Observado (ag=agua, ai=aire, arrecife, aves, b=bosque, s=suelo, mam=mamíferos, fe=felinos, peces, y rayos UV); y el socioecosistema SES (a=agroforestal, c=costero, f=forestal, h=hídrico, u=urbano, m=marino).
Fuente: Elaboración propia. Nota: El socioecosistema SES (a=agroforestal, c=costero, f=forestal, h=hídrico, u=urbano, m=marino); los actores involucrados (a=academia, c=comunidad local, g=gobierno estatal o federal, sc=sociedad civil); el número de años Num_Años (en años); y la participación de la población local en el monitoreo (c=consultiva, i=informativa, p=participativa).
Fuente: Elaboración propia. Nota: La participación de la comunidad local en monitoreo (c=consultiva, i=informativa, p=participativa); el procesamiento de datos por actores Procesa_Datos (a= academia, c= comunidad, g= gobierno, sc= sociedad civil); los impactos de monitoreo (am= ambientales, s= sociales, e= económicos, p= políticos, a= académicos / educativos); y los retos (o= organizativos, a= académicos, f= financieros, p= políticos, t= temporales).
Como se observa, predominan las experiencias que atienden la escala local, en territorios de propiedad social y pocas en públicas. Los recursos naturales monitoreados responden a intereses muy variados, siendo de mayor frecuencia las especies biológicas, como los mamíferos y las aves, o elementos del ambiente, como el agua. Los casos de estudios se realizan principalmente en socioecosistemas forestales y, en ocasiones, en hídricos, costeros, urbanos o agroforestales. Es común que las categorías no sean excluyentes, sino que combinen los elementos monitoreados o los socioecosistemas en donde se realizan estas experiencias. Por esta razón, se ven categorías combinadas en la gráfica aluvial, que tratan de representar no solo la variedad de elementos que se atienden, sino las configuraciones particulares que alcanzan en función de los intereses de los participantes.
Las experiencias de monitoreo se realizan en contextos socioecosistémicos diferentes (con dominancia forestal), bajo una combinación diversa de la participación de actores (dominio de comunidad y academia). Las iniciativas de monitoreo se han implementado más a corto plazo, y el nivel de participación (o involucramiento) es variable de las comunidades locales: desde informativa (menor porcentaje), cuando la comunidad local es informada y participa de manera tangencial en un ejercicio de monitoreo dirigido por actores externos; consultiva, cuando es consultada respecto a decisiones, e incluso participativa, con papel directivo del ejercicio (mayor porcentaje).
Lo participativo y consultivo de la población local se relaciona con el procesamiento de datos obtenidos del monitoreo principalmente por académicos, en alianza con las comunidades locales o con la sociedad civil, siendo pocas las participaciones gubernamentales. Todos los trabajos reconocen que el monitoreo ha tenido impactos académicos que pueden estar combinados con los de otro tipo, como los ambientales y sociales. Los impactos políticos han sido referidos en nueve casos de estudio (Anexo C). Como se observa, en seis de ellos se han construido ordenamientos comunitarios del territorio alimentados con los datos generados en el monitoreo. En otros casos, el monitoreo ha acompañado ejercicios de planeación territorial y gestión del espacio público en contextos periurbanos (caso de la Ciudad de México) y la zona transfronteriza con Estados Unidos (caso Nogales).
DISCUSIÓN
La revisión sistemática de literatura científica realizada sobre el MPSE en México mostró un constante crecimiento de publicaciones desde el año 2000, lo que indica un interés en este tipo de iniciativas colaborativas y su registro a través de medios académicos. La misma tendencia se ha presentado a nivel internacional (Monzón et al., 2020), al igual que para temas vinculantes, como servicios ecosistémicos (Perevochtchikova et al., 2019) y socioecosistemas (Herrero-Jáuregui et al., 2018; Gómez Sántiz et al., 2021). El inglés es el idioma dominante en las publicaciones, seguido por el español, se relaciona con el carácter de bases de datos consultadas de Scopus y SciELO. En este sentido, las revistas de publicación, las instituciones de afiliación de los autores, al igual que el financiamiento para los estudios están representados, en su mayoría, desde México y Estados Unidos. Las mismas dinámicas se han mencionado para temas socioecosistémicos, en cuanto a influencias analíticas y disponibilidad financiera para estudios de casos en América Latina desde el Norte Global (Balvanera et al., 2020).
La escala más trabajada en MPSE fue local, seguida por la regional, dominando la tenencia de la tierra de propiedad social (ejidos y bienes comunales). Ha sido más aplicado para socioecosistemas forestales, hídricos y agroforestales; para servicios ecosistémicos temáticos de biodiversidad e hídricos, y, servicios funcionales de regulación y provisión, observando poca atención hacia los de soporte. No se identificó la dimensión cultural en MPSE, lo que respalda la crítica que realiza la perspectiva biocultural a la conservacionista (Boege, 2008).
Es decir, que el interés se centra en la conservación de la biodiversidad y recursos naturales por encima de la comprensión de la complejidad social y de las agendas políticas comunitarias, las cuales incluyen variables culturales en el aprovechamiento de sus territorios (Luque y Robles, 2006). Este es un paso crítico para la incorporación del enfoque socioecosistémico en las iniciativas y experiencias de monitoreo participativo, porque permitiría dar cuenta de las dimensiones socioculturales en las que tiene lugar el monitoreo y de qué maneras estos ejercicios fortalecen procesos locales hacia nuevos acuerdos (Luque et al., 2012; 2016). En este sentido, el componente “socio” de socioecosistemas está muy poco representado en los estudios que fueron analizados en este trabajo.
La consideración de socioecosistemas forestales e hídricos, puede relacionarse con la orientación dominante de programas de política pública ambiental en México, como establecimiento de Áreas Naturales Protegidas y el programa de Pago por Servicios Ambientales (García-Frapolli y Toledo, 2008; Perevochtchikova, 2016). Por otro lado, la propiedad de la tierra social dominante en los estudios analizados muestra una clara relación con la protección de zonas forestales ubicadas en territorios comunitarios y ejidales, que ocupan 60 por ciento de bosques del país (Madrid et al., 2009).
Respecto a la participación social se observó que el MPSE ha surgido y funcionado más con el impulso y el sustento desde la academia, seguido por las organizaciones de la sociedad civil, con poca intervención pública y marcada ausencia del sector privado, tal como lo confirman Monzón et al. (2020). Este punto se relaciona con la inversión inicial necesaria para realizar las capacitaciones y la compra del material (instrumentos y reactivos) para el monitoreo (Ortega-Argueta y Contreras-Hernández, 2013).
Se menciona en las publicaciones que las capacitaciones en su mayoría se desarrollaron por la academia, sin certificación y con el apoyo financiero de proyectos de investigación científica (Burgos et al., 2013; Flores-Díaz et al., 2013). Las capacitaciones en este caso fueron para el aprendizaje de uso de herramientas de medición dentro de protocolos estandarizados y para llevar bitácoras o guías de campo (Geilfus, 2002), lo que en conjunto asegura la calidad del dato obtenido (Ortega-Argueta y Contreras-Hernández, 2013; Aceves-Bueno et al., 2015). También el procesamiento de información se ha realizado dominantemente por la academia, sin validación en laboratorio en la mitad de los casos.
Los proyectos presentados en las 24 publicaciones analizadas han tenido temporalidad promedio de tres años, con seguimiento posterior en solo una tercera parte; lo que se vincula con la duración promedio de proyectos de investigación científica en México, financiados por universidades y el Conacyt. También se debe a diversos limitantes que enfrenta el MPSE (Lawrence, 2006; Flores-Díaz et al., 2018), como falta de financiamiento para seguir, pérdida de interés de los actores, cambio de preferencias del gobierno, de autoridades comunitarias, entre otros (Perevochtchikova, 2016). Hay que considerar que el proceso de obtener, procesar y difundir la información, además, de proponer acciones, puede llevar entre uno y nueve años por la conciliación necesaria de intereses diversos (Danielsen et al., 2010).
El tipo de involucramiento social ha mostrado la dominancia de monitoreo participativo y consultivo en la mitad de trabajos, con nivel mínimo del informativo, según las categorías de Shirk et al. (2012). Esto indica un cambio favorable en la colaboración multiactor; sin embargo, aún sin involucrarse la población local en las etapas del diseño, el procesamiento y el uso de los datos obtenidos. Como lo comentan Cárdenas-Torres et al. (2007), la participación directa, el apoyo y la cooperación de los actores locales constituye un factor clave en el MPSE y contribuye a la aceptación de responsabilidades, al empoderamiento y a la toma de decisiones de forma horizontal (Von Bertrab y Zambrano, 2010). Es un proceso de la construcción conjunta del conocimiento y de coaprendizaje, que requiere cambios sociales y culturales, estos incluyen también a la ciencia (Austin, 2004; Merçon et al., 2018).
Los problemas que los estudios han enfrentado se refieren a las carencias de la organización comunitaria interna, cambios políticos, falta de financiamiento e insumos, y el problema de seguridad en varias zonas del país (por actividades delictivas). En este sentido, Barnes et al. (2013), García y Lescuyer (2008), Lawrence (2006) y Danielsen et al. (2010), comentan que el MPSE depende de factores múltiples y del compromiso de los actores involucrados. Lawrence (2006) afirma que es importante incidir en la capacitación de los monitores, la adquisición del equipo y materiales, trabajar en la comunicación y la educación ambiental para promover la conciencia ambiental y la cohesión social. Esto fortalecerá las bases para el empoderamiento de la población local en cuestiones de planeación territorial, uso y aprovechamiento de recursos naturales (Ulloa et al., 2021). Para el éxito y la efectividad de esquemas de MPSE son fundamentales la colaboración, la confianza y la gobernanza (Austin, 2004; Danielsen et al., 2005, 2010).
La aplicación del MP en los estudios analizados ha generado principalmente impactos académicos, seguidos por sociales y ambientales, reflejado a través de productos como artículos, reportes, bases de datos y documentos comunitarios. Los retos identificados en este sentido se enmarcan en: a) la contextualización de la investigación como parte de los procesos comunitarios, lo que implica el desarrollo de estrategias sociopolíticas, tal como lo comentan Ortega-Álvarez et al. (2018); b) el conocimiento de las experiencias de MPSE, tanto a través de publicaciones científicas, como mediante otros recursos de empoderamiento social e incidencia en decisiones políticas, por ejemplo vía observatorios ciudadanos (Díaz y Natal, 2014); c) la incorporación de criterios bioculturales, como la autogestión del desarrollo, y en el caso de pueblos indígenas el respeto de derecho a la libre autodeterminación (ONU, 2007), lo cual puede ser apoyado por modalidades de investigación intercultural y del diálogo de saberes (Boege, 2008; Luque et al., 2016; Benyei et al., 2019); d) la construcción conjunta del conocimiento (Monzón et al., 2020), basado en la inter- y transdisciplina, que requiere un cambio de la perspectiva científica tradicional (Ortega et al., 2014; Merçon et al., 2018).
Los retos para la toma de decisiones se relacionan con el potencial de la incidencia de MPSE en la política pública y la gestión local (comunitaria), a través de la implementación de programas de conservación y en la planeación territorial, pero, sobre todo, en propuestas que fortalezcan el bienestar comunitario (Danielsen et al., 2005; Cohn, 2008; Koleff et al., 2016; Perevochtchikova y Sandoval, 2020). Entre los trabajos analizados, en nueve casos de estudio (Anexo C) se identificó un impacto claro en el aporte para los ordenamientos comunitarios del territorio (seis trabajos) alimentados con los datos generados en el monitoreo, y en tres más para los ejercicios de planeación territorial y de gestión del espacio público en contextos periurbanos (Ciudad de México) y la zona transfronteriza con Estados Unidos (Nogales).
En otras dos terceras partes de los trabajos no se ha identificado un impacto explícito en la toma de decisiones, lo que puede indicar un reto y la necesidad de reconocer las ventanas de oportunidad para su incorporación institucional (Aceves-Bueno et al., 2015). Por un lado, esto requiere el fortalecimiento de capital social a través de prácticas de la construcción conjunta del conocimiento sobre socioecosistemas locales y el seguimiento conjunto del proceso de MPSE (Dickinson et al., 2012; Flores-Díaz et al., 2013), lo que contribuya al desarrollo de estrategias de planeación y gestión local (Koleff et al., 2016; Rojo, 2018; Shinbrot et al., 2020). En México, entre los instrumentos que puedan beneficiarse del MPSE están los ordenamientos territoriales comunitarios (ecológicos o forestales), que también son solicitados en programas federales de conservación ambiental (Montes, 2001; Maass, 2018) o iniciativas de ecoturismo locales (Luque et al., 2012).
Por otro lado, para la política pública el MPSE podría servir para la determinación de problemas y soluciones (Austin, 2004), en el diseño y la implementación de programas de conservación masivos (Cohn, 2008), sobre todo en situaciones de falta de presupuesto gubernamental (Perevochtchikova y Sandoval, 2020), las de bienestar y salud humana (Evans y Guariguata, 2008), así como para la optimización del gasto público (Perevochtchikova y Sandoval, 2020) y la evaluación de los efectos de la aplicación de instrumentos de conservación (Perevochtchikova, 2016; Brownson et al., 2019; Shinbrot et al., 2020).
Lo anterior se aplica a México, ya que para tener un MPSE se requiere establecer vías claras de colaboración intersectorial desde el diseño hasta la ejecución de los instrumentos de política pública (Lawrence, 2006). También, asegurar normativamente el financiamiento y la durabilidad de los programas de conservación a través de mecanismos que generen medios de vida sustentables para la población local, vinculado al proceso de MPSE (Perevochtchikova y Sandoval, 2020). Esto se debe a la necesidad de crear condiciones de costo-beneficio favorables para el éxito de esquemas de MPSE (Aceves-Bueno et al., 2015; Perevochtchikova, 2016). Por último, requiere el establecimiento de protocolos estandarizados para el MPSE, con un sistema de información abierta e indicadores socioecosistémicos claros para el seguimiento del MPSE y el aprovechamiento de la información generada (Ortega-Argueta y Contreras-Hernández, 2013).
CONCLUSIONES
A través de la revisión sistemática de la literatura científica sobre el MPSE en México, se determinaron las tendencias generales temporales, espaciales de las publicaciones y multidimensionales del proceso de monitoreo, a partir de un esquema conceptual propuesto. Se identificó un interés creciente en el tema en el país, con el establecimiento de esquemas colaborativos para la observación de diversos socioecosistemas. Es evidente que se requiere impulsar la investigación que sistematice las experiencias de monitoreo participativo vigentes y que no han alcanzado su publicacion en medios académicos. Esto para darse cuenta de la gran variedad de fórmulas que existen y, sobre todo, evaluar su efecto integrativo.
Para potenciar su aplicación en términos de la toma de decisiones y el desarrollo de acciones para la sustentabilidad, se observó que el MPSE debe abarcar en su planteamiento ocho dimensiones clave que van desde la identificación del problema específico (en relación con el bienestar social y ecológico) y de los elementos socioecosistémicos a observar, la escala territorial y el horizonte temporal, con la integración de múltiples actores (academia, sociedad, gobierno, sector privado), en todas las etapas de monitoreo (diseño, obtención de datos, procesamiento), con validación de la información y su posterior uso para el desarrollo de acciones concretas.
Por otro lado, los esquemas del MPSE por tener un carácter colaborativo y transdisciplinario, deben ser dirigidos a la construcción conjunta del conocimiento, reconociendo y aprovechando los saberes locales tradicionales, lo que en términos académicos también requeriría un cambio del paradigma actual de la labor científica. En el contexto de otras publicaciones sobre el tema, el presente trabajo propone y pone a prueba un esquema conceptual replicable para la toma de decisiones multinivel y multiescalar, mediante una metodología rigurosa de revisión sistemática de literatura científica, que permite identificar el panorama y las tendencias de publicaciones sobre MPSE en México. Esto marca el desafío de realizar una revisión de experiencias de MPSE no publicadas en revistas científicas, que pueden ampliar el panorama de las iniciativas surgidas desde lo social.