Introducción
De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), la etapa escolar está comprendida de los 5 a los 12 años de edad. El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia menciona que esta es una etapa decisiva de la vida, puesto que es donde se obtienen conocimientos y adquieren experiencias esenciales para desarrollar su capacidad como seres humanos; además se caracteriza por el crecimiento físico, el desarrollo psicomotor y cambio de hábitos y estilos de vida que condicionan el bienestar y la calidad de vida del futuro adulto1.
Por otro lado, la obesidad infantil, se considera actualmente como problema de salud pública que ha ido creciendo de forma alarmante en los últimos años. México ocupa el cuarto lugar de prevalencia mundial de obesidad, superado solo por Grecia, Estados Unidos e Italia; este problema no sólo está presente en la adolescencia, sino también en población en edad escolar, siendo la principal causa los malos hábitos en la alimentación, que generalmente desembocan en una prevalencia de sobrepeso de un 70% en la edad adulta2.
Existen diversos factores que se han relacionado con la obesidad en la etapa escolar; dentro de los más importantes se encuentran: el peso al nacimiento, la obesidad de los progenitores, las horas dedicadas a la televisión, el rebote temprano de adiposidad, los hábitos alimentarios poco apropiados con bajo consumo de verduras, frutas y lácteos, así como un alto consumo de alimentos procesados de alta densidad energética; así mismo, factores extrínsecos como la preocupación de los padres por el peso del niño3- 4- 5. Están expuestos a alimentos hipercalóricos ricos en grasa, azúcar, sal y pobres en micronutrientes, que suelen ser poco costosos6.
De acuerdo con la OMS, los hábitos alimentarios sanos son un conjunto de costumbres que condicionan la forma como los individuos o grupos seleccionan, preparan y consumen alimentos, influidos por la disponibilidad y acceso de éstos y el nivel de educación alimentaria; y deben comenzarse en los primeros años de vida6. En cuanto a la conducta alimentaria, se refiere al conjunto de acciones que establecen la relación del ser humano con los alimentos. Los padres tienen una gran influencia sobre los hábitos y conductas alimentarias de los niños y son ellos los que deben decidir la cantidad y calidad de los alimentos proporcionados durante esta etapa; en conjunto con la escuela (principal-mente profesores) que juegan un papel importante en el fomento y adquisición de hábitos alimentarios saludables, a través de la promoción y educación para la salud7.
Generalmente se acepta que los comportamientos frente a la alimentación, se adquieren a través de la experiencia directa con la comida en el entorno familiar y social, por la imitación de modelos, la disponibilidad de alimentos, el estatus social, los simbolismos afectivos y las tradiciones culturales8- 9- 10. Sin embargo, los hábitos alimentarios se han ido modificando por diferentes factores que alteran la dinámica e interacción familiar. Un factor importante corresponde a la situación económica que afecta los patrones de consumo, tanto de los niños como de los adultos; así como una menor dedicación y falta de tiempo para cocinar, lo que provoca que las familias adopten nuevas formas de cocina y organización de la misma. La pérdida de autoridad de los padres en la actualidad, ha ocasionado que muchos niños coman cuándo, cómo y lo que quieran11- 12 13.
La conducta alimentaria en niños, presenta una relativa estabilidad temporal que se equipara a otros rasgos estables de la personalidad y deben ser los progenitores los que influyan en el contexto alimentario infantil, usando modelos autoritarios o permisivos para la elección de la alimentación de los niños, en aspectos como tipo, cantidad y horarios de alimentación; así como edad de introducción 10. Respecto a esto, el modo de alimentarse, las preferencias y el rechazo hacia determinados alimentos, se encuentran fuertemente condicionados durante la etapa infantil por el contexto familiar, puesto que es en este período cuando se adoptan la mayoría de los hábitos y prácticas alimentarias14, donde especialmente las madres, tienen una influencia importante en la forma como el niño se comporta en relación con la alimentación15.
Se considera que la alimentación y la nutrición son procesos influenciados por aspectos biológicos, ambientales y socioculturales, además que durante la infancia contribuyen a un desarrollo y crecimiento óptimo, así como la maduración biopsicosocial. Es necesario que los niños adquieran, durante esta etapa, hábitos alimentarios saludables16. Por tanto, la edad escolar es una etapa crucial para la configuración de los hábitos alimentarios y conductas; mismas que persistirán en etapas posteriores, no solo como posible factor de riesgo actual, sino también en la edad adulta e incluso en la senectud17.
Para prevenir la obesidad, es necesario identificar hábitos y conductas alimentarias no saludables desde etapas tempranas de la vida, así como planificar los correctivos necesarios14, sin dejar de lado la imperiosa necesidad de fomentar prácticas y estilos de vida saludables entre las familias18 19 20. Por todo lo anterior, el objetivo de esta investigación fue determinar la clasificación de conductas y hábitos alimentarios de estudiantes en etapa escolar, mediante la exploración de once dimensiones.
Materiales y métodos
El diseño fue de tipo cuantitativo, no experimental y transversal, donde se detallaron las conductas y hábitos alimentarios que poseen estudiantes escolares. La población de interés fueron 590 niños de 6 a 12 años de edad, de la primaria Francisco Zarco, residentes de la ciudad Heroica Matamoros, en Tamaulipas. El muestreo fue de tipo probabilístico aleatorio simple; la muestra final estuvo constituida por 243 participantes y fue calculada por medio de la fórmula de Hernández et al21. Los criterios de inclusión fueron: niños inscritos en el periodo escolar 2015- 2016 de la institución; de ambos sexos; de 1° a 6° grado.
Los instrumentos utilizados fueron: una cédula de datos personales, en donde se obtuvo la edad del escolar y el sexo; así como datos de los padres con la edad y el parentesco. Para los hábitos alimentarios se utilizó el cuestionario para evaluar conductas y hábitos alimentarios en usuarios de la atención primaria de salud 18; este cuestionario está formado por 11 dimensiones: 1) preocupación alimentaria; 2) seguimiento de las indicaciones de salud; 3) alimentación fuera de horarios; 4) guías alimentarias; 5) conductas alimentarias sedentarias; 6) alimentación deportiva; 7) consumo de alimentos innecesarios; 8) alimentos de alto consumo; 9) proceso de alimentación; 10) posición al alimentarse y 11) saciedad de alimentos energéticos. Con un total de 38 ítems en escala de Likert de 5 puntos, que van desde 1) Nunca, hasta 5) Siempre.
El instrumento permitió clasificar por tres puntos de corte de acuerdo a percentiles, 1) <P25= Conducta y hábitos alimentarios deficientes; 2) P25 - P75= Conducta y hábitos alimentarios suficientes y 3) >P75= Conducta y hábitos alimentarios saludables. El instrumento ha presentado buena consistencia interna con Alpha de Cronbach de .79. Para este estudio se contó con la autorización de los directivos de la escuela primaria Francisco Zarco, se solicitó la lista de los alumnos inscritos en el ciclo escolar para identificar el tamaño de la población y posteriormente se determinó un tamaño muestral de 265 escolares. No obstante, al citar a los padres de familia, algunos no asistieron a las juntas, por lo que al final se conservaron únicamente 243 participantes, los cuales fueron considerados para el análisis de resultados.
Para que la muestra fuera homogénea se dividió el total de ésta entre el número de grupos que existía (17 en total) por lo que se seleccionaron 40 niños de cada uno de los grados de 1° a 6°, con excepción de 2° en donde se seleccionaron 43 niños; esta selección se realizó por medio del programa Minitab de manera aleatoria.
Posteriormente, a cada niño seleccionado se le otorgó un citatorio dirigido a los padres de familia, para que estos asistieran a una reunión, donde se les aplicó el instrumento. Se consideró el horario de entrada y salida, así como el recreo para realizar la orientación. Durante las reuniones, a los padres de familia se les proporcionó información sobre el proyecto, se despejaron dudas y se les otorgó un consentimiento informado por escrito; así mismo, la cedula de datos personales y el cuestionario de conductas y hábitos alimentarios. Después de leer el consentimiento y firmarlo, los padres procedieron a contestar los instrumentos de acuerdo a los hábitos alimentarios de sus hijos; este proceso les tomó alrededor de 15 a 20 minutos. Posteriormente, se capturaron los datos en el paquete estadístico IBM SPSS 20.0; además, fue elaborada una base de datos en el programa Microsoft Excel versión 2010, consecutivamente se analizaron los resultados.
Esta investigación se apegó a lo dispuesto en el Reglamento de la Ley General de Salud en Materia de Investigación para la Salud22; en ella prevaleció el respeto a la dignidad y la protección de los derechos y bienestar de los participantes, al no forzar su participación y evitar la presencia de situaciones o procedimientos que les pudieran causar algún tipo de daño. Además, fue desarrollado por profesionales de la salud y contó con el dictamen de aprobación de la Comisión de Investigación y Ética de la Unidad Académica Multidisciplinaria Matamoros de la Universidad Autónoma de Tamaulipas. De igual forma, se garantizó a los padres que el retiro de su consentimiento durante el estudio no afectaría la situación escolar del niño.
Respecto al análisis de los datos, se realizó estadística descriptiva para conocer las frecuencias y porcentajes de las respuestas de las variables de estudio. Así mismo, se determinaron percentiles para categorizar los hábitos alimentarios de los niños y se realizó un análisis de correlación con el estadístico Chi cuadrado para verificar asociación entre las variables; posteriormente un análisis de regresión para probar efectos entre las mismas.
Resultados
De acuerdo con los datos sociodemográficos de los participantes del estudio, se puede observar que el sexo masculino ocupó 52.7%, y la edad de entre 9 a 11 años 51.4%. Así mismo, se muestran los datos sobre el tutor, que de acuerdo al parentesco, 77.8% fue la madre y 47.7% se encontraba entre los 31 a 40 años de edad (Tabla 1). Respecto a las conductas y los hábitos alimentarios con mayor deficiencia, referidos por los participantes, se encontró que predominó una alimentación poco nutritiva y carente.
Tabla 1 Datos sociodemográficos del participante y el tutor.

Fuente: Cédula de datos personales del participante y el tutor; n= 243
Los detalles se aprecian en la Figura 1. De acuerdo con la clasificación por percentiles, 25.1% de los participantes presentó conducta y hábitos alimentarios deficientes, 48.6% presentó conducta y hábitos alimentarios suficientes y por último sólo 26.3% presentó conducta y hábitos alimentarios saludables.

Fuente: Cuestionario de conductas y hábitos alimentarios
Figura 1 Conductas y hábitos alimentarios más deficientes
Posteriormente se realizó un análisis de correlación entre las variables sociodemográficas de los escolares por medio del estadístico Chi cuadrado y se determinó que la variable sexo, presentó significancia estadística con respecto a la conducta y lo hábitos alimentarios; esto indica que el sexo masculino se relaciona con menores conductas y hábitos saludables (Tabla 2). Posterior al análisis de correlación, se procedió a realizar un análisis de regresión lineal, con el fin de verificar si además de una relación, existía un valor predictivo del sexo sobre la conducta y los hábitos alimentarios; de acuerdo con esto, el modelo presentó significancia estadística, por lo que fue posible comprobar dicho efecto predictivo (F[1-241]= 11.516, p< .01). Los detalles se observan en la Tabla 3.
Tabla 2 Relación entre sexo y edad de los participantes con clasificación de hábitos alimentarios

Fuente: Cédula de datos personales del participante; n= 243
Tabla 3 Modelo de regresión lineal de sexo de los escolares y conductas y hábitos alimentarios

Fuente: Cédula de datos personales del participante; n= 243.
Nota: β= Coeficiente beta; t= prueba t de student; p= significancia estadística.
Por último, para brindar un efecto predictivo más detallado, se realizó un análisis de regresión sobre las diferentes dimensiones del instrumento; esto permitió determinar que los escolares de sexo masculino tienen mayores probabilidades de presentar efectos predictivos sobre múltiples conductas y hábitos alimentarios, como menor preocupación alimentaria.
( β = -2.228, F[1-241]= 13.510,p< .01); menor seguimiento de las indicaciones de salud
( β = -.919, F[1-241]= 4.968, p< .05); menor seguimiento de guías alimentarias
( β = -.637, F[1-241]= 4.087, p< .05); y consumo de alimentos innecesarios
β = -.594, F[1-241]= 5.252, p< .05), ver Tabla 4.
Discusión
El objetivo de este trabajo fue determinar la clasificación de conductas y hábitos alimentarios de estudiantes escolares; los resultados arrojados por este trabajo demostraron algunas deficiencias acerca de algunos hábitos, las cuáles presentan similitud con resultados de investigaciones previas. Un ejemplo es un estudio realizado en México, donde los autores mencionaron que los alimentos que acostumbraban a consumir los escolares después de la comida o por la tarde, como refrigerio, eran preferentemente harinas, azúcares, grasas y frituras (galletas, papitas, productos azucarados, entre otros)23. La similitud radica en que una proporción muy alta de escolares mencionaron que ingerían este tipo de alimentos hasta tres veces al día. Por lo que se observa una consistencia en hábitos alimentarios de esta población en el mismo país.
Así mismo, en el presente estudio se identificó que una gran proporción de los escolares ingerían comida chatarra con mucha frecuencia (5 a 6 días a la semana), este resultado fue similar al de otros investigadores, quienes identificaron que sus participantes tenían un consumo elevado de este tipo de alimentos, dado que los consumían al menos tres veces por semana1; así mismo, otros investigadores encontraron que sus participantes registraron un alto consumo diario de papas fritas y hamburguesas, así como de golosinas dulces y saladas; además de una ingesta diaria de pan durante el almuerzo24, al igual que en la presente investigación, donde la ingesta de pan dulce generalmente fue de tres piezas al día.
Por otro lado, respecto a las tres comidas recomendadas al día, una alta proporción de los escolares del presente estudio indicó que nunca las realiza. Estos resultados se contraponen a los de otro estudio, donde se menciona que los escolares, incluso con obesidad, realizaban las tres comidas principales del día11. Sin embargo, en otro estudio se encontraron datos similares a los del presente, dado que en él se demostró que el consumo de alimentos saludables estuvo por debajo de lo recomendado en las guías alimentarias25. Estos resultados indican que tanto a nivel nacional como internacional, los escolares han realizado deficientes hábitos alimentarios y han hecho caso omiso de recomendaciones nutricionales o guías alimentarias.
Respecto a la clasificación de los hábitos alimentarios, en el presente estudio se pudo observar que la mitad de los escolares presentó conductas y hábitos satisfactorios, sin embargo, los participantes de sexo masculino tuvieron una tendencia a presentar mayores hábitos deficientes y menores hábitos saludables.
Sin embargo, un estudio previo reveló un resultado distinto, donde una proporción de niños muy similar a la del presente estudio, presentaron un nivel nutricional bajo, con diferencias estadísticamente significativas en función del sexo6. No obstante, se puede observar que el sexo también juega un papel importante en las conductas y hábitos alimentarios.
Por otro lado, en un estudio realizado en el estado de Veracruz, por parte del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), se encontró que la mayoría de los hijos de padres diabéticos presentaban hábitos alimentarios deficientes26, lo cual resulta alarmante, si se considera el antecedente familiar, los cuales en conjunto (hábitos alimentarios deficientes y antecedentes heredofamiliares de diabetes) pueden representar factores de riesgo para el desarrollo de una enfermedad crónica. Por último, un estudio reveló que no existían relaciones entre las variables antes mencionadas, lo cual resultó discrepante con respecto a la presente investigación, puesto que el sexo de los escolares se relacionó con las clasificaciones de las conductas y los hábitos alimentarios; así mismo, presentó un efecto predictivo sobre algunas de las dimensiones27.
Conclusiones
Se puede concluir que los hábitos alimentarios de los escolares representan una oportunidad para identificar conductas, mismas que puedan generar factores de riesgo para el desarrollo de complicaciones relacionadas con la nutrición inadecuada desde edades tempranas. Se concluyó además, que este estudio ayudó a identificar que entre el total de los participantes, los que presentan hábitos alimentarios deficientes son una proporción menor; sin embargo, cabe la posibilidad de que ésta incremente, dado que es mayor la proporción de escolares que tienen afinidad por la comida chatarra, las golosinas y alimentos con alto contenido calórico como el pan.
Del mismo modo, se encontró que los participantes masculinos, presentaron las conductas menos saludables, esto indica que son ellos los que representan mayor riesgo de padecer alteraciones de la salud relacionadas con la mala alimentación. Por lo anterior, se recomienda a futuro continuar realizando estudios con poblaciones similares o en otras escuelas de la misma región, con la finalidad de descartar que estos resultados no sean particulares del lugar donde se realizaron, esto permitiría generalizar resultados o en su defecto trabajar de manera particular con cada población de acuerdo a sus necesidades.